La Iglesia bajo amenaza

El obispo auxiliar de Medellín, monseñor Víctor Manuel Ochoa, recibió amenazas de muerte.

El obispo auxiliar de Medellín, monseñor Víctor Manuel Ochoa, aún se pregunta cuál fue su pecado para  que desconocidos le enviaran la semana pasada una amenaza de muerte camuflada en una caja empacada como regalo de Navidad. En ella había seis balas, un panfleto que lo conminaba a salir de la ciudad, una foto del obispo Isaías Duarte asesinado el 17 de marzo de 2002, y recortes con frases del prelado asesinado.

Luego de evaluar el caso con el Nuncio Apostólico, Aldo Cavalli, la Conferencia Episcopal y la Policía, la decisión fue  que debía abandonar la ciudad. Nadie se explica el porqué de las amenazas o quiénes están detrás, pues el Obispo lleva 10 años dedicado a ayudar a la gente y a construir un clima de paz.

Su caso no es el único. Según el más reciente informe de la Conferencia Episcopal, otros 16 obispos han recibido este año amenazas de muerte, y entre 1984 y 2009 han sido asesinados dos obispos -Bernardo Jaramillo e Isaías Duarte-, 68 sacerdotes, ocho religiosos y tres seminaristas, y los crímenes están en la impunidad.

Monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario de la Conferencia,  dice que "están silenciando a los que están poniendo el dedo en la llaga de los problemas del país". Y esas llagas son corrupción, narcotráfico, guerrilla, bandas paramilitares, asesinatos, masacres, desapariciones... "Son temas sobre los que no puede hablarse en las homilías -dice Monseñor-. Condenar, cuestionar o simplemente mencionar cualquiera de esos temas ha significado la muerte, el destierro o amenazas".

Entre los obispos amenazados figuran el obispo de Cúcuta Jaime Prieto y el de Engativá Héctor Gutiérrez Pabón, que se caracterizan por hablar duro.  "Las amenazas han sido de siempre -asegura monseñor Pabón-. Cuando estaba en Chiquinquirá, un guerrillero me dijo que me cuidara porque el comando me tenía 'planillado' para asesinarme".  Monseñor Prieto, por su parte, asegura que "la lista de amenazas es interminable".

También están bajo amenaza 48 sacerdotes y ocho religiosos. Han recibido panfletos, llamadas telefónicas o amenazas directas de hombres armados al final de misa. A otros les han dejado mensajes en los celulares o los envían con la gente. Algunas parroquias han tenido que cerrarse por amenazas a los párrocos. "Es una censura contra nuestro ejercicio", dice uno de ellos. 

Las zonas más peligrosas para la labor pastoral son el sur de Bolívar, Valle, Córdoba, los Llanos Orientales, Norte de Santander -sobre todo en Catatumbo- y, por ejemplo, el año pasado los párrocos de Tiquisio y Regidor, sur de Bolívar, recibieron amenazas de las Águilas Negras. 

Pero no solo los grupos armados son un peligro para los párrocos. También las bandas de delincuencia que roban la limosna, imágenes sagradas, copones y hostias. Ha sucedido en Huila, Caquetá, Cauca y Bogotá.  "Las amenazas son una muestra de intolerancia y un reflejo del conflicto del país -remata monseñor Córdoba-. Nadie se salva de esa mordaza".