Hay que leer dos o tres veces la carta enviada por el Secretariado de las Farc a Colombianos por la Paz, CPP, antes de precipitarse en alegatos o interpretaciones. No es novedad que estas propuestas se transmitan para reforzar su protagonismo, pero hay que constatar que con ese diálogo epistolar se mantiene abierta una ruta excepcional para acciones humanitarias y de diálogos.
El proceso para la liberación de Alan Jara, Sigifredo López y los cuatro integrantes de la fuerza pública puso a prueba, y con éxito, el papel de interlocutor de Colombianos por la Paz y con la operación ganaron todos los involucrados, comenzando por los liberados y sus familias. Ganó la guerrilla notoriedad nacional e internacional y se despertaron expectativas de nuevas liberaciones y compromisos sobre la proscripción definitiva del secuestro y la toma de rehenes; ganó el Gobierno que obligó a una acción unilateral y se mostró dispuesto a facilitar la colaboración humanitaria internacional, y ganó CPP.
El Secretariado vuelve a la idea del "canje de prisioneros" y llama la atención sobre la situación de los guerrilleros presos. Puede suponerse que las condiciones de ese "canje" serían asunto de los diálogos. Además puede imaginarse que a las Farc le interesa un procedimiento de alto perfil, ojalá con reuniones directas en el país o en el exterior (en Brasil, por ejemplo), con compromisos previos no solo de seguridad sino de liberación incondicional de guerrilleros, y con testigos y facilitadores importantes. Es tan evidente esa aspiración, que el propio Presidente la rechazó y le puso un precio inviable por los condicionamientos a los guerrilleros que eventualmente salgan de prisión.
Por Camilo González Posso
Indepaz