A punta de fábulas, el filólogo Eduard Navia ha desarrollado las habilidades en lectura y escritura de los niños de Puerto Tejada, Cauca.
Por José Manuel Reverón P.
LUIS MIGUEL MURILLO, un alumno de Puerto Tejada, una población del Cauca situada a 40 minutos de Cali, llamó la atención de los evaluadores del Icfes porque sacó 70 puntos en Lengua Castellana, una de las mayores calificaciones en esa prueba de competencias. Y les llamó la atención porque en los últimos años han sido muy pocos los alumnos de ese municipio que se han destacado en el examen estatal.
Lo curioso es que el año pasado no sólo Murillo superó el promedio nacional, sino que varios estudiantes de la misma población también lograron colarse entre los mejores Icfes de su departamento y pasaron los exámenes de admisión en varias universidades públicas.
Como era algo inusual en alumnos de uno los municipios más pobres del país, decidieron averiguar a qué se debía ese salto cualitativo y pronto descubrieron el secreto: Eduard Said Navia, un filólogo que por medio de un innovador modelo de desarrollo pedagógico ha logrado que más de 400 niños mejoren sus habilidades en lectura y escritura e incrementen sus capacidades intelectuales.
Oriundo de Puerto Tejada, después de varios años de vivir en Bogotá, hace cinco regresó a su pueblo y encontró que muchos niños tenían problemas de aprendizaje. "Descubrí que no comprendían ni las preguntas que les hacía -dice Navia-. Entonces decidí poner en práctica mi método y hoy ya se ven los resultados".
El método de Navia parte de la base de que los niños lean textos con los cuales puedan identificarse y a los que puedan sacarles provecho. El 'profe', como le dicen en la calle, hizo una licenciatura en Filología e Idiomas con especialización en Español en la Universidad Nacional y su tesis de grado fue un modelo que permite a los jóvenes conectar la literatura con su entorno social. Se trata de un proceso dinámico, de participación, que estimula la curiosidad y despierta interrogantes. "En mi carrera descubrí al escritor guatemalteco Augusto Monterroso y me di cuenta de que la forma corta, satírica y práctica de sus fábulas podía servirme como modelo de aprendizaje -dice-. A partir de ahí desarrollé la metodología que aplico".
¿Cómo opera en la práctica este método? Navia pone a leer a los niños fábulas e historias que les sirven de punto de partida para buscar similitudes con su realidad y que les plantean interrogantes porque las situaciones que describen son similares a las que se presentan en su entorno social y familiar. Navia cita como ejemplo las fábulas de Monterroso, como las de La oveja negra y otras fábulas -La sirena inconforme, El zorro el más sabio y La mosca que quería ser un águila, entre otras-. "Las ponemos en el contexto de Puerto Tejada y empezamos a preguntarnos por qué se presenta el problema y cómo se manifiesta".
Alumnos y profesor trabajan el tema, lo investigan y buscan alternativas de solución. "Este proceso genera en los alumnos estructuras de pensamiento que impulsan la creatividad, el análisis y la interpretación", asegura el filólogo. A simple vista parece sencillo, pero lo cierto es que para que funcione debe haber un gran trabajo de motivación. Si los alumnos se enamoran de lo que leen, sus habilidades para la lectura y la escritura se desarrollan más rápido. "Es un método que les da destrezas y los acerca a la realidad -asegura Navia-. No es leer por leer, es leer por algo y con un sentido social".
El método permite que los niños le encuentren mayor valor a la lectura porque leer, como dice el filólogo, enriquece el espíritu, estimula el deseo de aprender, amplía los horizontes y alienta la búsqueda de salidas a sus problemas y a los de su entorno social. "Los niños se aburrían con la lectura, no le encontraban sentido y creían que estaban perdiendo el tiempo -dice Navia-.
Ahora la ven como algo práctico y útil para sus vidas porque les enseña que los problemas pueden tener solución".
Su método empezó a ser usado en Puerto Tejada, en un valle entre los ríos Palo y Paila, donde la mayoría de sus pobladores son afrodescendientes y las condiciones económicas, sociales y culturales muy precarias. Navia quería devolverle a su tierra lo que había aprendido y por eso decidió poner en práctica su método en el colegio San Pedro Claver. "Tuve el privilegio de estudiar en Bogotá gracias a una beca -cuenta-. Lo menos que podía hacer era enseñarle a mi gente lo que aprendí". Hoy dicta clases en tres colegios del municipio y los fines de semana lleva sus fábulas a los sectores más necesitados.
Mientras miles de profesores y padres en todo el país se devanan los sesos tratando en encontrar formas de impulsar la lectura en los jóvenes, en un país donde los índices dejan mucho que desear, en Puerto Tejada un profesor está demostrando que en las fábulas y en textos que acerquen a los niños a su mundo particular puede estar la clave y el punto de partida para una experiencia sin límites. "La lectura permite descubrir otros mundos -dice el filólogo Navia-. Y en este país de tanta violencia quedan muchos mundos por descubrir".