De castaño a oscuro

Las Fuerzas Armadas de ambos países aumentaron la presencia en la zona fronteriza, luego de la muerte de 11 colombianos y dos militares venezolanos. Foto: Reuters

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La crisis en las relaciones entre Colombia y Venezuela está pasando por su peor momento, y el nuevo capítulo sobre un supuesto complot para desestabilizar al gobierno de Caracas orquestado desde Colombia, se suma a una ya larga cadena de incidentes que, por su efecto acumulativo, plantean un escenario prácticamente prebélico que podría comprometer la estabilidad de la zona fronteriza.

Desde cuando empezó la crisis diplomática, es la primera vez que voceros autorizados del Gobierno venezolano, como el ministro del Interior Tarek Al Aissami, el principal lanzafuegos de Chávez contra Uribe, da por cierta la versión según la cual los 11 jóvenes asesinados -entre ellos nueve colombianos-, en El Chururú, municipio de Fernández Feo, estado de Táchira, pertenecían a grupos paramilitares que hacen presencia en la zona. Como respuesta, la Cancillería colombiana emitió un comunicado en el que calificó como grave la situación en la frontera y descartó, por inaceptable, la tesis venezolana de que el Estado colombiano no combate con determinación la criminalidad y el terrorismo. El presidente Uribe reaccionó y dijo: "Colombia es un país que combate todas las expresiones del crimen, sean guerrillas, paramilitares o narcotraficantes, ha avanzado mucho con un concepto de seguridad democrática e imparcial".

Pero las autoridades venezolanas no dan tregua y aparte de los señalamientos al Gobierno colombiano por el  espinoso episodio de los jóvenes, aún sin aclarar, el ministro Al Aissami sumó un ingrediente nuevo a la teoría del complot: anunció que tenía en su poder a cuatro colombianos que supuestamente estaban espiando en territorio venezolano y mostró ante la Asamblea Nacional documentos reservados del DAS según los cuales el organismo había hecho  operaciones de Inteligencia sobre Venezuela, Cuba y Ecuador. El anuncio lo hizo horas antes de que Colombia y Estados Unidos firmaran el controvertido acuerdo de cooperación militar para el uso de siete bases por parte de personal militar y contratistas estadounidenses, que tanta crispación produce en Caracas.

La tensión subió aún más el fin de semana pasado, cuando dos miembros de la Guardia Nacional venezolana fueron asesinados por pistoleros no identificados en el Táchira. De inmediato, el gobierno de Chávez ordenó el cierre de la frontera, decisión que fue obstáculo para que cientos de comerciantes colombianos intentaran cruzarla para llegar a San Antonio y Ureña. "Nuestras patrias no pueden ser divididas, no pueden ser separadas -dijo Uribe-.

No construiremos un Muro de Berlín que nos separe de Venezuela".

El martes 3, el ministro Aissami volvió sobre el asunto del espionaje y el supuesto complot y aseguró que el DAS espiaba las actividades de la Fuerza Armada Bolivariana y los movimientos de altos funcionarios del Gobierno. La Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional expidió una declaración en la que condena las supuestas actuaciones ilegales del DAS, porque "atentan contra la seguridad nacional, la soberanía y son violatorias de los principios del Derecho Internacional".

Desviar la atención

Chávez ha vuelto a desempolvar la estrategia de identificar un enemigo externo para concitar apoyo interno, en momentos en que los venezolanos están sometidos a racionamientos de agua y luz, y crece el descontento. Esta situación se refleja en las encuestas, que registran una caída de la popularidad del Presidente: 38 por ciento frente al 65 por ciento de 2006. Pero, además, la teoría del complot sirve para sacarle el quite a graves señalamientos en el sentido de que el 80 por ciento de los vuelos ilegales detectados por los satélites que monitorean el espacio aéreo del Caribe salen de territorio venezolano. El mandatario considera que hace parte del entramado creado por Colombia y la CIA en su contra.

Como si el cúmulo de problemas no fuera suficiente, Chávez tiene que hacer frente a la oposición que lo acusa de no actuar contra las guerrillas colombianas. Por ejemplo, el antichavista César Pérez, gobernador del Táchira, asegura que cuatro de los siete municipios del estado están tomados por grupos ilegales compuestos por más de 2.000 hombres que tienen campamentos en la zona. "Actúan de manera abierta, a la luz del sol, pasan por carreteras en grupos de 80 y de 100, caminando -dice Pérez-. Todo el mundo los ve, todo el mundo tiene que pagarles y someterse a su autoridad". En los últimos tres meses, después del secuestro del comandante de la Guardia Nacional de Rubio, capitán Henry Ramírez Cáceres, los grupos ilegales aumentaron su presencia en la zona fronteriza.

Analistas consultados por CAMBIO consideran que la situación entre Colombia y Venezuela está pasando de castaño a oscuro. Desde finales de julio, las relaciones diplomáticas entre los dos países están congeladas y la razón fundamental es el acuerdo de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos, que el gobierno de Chávez considera una amenaza para Venezuela y en general para la región. El mandatario cree que la intención de Estados Unidos es espiar a Venezuela e impedir la expansión del "Socialismo del siglo XXI" en el continente. No en vano ha fortalecido sus relaciones con Cuba y los países del Alba como una alianza estratégica para enfrentar el poder de los Estados Unidos.

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