Cristian Del Real, quien fuera el niño genio de los timbales, hoy se dedica a la música clásica.
YA NO NECESITA subirse a una tarima especial para tocar los timbales de colores que hace 10 años le regaló Tito Puente. Hoy, con 17 años y 1,65 metros de estatura, ha logrado una calidad artística envidiable.
Por algo en los primeros años los teteros fueron tan importantes como la música con la que nutrió su talento. Cuando apenas caminaba empezó a golpear los cueros y desde entonces su vida ha transcurrido en los escenarios, como parte de la orquesta El Nene y sus Traviesos, dirigida por su padre Víctor. A los ocho años ya había tenido el privilegio de tocar con grandes figuras latinas y por eso muchos anticipaban que se convertiría en una figura de la talla de Puente, el Timbalero Mayor. Sin embargo, para sorpresa de muchos, dejó los timbales y se dedicó al piano y a la música clásica. "Cuando tocaba los timbales no me interesaba el piano, pero desde que me senté frente a uno no he podido ni he querido levantarme", dice.
Y es que lo se hereda no se hurta: la familia Del Real ha vivido de y para la música. Así lo evidencia un viejo y destartalado piano Enssefelder, una verdadera reliquia que ocupa una esquina de la sala de la casa en Cartagena, donde comparte espacio con cuatro bafles y una guitarra, pero en el cual nadie antes de él había tocado una pieza clásica.
Todo comenzó a finales de 2005, cuando terminó el bachillerato y se enfrentó a la decisión de seguir una carrera. Aunque algunos amigos le sugirieron cursar una convencional, con el argumento de que podría tener un mejor futuro económico, tras mucho pensarlo y gracias al respaldo de sus padres, decidió no entrar a la universidad y dedicarse a estudiar música por su cuenta. "Si quieres aprender música en serio tienes que comenzar por conocer el pentagrama", le dijo su padre, quien a pesar de que sólo tuvo un año de estudios musicales es maestro de varios artistas.
Dimensión desconocida
A Cristian sólo le bastó tocar una pieza en el piano electrónico Roland, para que su delirio por los timbales diera paso a la pasión por la música clásica. "Es una sensación que me carcome y que hoy le da sentido a mi vida", asegura. Y su padre sostiene que Cristian "nació con la música y con la misma facilidad con que aprendió a tocar los timbales cuando era un bebé, está tocando ahora el piano".
El recordado timbalerito está dedicado a estudiar historia de la música, a los compositores clásicos -Mozart, Bach, Beethoven...- y a sus intérpretes. "Todo lo que sé se lo debo a mi papá y a mi intuición", sostiene. Su habitación es un mundo de voluminosos textos, discos, videos y partituras de conocidas piezas clásicas bajadas de Internet, regaladas o adquiridas en el limitado mercado local.
Cristian sabe que el talento no es suficiente y que la formación y la disciplina son necesarias. Por eso ha tomado clases con conocidos maestros como Jacqueline Gutiérrez, Amílkar Rodríguez, Patricia Ojeda y la cubana Liz Gutiérrez, y quiere hacer estudios en una escuela de música o en un conservatorio, o si es posible tener un profesor particular. "Aunque me agrada cantar y tocar los timbales, sueño con ser un gran intérprete de música clásica", dice.
El piano electrónico Roland en el que practica no es el más adecuado para sus propósitos y por eso en algunas ocasiones lo hace en el de cola del Teatro Heredia. Algunos amigos aseguran que está poseído por el espíritu del Romanticismo, pues no de otra forma pueden entender que en menos de dos años ya conozca, interprete y componga como un experimentado estudiante de conservatorio. Con una mezcla de timidez y orgullo, y luego de tocar Balada en sol menor de Chopin, Cristian le contó a CAMBIO que ha escrito piezas para piano, entre ellas Delirio de una intriga, Valse a la madre y Obsesión.
En busca de formación profesional se presentó con su padre en el Instituto de Bellas Artes de Barranquilla, pero allí algunos docentes les recomendaron irse con su música a otra parte. "Llévate a tu hijo para otro lado que él sabe mucho más de lo que aquí le podemos enseñar", cuenta Víctor que le dijeron.
Mientras tanto, Cristian sigue una rutina minuciosa. "No le puedo dedicar tiempo a otros estudios", afirma. Como cantante tropical, trabaja en la actualidad con su padre en un primer disco, Recordando el ayer, que incluye canciones de los duros de la vieja guardia como Willie Colón, Héctor Lavoe, Rolando Laserie, Joe Arroyo y Fruko.
Para él no hay contradicción entre su amor por la música tropical y su amor por los clásicos. Al fin y al cabo, la música corre por sus venas. "Lo mío es un don de Dios y quiero desarrollarlo con humildad -asegura-. Y no puedo permitir que se me suba a la cabeza porque terminaría distanciándome del público y eso es lo peor para un artista".
Con información de Germán Danilo Hernández, Cartagena.