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El paraíso en Taganga
Varios años después, con muchas experiencias felices a cuestas, más de 80 viajes por más de 50 países y dos niños a bordo, Jean Charles aterrizó en Santa Marta para dictar en una conferencia de un congreso de reproducción humana, el tema que se había convertido en su trabajo. Y en Colombia se quedó, en las playas de Taganga, por obra y gracia del pícaro Cupido. Se enamoró de una costeña y decidió quedarse en ese paraíso que queda a cinco minutos de Santa Marta. "Voy a hacer un año sabático", se dijo, pero se quedó para siempre.
Un día, viendo televisión, Jean Charles recordó el trauma de su infancia. "Vi a un jovencito de Piedecuesta, Santander, que había perdido las piernas al pisar una mina quiebrapatas -cuenta-. Así fue como nació la Fundación Derecho a Caminar". Con su experiencia, el campeón decidió ayudar a niños colombianos de escasos recursos víctimas de las minas que han sembrado los violentos y en cinco años, la Fundación ha regalado 80 prótesis y financiado las rehabilitaciones. Sin embargo, el comienzo fue amargo. "Me tomó cinco años aprender que un proyecto humanitario sin proyecto económico no funciona -asegura Jean Charles-. Regalar prótesis a niños sin educación y sin trabajo no sirve para nada. Es una desgracia ver a esos niños vendiendo sus prótesis después de tantos esfuerzos. Es necesario un trabajo de rehabilitación integral".
Por eso trabaja ahora en un proyecto-industria cuyo objetivo es fabricar 10.000 prótesis al año, ya que hoy sólo hacen 2.000. "Mi sueño es producir aquí mismo todo tipo de artículos ortopédicos y prótesis para discapacitados con poder adquisitivo, por medio de una franquicia francesa que genere utilidades para poder seguir regalando prótesis a niños de escasos recursos".
El proyecto ya cuenta con el respaldo de algunas empresas colombianas que han hecho convenios con la Fundación Derecho a Caminar, que hoy marcha con pie firme hacia el cumplimiento de sus ambiciosas metas. El sueño de Jean Charles, ese impetuoso y generoso campeón francés que convirtió su trauma de infancia en una oportunidad para ayudar a los demás, acaba de obtener un premio inesperado: una carta firmada por la ex canciller María Consuelo Araújo y el hoy canciller Fernando Araújo, en la que lo invitan a hacerse ciudadano colombiano. Y todo, como dice La Marsellesa, "pour les enfants de la Patrie". Por los niños de la Patria.