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NACIÓ EL 3 DE JULIO DE 1950 en la famosa y cinematográfica ciudad de Cannes, en la Costa Azul en Francia. Su nombre es Jean Charles Derien y está regido por el signo de Cáncer que, dicen los que saben, es el de los sentimentales, sensibles y soñadores, pero también de los obstinados.
Jean Charles no fue un niño normal. De hecho, nació con un pie apuntado en la dirección equivocada -un pie chapín, como dirían los bogotanos-, que fue motivo de tristeza para sus padres. Un pie que lo convirtió en centro de las burlas de vecinos y compañeros de colegio. "!Boiteux, boiteux, boiteux!" (¡patichueco, patichueco, patichueco!), le gritaban con crueldad los niños de la cuadra. Un pie por el cual durante su niñez y adolescencia debió someterse a una serie de intervenciones para corregirlo. "Después de 24 operaciones, una gangrena y dos años y medio de hospital, llegué a la conclusión de que eran mejor que me amputaran esa pierna de ternero", cuenta.
Fue así como el 23 de mayo de 1968, a los 18 años, ese joven amante del atletismo perdió su pierna derecha y con ella también la timidez. "Recuerdo que, por fin, compré mi primer par de zapatos, los más caros -recuerda-. Y por fin, pude mirar a las chicas a los ojos sin enrojecerme". Y como también amaba el deporte, se lanzó de lleno a practicar el salto alto. "Lo hacía con mi prótesis", dice.
Sin embargo, su cirujano, al parecer no muy versado en materia de psicología, le dijo que se olvidara de eso. Pero como no hay nada más terco que un mocho, Jean Charles se entregó de lleno al deporte y después de dos años de entrenamiento intensivo, 30 horas a la semana, y gracias a su empeño y obstinación, llegó a ser el campeón del mundo de salto alto para discapacitados. El 3 de julio de 1970, el mismo día en que cumplió 20 años, el increíble Boiteux de la niñez, logró en el estadio de Saint Étienne, sede de los mundiales de atletismo para discapacitados, una marca que envidiaría cualquier ser humano con su dos piernas normales: 1,83 metros. Todo un récord.
Así, con las imágenes registradas por una cámara súper 8 bajo del hombro, Jean Charles se presentó en la clase que dictaba su cirujano y frente a 250 estudiantes de Medicina mostró la magia de su salto. "Nunca le diga a un mocho que no puede saltar", le dijo y recuerda que el médico se echó a llorar y que, ese día aceptó, por fin, su condición de amputado. "Soy un mocho", se repitió y ya no sintió complejo alguno.