Paramilitares y guerrilleros convirtieron la violencia sexual en arma de guerra

Foto: Jesús Abad Colorado.

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Violación, prostitución, embarazo y aborto forzados, y esclavitud sexual son algunas formas de abuso que paramilitares y guerrilleros han convertido en prácticas de guerra. Pero como se trata de delitos relativos al cuerpo y a la intimidad, la mayoría de las víctimas no los denuncian y por eso no hay estadísticas ni es posible calcular la magnitud real del fenómeno.

Sin embargo, empieza a hacerse visible la violencia sexual en el conflicto armado y muchas mujeres denuncian lo que por miedo a los victimarios habían callado durante años. Por ejemplo, en cumplimiento de una decisión de la Corte Constitucional, la Fiscalía investiga 183 casos de violencia sexual, de los cuales 106 fueron atribuidos a paramilitares, 43 a militares y policías y 15 a las guerrillas.

El problema es que la violación es un delito difícil de demostrar en los estrados judiciales, contrario a lo que sucede con una herida de bala, un homicidio o una desaparición forzada, comprobables incluso años después de sucedidos. El daño físico de una violación no se detecta si no es denunciado de inmediato y es imposible hacerlo tras años de haber ocurrido, y aunque el daño psicológico puede durar toda la vida, es difícil de confirmarlo jurídicamente. A todo esto se suma la negligencia de las autoridades para hacerle frente al tema y el hecho de que en los pocos casos que llegan a los  jueces es frecuente que la sospecha recaiga sobre la mujer violada. De ahí la dificultad para que los perpetradores paguen por este delito.

"Llevo 10 años esperando avances en mi caso y hasta he tenido que llevar yo misma las pruebas para que la Fiscalía avance -asegura la periodista Jineth Bedoya, víctima de abuso sexual por parte de paramilitares-. Los fiscales que en un comienzo investigaron mi caso hoy están exiliados".  Vea el testimonio de Jineth aquí.

La odontóloga barranquillera Rina Bolaños fue secuestrada por las Farc en agosto de 2003 en la Sierra Nevada. "Fui violada por 'Beltrán', uno de los comandantes de las Farc -cuenta desde el exilio-. Me violó en forma salvaje varias veces. Terminado el secuestro denuncié el caso en los medios y recibí protección de las autoridades. Luego me trasladé a Bogotá y sorpresivamente fui capturada y señalada de ser guerrillera del Eln. Estuve detenida 46 días, pero por fortuna pude demostrar mi inocencia. Supe que 'Beltrán' se reinsertó y quedó bajo protección estatal. Espero que haya justicia".

CAMBIO recogió otros testimonios que evidencian una realidad de la cual poco se habla: los cuerpos de las mujeres son campos de batalla.

MARCA DE LAS AUC,
Leidy, 25 años.

"El 24 de noviembre de 2002 cuando cumplí 18 años, las Auc marcaron mi vida. Vivía en el sector de Bello Oriente, en la Comuna Nororiental de Medellín, y cuando caminaba por la calle me agarraron seis tipos, todos armados y con brazaletes de las Auc. Me vendaron los ojos y me montaron en un carro, mientras uno de ellos decía: '¡Es el objetivo, es el objetivo!'.

Empezaron a insultarme y a pegarme, querían que confesara que era guerrillera pero yo les suplicaba y les decía que no, que no era. Como no me creían, me golpeaban más y más. Luego me llevaron a un sitio y me violaron todos, uno por uno, por turnos, hasta que casi perdí el sentido. Después, con una navaja o cuchillo, no sé, empezaron a cortarme las piernas, los senos y las nalgas. Yo no paraba de gritar pero ellos seguían. Con el mismo cuchillo me marcaron el brazo izquierdo con las siglas de las Auc (ver  foto a la izquierda). No sé cuánto tiempo pasó hasta que por fin me soltaron. Me dijeron que me fuera del barrio y que si me atrevía a hablar me mataban y también a mis hermanos.

Desconsolada, no le conté a nadie hasta que se me apareció un 'angelito' y entonces denuncié el caso ante una organización de mujeres que me acompañó en el proceso de recuperación. Luego, con su apoyo, hice la denuncia ante la Fiscalía. El problema es que es difícil demostrar la violación porque ha pasado mucho tiempo. Estoy a la espera de que se haga justicia. Mi caso lo denunció hasta Amnistía Internacional en un informe, pero sigue en la impunidad".

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