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El otro reto que deberá enfrentar el próximo fiscal es el de la corrupción interna. No son pocas las quejas de los abogados litigantes y de las partes procesales sobre el crecimiento de ese virus en la Institución. El propio Fiscal General estuvo involucrado hace algún tiempo en un extraño escándalo que tuvo como protagonista a un exótico mentalista y a otros personajes cercanos a su despacho, interesados en consolidar su poder dentro de la entidad.
La carrera de los fiscales es otra tarea que deberá acometer el nuevo fiscal. Es urgente, dicen los entendidos, dotar de estabilidad y autonomía a los fiscales, para que no actúen bajo la presión del "síndrome del positivo", que los lleva muchas veces a sacrificar una buena investigación por un buen titular de prensa.
La escasa calidad jurídica de los fiscales, visible en el número de acusaciones que se caen en los juzgados y en la propia Corte Suprema, demuestra la urgencia de la capacitación de quienes integran el máximo organismo de investigación del país.
Sea quien sea el nuevo fiscal -Camilo Ospina, Eduardo Montealegre, o Leonor Perdomo, que son los que más suenan-, deberá afrontar con delicado equilibrio el reto de perseguir el delito con respeto pleno de las garantías constitucionales y de la presunción de inocencia.
Su escogencia, en todo caso, será seguida con atención por quienes consideran que si algo debe tener el nuevo fiscal es independencia frente al Ejecutivo.