Vuelve y juega

"Las Farc propusieron un macabro canje de cadáveres para devolver el cuerpo del mayor Julián Guevara que murió en cautiverio en 2006. Emperatriz, la madre del militar, pide que termine ya su larga espera".

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Desde cuando terminaron los diálogos del Gobierno de Andrés Pastrana con las Farc, la fórmula de la negociación quedó proscrita. Con el auge del uribismo y el éxito de la seguridad democrática, la idea de buscar contactos se convirtió en una herejía política. A diferencia de lo que pasaba a finales de los noventa, la mano dura está de moda y oponerse equivale a un suicidio para quienes tienen aspiraciones electorales. La posibilidad de que un candidato dispuesto a dialogar llegue a la Presidencia, ha sido mencionada, incluso, como una de las razones para reelegir por segunda vez a Álvaro Uribe.

Ese ha sido el escenario de los últimos seis años, pero los vientos empezaron a cambiar justo cuando se inicia un nuevo proceso electoral. Las propias Farc han modificado su actitud y, por primera vez en 10 años, no ponen como condición para un eventual acuerdo humanitario la desmilitarización de una zona determinada.

Así lo expresaron en la carta fechada el 28 de marzo que enviaron al grupo Colombianos por la Paz: "Estamos listos para el canje de prisioneros de guerra y en disposición de no hacer del lugar de diálogo un obstáculo insalvable, privilegiando la libertad de los prisioneros en poder de las partes contendientes".

La carta es el último eslabón de una cadena que da señales de un cambio de actitud, de una orientación más política, desde que 'Alfonso Cano' asumió la jefatura máxima de las Farc. Hace parte de la misma lógica que los llevó a la liberación unilateral de los secuestrados políticos.

Y en cuanto a la declaración de que solo tienen nueve detenidos por razones extorsivas, que fue recibida con indignación porque se sabe que tienen muchos más, podría ser, sin embargo, un anticipo de que van a liberarlos y de que, paso a paso, están abandonando la política de los secuestros que tanto las ha degradado y le ha hecho tanto daño a su imagen.

Las Farc no son las únicas que están pensando en términos políticos. El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rubén Salazar, sorprendió con una entrevista publicada en El Tiempo, en la que dice que es necesario abrir la puerta del diálogo para ponerle fin al conflicto: "Queremos que se logre un acuerdo mínimo para que, a través de un gran diálogo, se busque la solución del conflicto armado", dijo.

Mientras tanto, el grupo de Colombianos por la Paz, CPP, promueve un intercambio que permita, inicialmente, que las Farc devuelvan los restos del mayor Julián Ernesto Guevara, muerto en cautiverio el 20 de enero de 2006. Luego, si el Gobierno está dispuesto a hacerlo, facilitar un acuerdo humanitario para liberar a 22 militares que aún tienen en su poder. "Las Farc están en campaña política y eso es bueno -dice la senadora Piedad Córdoba, líder de CPP-. Lo malo es que insistan en la guerra". -a posibilidad de salida negociada y de un acuerdo humanitario está de regreso en el debate político. La pregunta es si los pronunciamientos de los últimos días son suficientes para modificar un ambiente en el discurso oficial de mano dura, que ha sido políticamente rentable, no abre espacio para el diálogo y considera que la guerrilla no merece que le hagan concesiones.

Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia, sostiene que las Farc no pueden esperar que la propuesta que hicieron en la carta tenga acogida inmediata. "Es una carta tardía, un paso que tardaron en dar -dice-. Que no exijan despeje no significa necesariamente que se pueda avanzar a un acuerdo como ellos se lo imaginan, más aun si es ambigua su posición y no dicen si es el fin del despeje como lo plantean o si quieren otra zona".

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