Cuando Carlos López decidió ir a una campaña de donación de sangre, se llevó una sorpresa: le preguntaron por su orientación sexual. "Es que si usted es homosexual, no puede donar", le dijeron.
Lo que parece un mal chiste homofóbico es en realidad una exigencia del sistema público de donación de sangre, según el cual quienes tengan relaciones homosexuales, bisexuales o con personas diferentes a su pareja y sin protección, no pueden donar. La norma pone la orientación sexual del donante en la misma categoría de los drogadictos, de los que padecen o han padecido enfermedades transmisibles por la sangre, de los que han sido víctimas de violación sexual, y de los que han tenido enfermedades venéreas en el último año, entre otros, y se aplica en los 99 bancos de sangre del país.
CAMBIO indagó entre las autoridades sanitarias sobre el porqué de la norma y la respuesta fue contundente: "Hay que proteger a los receptores de sangre". Según Marco Páez, director del Banco de Sangre de la Cruz Roja, el más importante del país, "La responsabilidad de los bancos debe ser con el receptor y no con el donante, y por eso hay que garantizar que la calidad de la sangre que se recibe es la mejor".
Lo mismo piensan Mauricio Beltrán, coordinador nacional de Bancos de Sangre y Servicios de Transfusión, y Ricardo Luque, asesor del Ministerio de Protección. Para ellos, los bancos o centros que reciben las donaciones son responsables por la vida de los receptores, razón por la cual deben tomar las medidas necesarias para asegurar que la sangre esté en excelentes condiciones. "Cuando de por medio está la salud de las personas no sobra cualquier protección", señalan.
Los impulsores de la norma se basan en cifras que indican que las enfermedades transmisibles por la sangre han crecido en la última década y que de cada 100 homosexuales, el 15 por ciento tiene Sida, mientras que de 100 heterosexuales menos del 1 por ciento posee la enfermedad. "No hay que ver la medida como estigmatizante sino como una restricción necesaria -agrega Luque-. Hay que proteger al receptor de cualquier grupo que implique riesgo por sus actividades".
Los defensores de los derechos de los homosexuales consideran que la norma es aberrante, que el hecho de ser gay no significa que la sangre esté contaminada, que una cosa es la orientación sexual y otra el comportamiento sexual, y que muchos heterosexuales que tienen enfermedades no están discriminados. "Es un atropello -dice Elizabeth Castillo, coordinadora del programa Salud Sexual de Profamilia-. Hay que mirar la calidad de la sangre y no la condición sexual del donante".
Al fin y al cabo, las donaciones de sangre deben ser sometidas a pruebas rigurosas de laboratorio para determinar si cumplen o no las condiciones exigidas. "Si la sangre de un gay es tan mala como dicen, que lo diga una prueba y no a priori una medida", dice Sebastián Romero, defensor de los derechos de los homosexuales.
El debate está abierto, pues mientras la Corte Constitucional les reconoce a los homosexuales derechos civiles, políticos y económicos, aún existen normas que la contradicen y que deben ser reevaluadas. La orientación sexual no es sinónimo de salud o enfermedad. Eso solo lo determinan pruebas de laboratorio. Así de sencillo.