Sábado 23 de mayo, 9:00 p.m. Una ambulancia fluvial que se desplazaba por el río Atrato entre Riosucio y San Jorge (Chocó) fue interceptada por dos encapuchados que remataron a un ganadero de 51 años que era trasladado a Turbo con una herida de bala en la cabeza. De nada sirvieron los ruegos de la enfermera que llevaba al herido, ni la exigencia de respeto por la misión médica del capitán de la embarcación.
Cinco días antes, en la carretera entre El Tarra y Tibú (Norte de Santander) varios hombres que se identificaron como efectivos de las Farc detuvieron una ambulancia en la que era movilizado un hombre con una herida de bala en el abdomen y lo asesinaron. Lo acusaron de pertenecer a las Auc. El médico y la enfermera que iban con él fueron amenazados y pocas horas después del incidente tuvieron que salir de la zona.
Estos dos hechos, ocurridos en menos de una semana en lugares opuestos del país, son solo una muestra de los ataques generalizados a misiones médicas.
El Ministerio de Protección Social tiene registrados 12 ataques este año, pero sostiene que hay subregistro. "En algunas regiones, el personal médico y sanitario ha sido obligado a guardar silencio bajo amenaza de muerte", dice Luis Fernando Correa, coordinador de Emergencias del Ministerio.
La mayoría de los casos se han presentado en Arauca, Antioquia, Caldas, Córdoba, Caquetá, Chocó, Nariño y Norte de Santander: ataques a médicos y enfermeras, asesinatos a pacientes en hospitales o en ambulancias, robos de medicamentos... Los responsables: las Águilas Negras y las Farc, que en algunos casos obligan al personal de salud a atender pacientes.
Esto explica por qué en algunas zonas del norte del país no pueden realizarse programas de vacunación y es prácticamente imposible llevar medicamentos para atención general y de urgencia, o prestar servicios de odontología.
"Necesitamos vacunar a la población de muchas zonas rurales, máxime cuando hay un brote fuerte de malaria, pero los grupos armados no entienden la razón de ser de nuestra profesión", le dijo a CAMBIO un médico de la zona.
La guerra entre guerrilla, narcotráfico y Águilas Negras está metiéndose en los hospitales más pobres y aunque no es un fenómeno nuevo, los médicos señalan que se ha vuelto recurrente y que muchos han tenido que dejar sus cargos por amenazas.
"Nos están poniendo sobre la espalda la responsabilidad de decidir quién vive y quién no, casi nos exigen que resucitemos a los muertos -afirma un médico que está amenazado-. En algunas zonas de Córdoba, por ejemplo, las misiones médicas tienen que pedir autorización a los paramilitares para atender pacientes, pues sin ese permiso no se puede circular".
La situación en el sur no es distinta. En Nariño, según las autoridades locales, los ataques contra misiones médicas aumentaron 70 por ciento con respecto al año pasado. También se presentan saqueos a los hospitales por hombres armados, amenazas al personal médico y de enfermeras, y "secuestros" de médicos a quienes se llevan para atender heridos.
"Me formé para salvar vidas humanas, no para decidir quién vive o quién muere -dice un médico que se vio obligado a abandonar su trabajo-. Con un paciente que está desangrándose no se puede pensar en el bando al que pertenece, lo que menos importa es el uniforme que lleva puesto".
En Arauca, hay médicos que cuentan que han tenido que operar o atender heridos con un arma apuntándoles en la sien. "Solo pedimos que entiendan que nos formamos para servir a la comunidad -dice uno de ellos-. En un quirófano no pensamos en nada más".
Por su parte, conductores, enfermeras y paramédicos encargados de las ambulancias, sostienen que la cruz que llevan las vehículos para identificarse, más que reafirmar su neutralidad las convierte en blanco de los violentos.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) documentó 35 casos de infracciones cometidas contra misiones médicas en 2008, y en los últimos seis meses ha registrado 19 ataques.
Según Pierre Hofer, coordinador de Salud del CICR, "las principales infracciones son amenazas individuales, privación de libertad de personal de salud, obstrucción a la atención de heridos y enfermos, y el acceso de la población civil a los servicios de salud, y ataques directos a unidades médicas o personal de salud". Una demostración más de la degradación a la que ha llegado el conflicto.
Ataques en 2009
12 de enero, Florencia (Caquetá)
Las Farc atacaron una misión médica del hospital San Rafael y el ICBF que se desplazaba a Campo Hermoso. Dos miembros de la misión murieron y tres resultaron heridos.
23 de febrero, Tumaco (Nariño)
John Vatoja y Alfonso Godoy, trabajadores del hospital San Andrés, resultaron heridos en un atentado con granada.
3 de marzo, Quibdó (Chocó)
Las Farc retuvieron a una misión médica del hospital Ismael Roldán y obligaron al los médicos a atender a los combatientes durante dos días.
27 de marzo, La Unión (Nariño)
Una ambulancia del hospital Eduardo Santos fue atacada por seis hombre armados que dispararon en repetidas ocasiones. No hubo muertos ni heridos.
Marzo-abril, Tierralta (Córdoba)
En varias ocasiones, paramilitares obstaculizaron misiones médicas que hacían jornadas de vacunación.
3 de abril, Manizales (Caldas)
Las Águilas Negras amenazaron a médicos, entre ellos los del hospital San Antonio. Algunos profesionales renunciaron.
15 de abril, Saravena (Arauca)
Los agentes de policía Carlos Vicente Piragauta y Danys Arturo Blano fueron asesinados en el hospital San Ricardo Pampuri.
24 de abril, Tame (Arauca)
El personal del centro de salud San Juan de Jesús Coronel debió abandonar el municipio por amenazas de la guerrilla. El centro de salud suspendió actividades.
12 de mayo, Ricaurte (Nariño)
Un grupo armado tomó las instalaciones de la ESE hospital Ricaurte y exigió la renuncia de algunos directivos. La atención está suspendida por falta de garantías.
17 de mayo, El Tarra (N. Santander)
Las Farc atacaron una ambulancia y asesinaron a Jesús Durán, paciente herido que los médicos llevaban a Tibú.
Esto, sumado a la inscripción de Carlos Gaviria en la consulta interna, oficializa lo que desde hace meses es una realidad: la división del Partido, que llegará en tres pedazos a los comicios de 2010.
Rafael Pardo, por ahora, es el que tiene más respaldo. Esta es la repartición inicial de las fuerzas políticas internas del liberalismo en torno a las siete precandidaturas.
Cecilia López Montaño y Héctor Elí Rojas, del Partido Liberal; Martha Lucía Ramírez como independiente, y Gustavo Petro, disidente del Polo Democrático, tienen ese denominador común.
A su paso por Colombia, el invitado por la Embajada de Alemania evalúa el modelo colombiano. Dice que "Colombia está haciendo un esfuerzo por ajustarse a los tratados internacionales".