Escépticos como Enrique Peñalosa dicen que para adelantar el Plan hace falta plata, voluntad política y gerencia. Vea gráficos de cómo se vería el sector.
La Empresa de Renovación Urbana, ERU, terminó la semana pasada de hacerle los últimos ajustes al Plan Zonal del Centro, el proyecto de la Alcaldía de Bogotá cuyo objetivo es transformar el corazón de la ciudad, que se ha convertido en un lugar de población flotante -1,5 millones de personas entran y circulan por allí diariamente-, mientras en las noches solo quedan 250.000 porque las condiciones para habitarlo no son atractivas. "El proyecto va desde la calle 1ª hasta la 39, entre la Circunvalar y la 30, y ya no tiene reversa -asegura Néstor Eugenio Ramírez, gerente de ERU-. La idea es arrancar lo más pronto posible".
La apuesta es ambiciosa y obedece a la tendencia mundial de densificación y recuperación del Centro. Se trata de hacerle un cambio extremo a las zonas más deprimidas de Teusaquillo, Santa Fe, La Candelaria y Los Mártires, con una inversión de 300.000 millones de pesos en los próximos cuatro años, y de comprometer en la transformación al sector privado que, según cálculos de Ramírez, podría invertir 800.000 millones adicionales.
Los dos objetivos principales del Plan son lograr que cerca de 250.000 personas vayan a vivir en esos sectores, y mejorar la calidad de vida de los que hoy viven allí. "Vivir en el Centro es mucho más barato que hacerlo en el norte porque ya tiene todas las redes de servicios públicos instaladas, mientras en el norte hay que hacerlas nuevas y eso aumenta el costo de vida -explica Ramírez-. Además, vivir cerca del lugar de trabajo disminuye considerablemente los tiempos de desplazamiento". No obstante el entusiasmo de Ramírez y de la administración de Samuel Moreno en general, hay escépticos que recuerdan que el Plan viene discutiéndose desde hace años y que sus avances no han sido los esperados. "Los políticos son expertos en hablar pero al momento de actuar es poco lo que hacen -sostiene el ex alcalde Enrique Peñalosa-. Creo, además, que para adelantar el Plan hace falta plata, voluntad política y gerencia. Necesitamos menos anuncios y más resultados".
Por otra parte, atraer inversionistas privados a zonas deprimidas no es tarea fácil por los riesgos que implica. "El papel aguanta todo, pero mientras no veamos los avances en el Centro es muy difícil que los privados nos metamos en algo que puede ser una ruleta rusa", le dijo a CAMBIO un constructor.
Por lo pronto, y pese al escepticismo de algunos, la Alcaldía tiene la intención de echar a andar el Plan cuya ejecución está planeada para 30 años. Por algo se empieza si de lo que se trata es de poner a Bogotá a tono con los tiempos.