El 29 de mayo pasado un comando urbano de las Farc entró a una población y asaltó a sangre y fuego una entidad de orden municipal. El escenario fue la sede del Concejo de Garzón, Huila, donde el grupo armado quiso secuestrar a diez concejales que sesionaban en ese momento, pero que, ante la reacción de la Fuerza Pública, únicamente se pudo llevar uno solo: Jorge Armando Acuña, presidente de la corporación.
Dos meses antes, el 21 de marzo, la misma agrupación secuestró en Miraflores, Guaviare, al policía Francisco Aldemar Franco, de 34 años de edad, después de salir vivo de un campo minado en esa zona del oriente del país.
Algunos analistas concluyeron, a partir de estos dos hechos, que las Farc habían retomado la iniciativa del secuestro, y que la amenaza revivía. Pero las cifras indican que la Fuerza Pública ha tenido éxito en combatir este flagelo. El solo hecho de que las Farc no hayan logrado plagiar al número de concejales que se proponían en Garzón, indica que su capacidad para secuestrar no es la misma que hace diez años y que este delito ha perdido impacto en los índices de criminalidad frente a otras conductas como el homicidio ligado al sicariato, los hurtos callejeros, los robos a residencias y los asaltos de distinto tipo a entidades financieras.
Los números de la Policía y del Fondo Nacional para la Defensa de la Libertad (Fondelibertad) revelan que del 1º de enero al 31 de julio de este año los secuestros disminuyeron en 63%, al pasar de 299 casos en el mismo período de 2008 a 110 este año.
El informe evidencia que la tendencia a la baja viene de años atrás. Por ejemplo, mientras que en 2003, época en que los grupos armados como las Farc o los paramilitares tenían más control territorial, el secuestro rondaba los 2.121 casos y en 2004 la suma alcanzaba los 1.440, el año pasado el número de plagios cayó a 437: 1.684 casos menos en cinco años.
Las ciudades y departamentos más susceptibles a este fenómeno continúan siendo Bogotá, Medellín, Meta y Tolima. Se trata de regiones que, de alguna manera, mantienen la presencia de grupos asociados al narcotráfico, al sicariato, a las bandas emergentes y la delincuencia común que están al servicio de la guerrilla.
Polémica
Pero mientras las cifras oficiales revelan un decrecimiento, el panorama optimista que las autoridades quieren proyectar contrasta con las cifras que indican un incremento en el número de extorsiones en todo el país y -sobre todo- con la percepción que tienen las organizaciones no gubernamentales que luchan contra este flagelo, que desconfían de las cifras oficiales.
Voceros de la Fundación País Libre aseguran, por ejemplo, que nadie sabe a ciencia cierta cómo se depura la información de Fondelibertad porque se trata de un ejercicio que las entidades oficiales manejan a puerta cerrada. La duda de País Libre radica en el hecho de que mientras las autoridades hablan de disminución, su entidad recibe decenas de denuncias por desaparición y secuestro.
"Para poder creer en dicha disminución, las entidades oficiales deberían explicarnos cuál es la metodología empleada -dice Olga Lucía Gómez, directora de esta fundación-. Esto le da más transparencia y mayor credibilidad".
Otra visión del tema tiene el experto en materia de seguridad Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia. Según él, las cifras son contundentes y se sustentan en el hecho de que la Fuerza Pública ha logrado doblegar a organizaciones como el Eln y las Farc, consideradas las mayores secuestradoras del país. Rangel añade, sin embargo, que en ciudades donde aún prevalece el delito, la guerrilla ha logrado conservar frentes asociados a bandas especializadas en secuestro.
Por su parte, el director de la Policía, general Óscar Naranjo, asegura que existen cuatro razones para sostener que la Fuerza Pública le está ganando la guerra a las bandas de secuestradores. "Le quitamos el control territorial a los delincuentes, rompimos los corredores de movilidad y mejoramos la inteligencia para identificar los grupos", dijo el oficial.
"Las cifras son serias y contundentes"
General, Óscar Naranjo
director de la Policía.
CAMBIO. ¿Cuál es la explicación para que el secuestro haya disminuido de manera significativa?
Óscar Naranjo. Son estrategias que han funcionado muy bien como el control territorial, el haber roto los corredores de los secuestradores, haber mejorado la inteligencia para identificar grupos como Los Calvos o los R-15, especialistas en secuestros, y haber fortalecido los grupos Gaula de Ejército y Policía.
¿Cuáles son los departamentos que conservan el fenómeno en mayor nivel?
Meta, Tolima, Arauca y un sector de Antioquia en el que las bandas asociadas al narcotráfico mantienen ajustes de cuentas. Allí estamos trabajando.
¿Es cierto que la calidad del secuestrado ha cambiado?
Sí, hoy se habla de secuestros de pequeños comerciantes y transportadores en áreas rurales. El secuestrador busca que su víctima no tenga visibilidad social ni pueda denunciar. Además, los secuestros de hoy son por bajos montos y por tiempos muy cortos.
Aunque reconoce que hay disminución en las cifras, País Libre duda de la metodología en las estadísticas...
No es mi oficio controvertir a País Libre. Las cifras están soportadas en denuncias ante la Fiscalía. De lo que estoy seguro es que las estadísticas son serias y contundentes y hacen parte de una metodología desarrollada por Fondelibertad.