Moncayo está a la espera de Pablo Emilio

El profesor Moncayo se ha convertido en un símbolo internacional contra el secuestro. Foto: Efe

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"Farc siembran el terror en el cerro de Patascoy"  (El Tiempo, 22 de diciembre de 1997). Hace 11 años y 4 meses este fue el registro de la noticia que cambiaría para siempre la vida de Pablo Emilio Moncayo, el joven, el único varón de cinco hermanos que con 19 años cumplía 18 meses en el Ejército. Apenas unas semanas antes había llegado al cerro a 4.200 metros de altura, donde debía vigilar una torre de comunicaciones,  y esa noche -víspera de Navidad- la guerra le mostró su peor cara. 

Ahora, las Farc anuncian que será liberado. Tras una década como 'prisionero de guerra' lo regresan a su hogar. Llegará con 31 años. Una década entera, la plenitud de los 20,  se la chupó la selva. Allí la vivió, y la sobrevivió y su testimonio se sumará al de los demás que han vuelto de ese "más allá" que representa el secuestro.

Y acá, en esta dimensión urbana, mediática y política, se encuentra con la lucha de un padre-profesor convertido en personaje internacional y de una hermana con la vida suspendida por impedir que los años enterraran su nombre en la indiferencia y el olvido.

'Patascoy' fue una pesadilla para las Fuerzas Militares. Fue la segunda toma a una base militar en la que las Farc demostraban estar en condiciones de copar puestos fijos del Ejército, destruirlos y doblegar a los sobrevivientes para convertirlos en trofeos de guerra y llamarlos "prisioneros".  Seis meses antes, el 15 de junio de 1997, las Farc habían liberado 60 soldados secuestrados en la primera de estas acciones, cuando se tomaron la base militar de Las Delicias el 13 de agosto de 1996. En ese acto de entrega, la guerrilla anunció lo que vendría hacia adelante: la búsqueda de un "canje de prisioneros".  A 'Patascoy' le siguieron golpes similares en La Carpa, San Juanito, Miraflores, Mitú. Alcanzaron a tener más de 450 soldados y policías privados de su libertad. Una cifra que hoy solo de imaginarla escandaliza: el Estado estaba acorralado.

Ese mismo año, 'Manuel Marulanda' propuso al Congreso aprobar una ley de canje de prisioneros por medio de la cual Moncayo y todos sus compañeros serían liberados a cambio de los guerrilleros de las Farc presos en las cárceles. Eran tiempos del esplendor del Derecho Internacional Humanitario. Las Farc consideraban que la guerra no había que humanizarla, sino acabarla. Y lejos de interesarse por caminos humanitarios, estaban detrás del sueño irreal de ser una "fuerza beligerante".

Ahí quedó atrapado once años Pablo Emilio, y de paso, sus cuatro hermanas, su mamá María Estella y su papá, el profesor de geografía Gustavo Moncayo. Sin tener ni idea del alcance que tendría ese propósito desmesurado e iluso de las Farc, un mes después de la toma, Gustavo y un sobrino suyo, subieron al cerro a buscar el rastro de Pablo Emilio. Aún la guerrilla no confirmaba que lo tenía en su poder. De la toma, solo dos soldados se habían salvado, gracias a que se lanzaron por unos precipicios, pero nada se sabía de la suerte de un grupo de muchachos. Con el antecedente de Las Delicias, él y su familia, como el Gobierno y las Fuerzas Militares, tenían el mal presentimiento de que los habían secuestrado.

Y empezaron a pasar los años, hasta que el hombre que hoy tiene 56 años se cansó de esperar y decidió lanzarse a caminar, y despertó al país convirtiéndose en una figura simbólica del drama de los más humildes que sufren esta guerra. Moncayo se transformó en el Caminante por la Paz, dejó atrás 25 años en el Magisterio y logró tener un cara a cara en plena Plaza de Bolívar con el presidente Uribe. Hoy en sus páginas web se registran sus entrevistas, que van desde el Papa hasta ocho mandatarios de países europeos y de América Latina.

Las Farc no dan mayores detalles sobre los motivos que las llevaron a tomar la decisión de liberarlo. Mencionan el esfuerzo de Piedad Córdoba, Colombianos por la Paz, el presidente Hugo Chávez y el del profesor Moncayo. Las acciones de las Farc no tienen muchas explicaciones, así que solo es posible lanzar algunas hipótesis.

La primera es que la guerrilla quiere avanzar en su interlocución con la ciudadanía a través de Colombianos por la Paz, pero este mecanismo, construido por la senadora Córdoba, considera que con secuestro de por medio todas las puertas están cerradas. El canje sigue siendo un asunto de dignidad para el grupo guerrillero, pero cada vez con menos fuerza. Liberar a Pablo Emilio es una manera de ceder. Es un paso que seguramente les ha costado muchas horas de debate, pero que confirma que hay un sendero trazado que se va transitando por etapas.

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