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Este año la percepción de inseguridad aumentó en las principales capitales y en muchas ciudades intermedias y, para completar las alertas, estudios recientes indican un deterioro insospechado y hasta un cerco neoparamilitar a Bogotá, todo lo cual ha llevado a evaluaciones sobre criminalidad urbana y presencia de grupos armados irregulares: 'neoparas', milicias, guerrillas o mafias.
¿Son exagerados los diagnósticos? ¿Han fracasado las políticas de seguridad urbana o los efectos urbanos de la seguridad democrática? Hay elementos para pensar que se requieren nuevas estrategias frente a la criminalidad, que hay mutaciones en el impacto del conflicto armado y de la criminalidad organizada en las ciudades, pero también que hay un contagio de alarmismo que llega incluso a la academia.
¿Cuál es la realidad de la violencia urbana? El indicador más general es la tasa de homicidio y las estadísticas nacionales indican una disminución sostenida en los últimos años: de 42,2 x 100.000 habitantes en 2005 a 32,7 x 100.000 habitantes en 2009. Exceptuando a Medellín, con incrementos notables desde hace tres años, en las grandes capitales la tasa de homicidio común ha seguido disminuyendo, aunque mantiene cifras muy altas, sobre todo en Cali.
Las tendencias en Bucaramanga, Barranquilla y Bogotá son a la baja y las tasas se sitúan por debajo de la media nacional y alrededor del 60 por ciento de las registradas en 2005. Pese a un panorama de continuidad de conflictos armados, estas cifras ubican a Bogotá como una de las ciudades de baja violencia entre las metrópolis del subcontinente, en comparación con Ciudad de México, Caracas, Río o San Salvador.
En cuanto a las bandas organizadas, como las que se dedican al robo de vehículos o de residencias, las tasas han decaído en los últimos años en Bogotá y Barranquilla, y han aumentado en Medellín. Y las tasas de lesiones personales y de hurto son decrecientes en las grandes ciudades mencionadas, excepto en Cali y Barranquilla donde han aumentado.
¿Por qué, entonces, si ha disminuido la violencia urbana aumentan las discusiones sobre la inseguridad y algunos sostienen que estamos casi al borde del colapso? Son las paradojas del miedo que ha hecho carrera en las sociedades actuales. Pensando en estas contradicciones, representantes de 24 ciudades en el II Foro Iberoamericano sobre Seguridad Ciudadana (Barcelona, 2008), señalaron que "el sentimiento de inseguridad crece de manera progresiva, incluso cuando se reducen las tasas de crimen".
La sensación de inseguridad no es solo una psicosis colectiva, pues no solo siguen siendo altos los índices de delincuencia común, sino que se presentan recomposiciones de grupos armados irregulares en el entorno de las grandes ciudades y en zonas que concentran actos violentos y actividades criminales de diverso tipo de grupos armados organizados o de sus redes de apoyo.
Las percepciones ciudadanas se alimentan de hechos frecuentes o esporádicos en las ciudades, promovidos por grupos armados o de crimen organizado con vasos comunicantes entre sí. En el último año, en casi todas las capitales proliferaron amenazas en barrios y localidades: panfletos, "limpieza social" y campañas de reclutamiento.
En Medellín, coinciden autoridades y académicos, han resurgido bandas alimentadas por el narcotráfico y otros negocios ilícitos que heredaron estructuras fragmentadas del periodo de ascenso de 'don Berna', y por el reciclaje de mandos medios que no se desmovilizaron o de otros que reincidieron en forma permanente u ocasional. En las nuevas circunstancias de posdesmovilización de las grandes estructuras narcoparamilitares, la delincuencia común y el crimen organizado han aumentado su capacidad de acción armada y la oferta de servicios a redes de alcance nacional o internacional.