Juan David Orjuela, un estudiante de 16 años del Colegio Champagnat de Popayán, obtuvo el puntaje más alto del Icfes entre 154.000 estudiantes.
EL 25 DE MAYO Juan David Orjuela, de 16 años, se levantó a las 5:30 a.m. y como de costumbre, se bañó, desayunó y salió rumbo al colegio que queda a pocas cuadras de su casa. Era un día como cualquier otro pero cuando Juan David se encontró con sus compañeros de grado 11 del Champagnat de Popayán, se dio cuenta de que algo raro pasaba. "Todos cuchicheaban y me miraban de arriba abajo -recuerda- Me sentí como un bicho raro del que todos hablaban, pero no sabía por qué".
Pronto supo la razón: había sacado el puntaje más alto en los exámenes del Icfes, 72,29 sobre 100, que lo convertía no sólo en el mejor estudiante de su departamento sino de todo el país. Vinieron entonces los abrazos y las felicitaciones. "No podía creer que había sido el mejor entre 154.000 estudiantes -dice-. Fue muy emocionante".
De eso ya casi un mes, pero cuando cuenta su historia y muestra con orgullo los cuadernos y libros que lleva en la maleta, su voz delata la emoción que siente al haber coronado con tanto éxito su último año de bachillerato. "En este colegio aprendí todo lo que me quisieron enseñar y hasta más", dice. Y ese más se refiere a valores como la solidaridad que cultivó cuando alfabetizó en un colegio de la vereda El Salvador, Cauca, en donde compartió sus conocimientos con alumnos que con el tiempo se convirtieron en sus amigos. "En estas aulas también aprendí que cuatro manos jalan más que dos", agrega.
Juan David, a quien le dicen Orjuela, es una persona especial no sólo por el alto rendimiento académico, sino por sus maravillosas condiciones personales. Vanessa y Camila, miembros de su parche de amigos, dicen que no sólo es un buen compañero, sino que "no pierde oportunidad para ayudar a los demás". Ambas aseguran que Juan David siempre estaba dispuesto a ayudar, sobre todo cuando encontraba en el pupitre un papelito con un S.O.S: "Estoy jodido, déme la mano con el ejercicio cuarto de cálculo". Orjuela no les fallaba. "Es una gran persona -dice Vanessa-. No me cabe duda de que llegará muy lejos".
Pasión por la lectura
Juan David atribuye a la lectura buena parte de su éxito académico. "Siempre me han encantado los libros, leo todo lo que llega a mis manos y le saco el máximo provecho -asegura-. Todas las obras me aportan algo". No lleva la cuenta de los libros que ha leído porque le interesa más el contenido que la cantidad, pero cuenta que desarrolló el hábito de la lectura desde niño gracias a que su mamá le leía cuentos de Rafael Pombo y lo motivaba a conocer las poesías de José Asunción Silva.
Hoy su biblioteca puede tener fácilmente 300 libros y entre sus preferidos figuran la saga de Harry Potter de J.K Rowling, Ángeles y Demonios de Dan Brown, Querer la Luna de Gemma Lienas, Caramelos de Menta de Carmen Vásquez Vigo, Carmen de Proper Merimeé, Clemencia de Ignacio Altamirano y Memorias de una Geisha de Arthur Golden. "Cada libro tiene su encanto -dice-.
Hay que leerlos todos para ampliar horizontes y adquirir un pensamiento más reflexivo y crítico, pues la educación en Colombia sólo privilegia la memoria. Pero hay que leer por gusto, nunca por obligación, y dedicar sagradamente dos o tres horas diarias a la lectura".
Entre sus libros no sólo se destacan best sellers. En su nómina de autores están Shakespeare, Gabriel García Márquez, Ernesto Sabato y un buen amigo suyo, Bernardo Racamán, matemático de la Universidad de Warwick, Inglaterra, quien le regaló su libro Ciencia explicada de las matemáticas y le pidió el favor de que si encontraba algún error se lo dijera para corregirlo en la segunda edición. "El 'profe' Racamán también sabe que me gustan las matemáticas y piensa que puedo darle una mano cazando errores, pero por ahora no he encontrado ni uno solo", explica Juan David.
Gracias a la lectura también ha enriquecido el vocabulario y ha mejorado la escritura. Hace un año ganó el Premio Nacional de Ortografía de la Organización Hispanoamericana Bien Escrita. Uno de los momentos que más recuerda fue cuando pasó a la ronda final en Gramática por haber escrito en forma correcta la palabra 'abscisa'. "Si no leyera, nunca hubiese dado con la ortografía de esa palabra", afirma sonriendo.
Ahora piensa estudiar Física en la Universidad Nacional de Bogotá y sabe que nunca dejará de leer porque a la lectura le debe en muy buena parte el haber logrado el mayor puntaje en los exámenes del Icfes. "A través de la lectura he conocido cosas que nunca me hubiesen enseñado en el colegio -sostiene-. Así como otros tienen sus métodos para aprender, el mío está en leer: ese es mi simple pero valioso secreto".
Ahora sólo espera el día de su graduación de bachiller, que se llevará a cabo el próximo 29 de junio. Se los dedicará a sus padres, en agradecimiento por la herencia que les dejaron a él y a sus hermanos: el estudio.