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Falta de liderazgo
Restrepo terminó siendo un colaborador administrativo de los esfuerzos de otros y el discurso de la guerra y de la victoria militar le cerraron espacio a cualquier discurso de negociación. "No tiene sentido un comisionado si solo puede ser el mejor intérprete de las políticas guerreristas", sostiene el senador liberal Luis Fernando Velasco. "El consejero debe ser un contradictor del Presidente, ser un creador de iniciativas hacia la paz y desarrollar los mecanismos propios de esa alta dignidad", asegura José Noé Ríos, ex comisionado del gobierno de Ernesto Samper. Y el ex canciller Ramírez remata: "Se necesita una persona con unas condiciones muy firmes y seguridad para enfrentar al Presidente, que tenga recetas y no se limite a seguir lineamientos".
Pero esta es una tarea que Restrepo no está cumpliendo y parece no estar dispuesto a cumplir, dadas sus coincidencias con el discurso 'macartizador' del Presidente que ve aliados de la guerrilla en todos los que son partidarios de la salida negociada. Mientras tanto, y al margen del Comisionado, sectores de la sociedad civil, ONG y la Iglesia exploran fórmulas políticas para acabar con un conflicto de más de 40 años y buscan apoyos en sectores democráticos de Estados Unidos, Europa y América Latina, convencidos de que la victoria militar no es posible, como lo demuestra la Historia: la mayoría de los conflictos armados en el mundo se han resuelto por la vía de los acuerdos políticos. De ahí las voces que sugieren un cambio. "Se necesita una persona abierta a escuchar opiniones, que mire en perspectiva, que crea que la paz no es solo acallar fusiles", dice Ana Teresa Bernal de Redepaz. "Restrepo está haciendo mal su papel y el Gobierno perdió el monopolio en el tema de la paz", sostiene el ex consejero Jaramillo. Así las cosas, en un panorama de no negociación y de cero apertura a una salida política, resulta pertinente la pregunta que tantos colombianos se hacen: "¿Para qué un comisionado de Paz si el Gobierno solo quiere la guerra?