'No quería una película de gánsters', Nicolás Entel

Nicolás Entel autor del documental. Sebastián Marroquín (Juan Pablo Escobar) conserva fotos inéditas con su padre Pablo Escobar. Fotos: Red Creek Productions y Sebastián Marroquín

De 34 años y desconocido hasta ahora en Colombia, Nicolás Entel estrenó hace dos semanas en Argentina  el documental Pecados de mi padre, la historia de Juan Pablo Escobar, hijo del jefe del cartel de Medellín Pablo Escobar, y quien hoy vive bajo el nombre de Sebastián Marroquín. Cinco años duró la realización y en Colombia será presentado el 10 de diciembre. El documental ha sido exhibido en varios países y ha merecido comentarios en medios como Newsweek, Time y Screen Daily.

CAMBIO: ¿Por qué un argentino termina haciendo un documental sobre el hijo de Pablo Escobar? ¿Cómo surgió la idea?

Nicolás Entel: Un amigo colombiano me sugirió hacer un documental sobre Pablo Escobar y se me ocurrió la idea de contar la historia desde el punto de vista de su único hijo, Sebastián Marroquín, de quien yo entonces solo sabía que tenía más o menos mi edad y que vivía en Argentina. Ese mismo día se me ocurrió juntarlo con los hijos de sus víctimas más prominentes, Rodrigo Lara y Luis Carlos Galán.

¿Por qué reunir a los hijos de las víctimas con el hijo del victimario? ¿Con qué propósito?

Como cineasta me interesaba contar la historia desde un punto de vista contemporáneo, traer un pedazo de la historia cuyas consecuencias siguen viviéndose hoy.

¿Cómo logró que Escobar regresara a Colombia y que se diera ese encuentro?

Fueron cinco años de insistencia. Sebastián me había dicho que jamás se atrevería a regresar a Colombia. Por eso comencé la filmación en Ecuador, en la frontera, en el mismo puente por el que hace una década el protagonista dejó su país. A los pocos meses, Marroquín les escribió una carta a los Galán y a Rodrigo Lara, quien lo visitó en Argentina y empezó un contacto que se ve en el documental.

¿Por qué el interés en un tema tan sensible para los colombianos?

Porque sabía que era un tema sensible para los colombianos no quería hacer una película de gánsters y por eso intenté hacerlo con el triple de respeto que el que pudiera haber tenido con cualquier otro tema. Creo, incluso, que Rodrigo Lara y los hermanos Galán, Fidel Cano, Simón Gaviria y Andrés Villamizar (víctimas de Escobar) premiaron de alguna forma mi respeto.

La historia de Escobar, contada en cientos de libros, películas, documentales,  periódicos, ¿qué faceta distinta muestra en su documental?

En la mayoría de las películas y documentales sobre Escobar encontré muchos errores biográficos, de fechas, y hasta distracciones que no entiendo. Asumí la investigación en forma muy seria y logré hacer casi un thriller político, no una historia de gánsters. Hay material de archivo nunca visto: cientos de fotos, casetes, cartas y películas.

¿Y cómo lo hace?

Este documental tiene dos estructuras narrativas. Una es biográfica de Pablo Escobar, en el que me concentro en el triángulo Escobar-Galán-Lara. La segunda es más contemporánea y muestra en quién se convirtió el hijo de Escobar y sus intentos para contactar a las víctimas más prominentes de su padre y las respuestas de ellas.

¿Y para usted quién es hoy el hijo de Escobar?

Un ser humano que vivió expuesto a lo peor de la violencia, que tardó 16 años en romper su silencio, que hizo dos carreras universitarias y se casó.

¿Qué pesa más en el hijo de Escobar, el amor por su padre o la culpa por el daño que causó su progenitor? 

De alguna forma, Sebastián separa claramente al padre con el que compartió momentos de afecto y amor, del hombre que le hizo tanto daño a Colombia. Él no niega ni intenta tapar esto. Y pasa algo interesante: cuando habla de los recuerdos buenos se refiere a Escobar como su papá, y cuando habla del daño lo llama "ese señor". Lo único que dice es que no le pidan que deje de quererlo porque Escobar siempre será su padre.

¿Cuándo deja Sebastián de ver a su padre como un ídolo?

Él cuenta que fue un proceso gradual, que las primeras memorias que tiene de su padre son cuando lo acompañaba a la inauguración de canchas de fútbol que donaba o a actos políticos donde era recibido como un héroe, y que a partir del primer enfrentamiento con Rodrigo Lara, ya su padre metido en política y en el Congreso, poco a poco empezó a ver la otra cara. El choque llegó con el asesinato de Rodrigo Lara y con la salida del país a Nicaragua y Panamá donde fue muy infeliz.

¿Por qué dice usted que el documental es políticamente correcto?

Porque no busca el escándalo, ni la denuncia. Hice la investigación y encontré materiales comprometedores para algunos políticos del pasado y decidí no utilizarlos porque me pareció más importante el mensaje de perdón. El gesto de estos chicos fue de enorme pureza con muchos significados.