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En los primeros días de febrero, el grupo de Colombianos por la Paz, encabezado por Piedad Córdoba, logró que las Farc liberaran sin condiciones a seis secuestrados -cuatro uniformados y los políticos Alan Jara y Sigifredo López-. Con esas liberaciones y posteriores cartas de 'Alfonso Cano' a ese grupo, las Farc parecerían indicar que hay un pequeño espacio para pensar en la posibilidad de un acuerdo humanitario con miras a que 18 militares y policías que llevan entre ocho y 11 años en su poder recuperen la libertad.
Este escenario, en el que muy poco ha jugado el Gobierno, ha llevado a varios sectores a preguntarse cuál es el papel que está jugando el alto comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo. La pregunta no es gratuita, pues después de las negociaciones con las Auc y la desmovilización de 36 guerrillero del llamado Ejército Revolucionario Guevarista en Chocó, el Comisionado no ha logrado avances en relación con los grupos guerrilleros. Durante sus gestiones con el Eln y tras varias rondas de conversaciones en La Habana y haber llegado a lo que llamaron 'Acuerdo Base' en abril de 2007, Restrepo fue un nuevo testigo del 'conejo' del Eln que, como ha sido su costumbre, se paró de la mesa.
A Restrepo no puede achacársele este fracaso, pero la realidad es que no ha logrado contacto alguno con las Farc y en las liberaciones logradas con la intervención del presidente Hugo Chávez en enero del año pasado, su papel no fue más que el de un testigo ático o un convidado de piedra. Por eso la pregunta de algunos dirigentes políticos, congresistas, académicos, ex comisionados de Paz y representantes de la sociedad civiles : ¿para qué un comisionado de Paz en un gobierno que niega el conflicto, que se niega a cualquier tipo de despeje y a un acuerdo humanitario y que solo está interesado en la guerra?
Parecería no tener sentido mantener el cargo, sobre todo si, como en el caso de Restrepo, la guerrilla no lo considera un interlocutor confiable, y el Gobierno no muestra interés alguno en moderar su discurso o en buscar caminos de aproximación y entendimiento con la guerrilla. "Restrepo no tiene diálogo con nadie y en casi siete años de gestión solo ha logrado el desmonte de los paramilitares con todos los aciertos y reveses que ha tenido -dice el ex canciller Augusto Ramírez, de la Comisión Nacional de Reconciliación-. Es claro que no hay intención de abrir canales con las Farc y con el Eln, y que hoy su papel no es el de un comisionado de Paz". Basta recordar algunas de las frases que el Comisionado ha repetido en varias ocasiones -"Nunca habrá despeje", "no podemos llamar acuerdo humanitario a ceder ante el chantaje de las Farc", "hoy estamos en el acuerdo humanitario por los fracasos de la Fuerza Pública durante el gobierno del ex presidente Samper"-, para darse cuenta de que su discurso es más el de un hombre para la guerra que el de un intermediario para la paz. "No sé si en este Gobierno cambiaron las funciones pero en mi época -1989- la tarea estaba ligada a buscar la negociación -dice Carlos Eduardo Jaramillo, ex consejero de Paz del gobierno de César Gaviria-. El Comisionado ha desaparecido, las Farc no quieren hablar con él, no le reconocen su papel y lo fundamental es que tenga algún tipo de interlocución".
El problema radica no solo en que no hay negociación sino en que el objetivo del Gobierno es aniquilar a la guerrilla y, distinto a lo que hizo con las Auc, no parece dispuesto a negociación alguna, convencido como está de que tenderles la mano a las Farc es correr el riesgo de que repitan el engaño del Cagúan.
Para completar el cuadro antidiálogo y antiacuerdo humanitario, en los últimos meses Restrepo se ha convertido en un obstáculo para las gestiones que sectores como el grupo de Colombianos por la Paz han hecho en busca de liberaciones unilaterales de secuestrados con miras a que las Farc renuncien de una vez y para siempre a la tenebrosa práctica del secuestro.
Una de sus últimas salidas en falso, tras las denuncias de sobrevuelos militares en la zona de liberación de cuatro uniformados que llevaban secuestrados más de dos años, fue el 1º de febrero cuando negó los sobrevuelos, que luego el Gobierno aceptó y el ministro de Defensa Juan Manuel Santos justificó como "errores de buena fe". Dos días después prohibió la entrada de periodistas al aeropuerto de Villavicencio para cubrir la llegada del ex gobernador Alan Jara, y tras ser desautorizado por la Casa de Nariño renunció y duró 'escondido' varios días para evitar ser localizado por el Presidente.
La renuncia -la cuarta desde que asumió el cargo en 2002- parecía definitiva y dio para que se mencionara como sucesor a Frank Pearl, alto consejero para la Reintegración, pero el 6 de febrero, por petición de Uribe, Restrepo una vez más aceptó seguir en el cargo y desde entonces ha guardado silencio. "El problema no es el cargo sino la política actual ¿afirma el ex consejero de Paz Rafael Pardo¿. Como no hay una política de paz y negociación, la función de Restrepo es muy reducida y si no ha hecho nada es porque el Presidente no quiere".