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El abogado panameño Ernesto Chong Coronado le confesó el 12 de enero a un fiscal antidrogas de Panamá que le teme a David Murcia y que sabe bien que el colombiano, cabeza del grupo DMG, se resiste a perder el control de su organización pese a estar confinado en una estrecha celda de la penitenciaría de La Picota, en Bogotá. Ese día Chong llevaba en su portafolio una carta escrita en hojas membreteadas con el escudo del penal colombiano en la que Murcia le exigía la devolución inmediata de ocho millones de dólares de una cuenta pendiente entre ambos.
La carta estaba escrita en el tono de una amenaza sutil: "Te pedí el favor de entregar mis cosas y mi dinero por medio de Álex, pero veo que ni por intermedio de él, ni por ningún medio ha sido posible. Me tienes más de ocho millones y los necesito. No quiero recurrir a otros medios, pues sabes bien que soy hombre de pocos problemas..."
La misma semana en que Chong recibió la carta, la Fiscalía colombiana estaba próxima a concretar un acuerdo mediante el cual William Suárez, mano derecha de Murcia en su holding empresarial, y la abogada Margarita Pabón, una de las asesoras de cabecera, se acogerían a la sentencia anticipada mediante la cual aceptarían que las captaciones masivas de dinero por parte de DMG tenían como trasfondo un lavado de activos a gran escala, con lo cual comenzarían a desplomarse las mentiras que le sirvieron de soporte a una mal disimulada 'pirámide'.
En vísperas de la firma del acuerdo, el abogado de Suárez se presentó en el búnker de la Fiscalía y les dijo a los investigadores del caso que su cliente y su familia habían comenzado a recibir amenazas. "Acuérdese de los muertos de los blindados en Villavicencio", se leía en uno de los manuscritos que llegaron a la casa de la madre de Suárez. Y si se trataba de un intento de intimidación, el autor del anónimo parecía conseguir su objetivo, pues el abogado condicionó la firma del acuerdo a que en su texto quedará expresamente dispuesto que ni Suárez ni Pabón estaban obligados a declarar contra Murcia.
La carta recibida por el abogado panameño y el manuscrito que le llegó a la familia de Suárez tendrían algo en común. Según las autoridades, se trata de un intento del fundador de DMG de garantizar el secreto que todavía cubre el origen de los dineros que movía su organización y estarían también relacionados con su temor de que se sepa, por ejemplo, que buena parte de ellos pertenecían en realidad a las mafias del narcotráfico.
Esta presunción se ha visto afianzada con la divulgación, por parte de La W, de conversaciones grabadas en las que Daniel Ángel Rueda, socio de Murcia, y su primo Santiago Baranchok, radicado en México, hablan de la existencia de caletas y del movimiento de millonarias sumas en dólares que se movían entre Colombia y ese país. "Quisiéramos saber, por ejemplo, quién es aquella atractiva chica de Medellín que se presenta en México y le entrega un millón de dólares a Baranchok", le dijo a CAMBIO un miembro del equipo de investigación que considera un gran avance que los principales implicados hayan comenzado a aceptar el cargo de lavado de activos.
Las dudas y certezas sobre el origen y la cantidad de dinero que DMG movió por fuera de la corriente financiera tradicional cobrarán una nueva dimensión el próximo martes 24 de febrero. Ese día la Fiscalía sacará en la audiencia preparatoria del juicio contra Murcia un 'as' que hasta ahora ha permanecido reservado en la baraja de las pruebas: revelará que las empresas de DMG captaron en total 4,8 billones de pesos, una suma que triplica las utilidades ordinarias de todo el sistema financiero nacional.
La contabilidad que ofrece evidencia sobre las operaciones multimillonarias estaba guardada en la base de datos de Cenco Ltda., una empresa que constituye la memoria financiera del holding de Murcia.
Todo indica que el derrumbe de la estantería de las mentiras ya es irreversible y que el efecto dominó continuará. Por ahora las grabaciones reveladas por La W dejan mal librado a Daniel Ángel. Este joven, miembro de la sociedad bogotana, declaró en entrevistas publicadas el domingo pasado por la revista Semana y por la columnista María Isabel Rueda en el periódico El Tiempo que había cometido un error al asociarse con Murcia, pero quiso ponerse al margen de cualquier operación de blanqueo de capitales relacionados con mafias.