El 16 de julio, María Estrella Rey empezó a ver que su sueño de construir un edificio de cuatro pisos en Fontibón se hacía realidad: le habían aprobado la licencia de construcción. Comenzó entonces a demoler la vieja casona que sería reemplazada por la nueva edificación, pero a los 15 días, debido a las quejas de los vecinos por el ruido y los escombros que obstruían la calle, la Alcaldía local ordenó suspender las obras por dos meses mientras la Curaduría No. 2 modificaba la licencia.
Pasados los dos meses, cuando el curador No. 2 Álvaro Ardila -presidente de la Corporación de Curadores de Bogotá- vio la licencia modificada que supuestamente había expedido su despacho, se dio cuenta de que era falsa (ver facsímile en recursos relacionados). Situación similar a la de Rey vivió Octavio Prieto, interesado en montar un taller de revisión tecnicomecánica de motos en la calle 72 con carrera 96. Con la ayuda de un intermediario obtuvo una licencia de la curadora No. 4 Nohora Cortez Cuéllar que también resultó falsa.
Como estos hay varios casos de falsificación que descubrió la Corporación de Curadores Urbanos de Bogotá en desarrollo de una evaluación de las licencias. Según la Corporación, este año la falsificación ha crecido 30 por ciento en relación con el año pasado. Las localidades más afectadas son Fontibón, Engativá, Santa Fe, Suba y Ciudad Bolívar. "Las personas que hacen este tipo de fraudes generalmente ponen sus ojos en los constructores más pobres que desconocen los trámites, y en gente incauta que se deja meter goles", le dijo Ardila a CAMBIO.
La calidad de las falsificaciones es muy alta y es difícil detectar la falsedad de los sellos pero, señala Ardila, "por lo general las firmas son precarias y eso permite detectar el fraude". Además, en algunos casos las licencias aparecen expedidas por curadurías que no existen. "A pesar de esos errores -afirma el curador-, es evidente que se trata de personas que conocen el negocio".
Con base en 30 casos de licencias falsificadas, la Corporación estableció cómo se mueven los falsificadores. En general, utilizan un tramitador para que les ofrezca a personas que quieren construir en sus predios, planos de arquitectos e ingenieros conocidos y les prometen tramitar las licencias en poco tiempo.
En caso de que tengan ya licencias pero las alcaldías exijan modificaciones, ofrecen hacer los trámites. En estos casos, hacen los cambios en formatos idénticos a los originales y falsifican la firma del curador. También se presentan falsificaciones de las resoluciones de urbanismo que expiden las curadurías para grandes proyectos de urbanización. Los falsificadores cobran sumas que van desde 50.000 pesos hasta cinco millones según el caso.
Para la Corporación de Curadores, la proliferación de licencias falsificadas se debe a que las alcaldías locales, que reciben inicialmente las solicitudes, carecen del personal y la infraestructura necesaria para atender la creciente demanda. "A las alcaldías llegan 300 solicitudes mensuales y no están ejerciendo el control", dice la Corporación. Este año han radicado 8.000 solicitudes de licencia de construcción, de las cuales han sido aprobadas 6.500. ¿Cuántas son falsas? La Corporación lo ignora pero advierte que el fenómeno está disparado por falta de políticas claras de control urbano. Las alcaldías locales tienen la responsabilidad de corregir el problema.
Un capítulo más de las intercepciones a teléfonos del magistrado Iván Velásquez. Lea la historia.