Jorge Alberto Barón, quien lleva 32 años siguiendo a 'Pink Floyd' y a cada uno de sus integrantes, no sabe si asistirá al concierto de Roger Waters.
JORGE ALBERTO Barón es la Biblia en lo que se refiere a Pink Floyd, la famosa banda británica de rock. Su disco duro, su memoria, guarda fechas, nombres, lugares, discografía, biografías, letras de canciones, rupturas, conciertos, giras..., todo lo imaginable sobre la banda que ha trabajado los subgéneros de rock progresivo, psicodélico y espacial, la primera que produjo videos y películas musicales a partir de sus trabajos, la misma que en los años 70 vendió más discos en todo el mundo, sólo superada por ABBA.
La banda, que nació el 5 de junio de 1964 a partir de una anterior que usó varios nombres, luego se llamó The Pink Floyd Sound y que finalmente fue sólo Pink Floyd, en homenaje a dos músicos de blues, Pink Anderson y Floyd Council. La misma banda que hicieron famosa Syd Barret, compositor, vocalista y guitarrista de 1965 a 1968; David Gilmour, compositor, vocalista y guitarrista desde 1968; Rick Wright, tecladista, y compositor y vocalista ocasional desde 1965, y quien dejó el grupo entre 1979 y 1987; Nick Mason, baterista, percusionista, compositor y vocalista ocasional desde 1965, y Roger Waters, compositor, vocalista y bajista, y guitarrista ocasional de 1965 a1985. Barón puede recitar, impasible, todos esos detalles de la historia del grupo y de sus integrantes, de sus separaciones, de sus composiciones y de sus conciertos, como si se tratara de grabadora puesta en on. Y es que al lado de la música de Brahms, la de Pink Floyd acapara toda su admiración y afectos.
El amor de Barón por el grupo británico empezó en 1975, cuando apenas era un estudiante de bachillerato en el Instituto Cooperativo Calasancio. Ese año, un amigo que recibía directamente de Estados Unidos todos los buenos discos de rock que salían al mercado, le dejó oír una nueva adquisición: The Dark Side of The Moon (El lado oscuro de la luna), un álbum negro con un prisma y un arco iris en la portada. "La primera vez que lo oímos fue a bajo volumen porque la mamá de mi amigo estaba viendo televisión -recuerda-. Me sorprendieron mucho los despertadores, las cajas registradoras y los demás sonidos novedosos de ese trabajo".
Desde ese momento, la música de Pink Floyd se convirtió en obsesión. Gracias al mismo amigo logró escuchar el célebre Wish You Were Here (Ojalá estuvieras aquí) un par de semanas después de su lanzamiento a finales de 1975 y luego inició una colección sobre la banda cuya primera piedra fue el libro Pink Floyd, de Jean Marie Leduc.
Cuando la disquera CBS -hoy Sony BMG- empezó a prensar en el país los álbumes del grupo, Barón pudo agregarlos a su colección, una colección que hoy consta de decenas de acetatos y libros, 50 camisetas, una chaqueta conmemorativa, 15 películas originales, 20 afiches, 12 gorras y más de 200 discos compactos de la banda, que incluyen registros extraoficiales, conciertos piratas y trabajos de sus miembros como solistas.
Sin tregua
Obligado a interrumpir sus estudios de Sociología por un paro en la Universidad Nacional, Barón fue impulsado por su madre a trabajar. Como se sentía bueno para las letras, le propuso a la Junta de Acción Comunal de su barrio, Ciudad Jardín Norte, hacer un periódico de la comunidad: Ciudad Jardín Hoy. "Fue una lucha sostenerlo porque los líderes comunales sentían que buscar publicidad era dizque venderse al capitalismo -cuenta Barón-. Primero me ayudaban dos amigos, pero al cuarto número me quedé haciéndolo todo yo, como Waters en Pink Floyd".
Con ese fogueo, en 1996 escribió Introducción a Pink Floyd, un folleto que imprimió en fotocopias y al que le pegó fotografías de la banda. "Empecé a ofrecerlo en universidades y colegios pero la indiferencia de algunos me hizo entender que mucha gente le hace el feo a Pink Floyd", dice Barón. Luego empezó a divulgar el folleto por partes en una publicación suya, El diario de Jorge Alberto Barón. "Lo lancé para competirle a El Tiempo -dice sin inmutarse-. Pero hacerlo todo uno solo es muy difícil". Y como no se da tregua este año piensa lanzar, también en fotocopias, una tercera edición de su Introducción a Pink Floyd.
Alguna vez Gustavo Gómez, hoy director del programa Hoy por hoy de Caracol, publicó en Cromos una nota sobre Barón, que esperaba respuesta por parte de fanáticos de la banda. Hoy conserva lo que él llama "74 cartas llenas de secretos", que le enviaron personas interesadas en pertenecer al Círculo Internacional de Conocedores del Sonido de Pink Floyd, un club de fanáticos que no prosperó, pero que Barón no pierde la esperanza de revivir con ayuda de Internet.
Tanto fanatismo por Pink Floyd permiten pensar que Barón está feliz como el que más por la visita de Roger Waters a Bogotá este 9 de marzo. Sin embargo, no expresa emoción alguna y eso que dos días después del concierto se conmemoran 40 años del lanzamiento del primer sencillo de la banda, una banda que para Barón siempre será un grupo de cinco al que le ha invertido en 32 años "más de 10 millones de pesos en compra de discos y de merchandising legal". Y remata Barón: "Si hubiera justicia en este mundo, el mismo Roger Waters tendría que haberme invitado al concierto".
Barón aun conserva la esperanza de que algún medio de comunicación le expida una credencial para asistir al concierto y estar cerca del ex bajista de la banda. "Si no se puede, pues igual escucharé el concierto desde afuera", dice. Para prepararse, desde hace tres semanas está oyendo a Roger Waters. Quiere sentir su música, así sea desde el lado oscuro de la luna.