La ministra de Cultura, Paula Moreno, recuerda que la gran mayoría del patrimonio material e inmaterial de Colombia declarado a nivel mundial tiene una fuerte contribución africana.
Como lo ha expresado Amartya Sen, Premio Nóbel de Economía, la cultura es el medio y fin del desarrollo. La cultura es la base de la construcción de proyectos colectivos de nación, donde las sociedades intentan constantemente comprenderse, interpretarse, integrarse en sus historias comunes, en sus manifestaciones, en sus cambios y darles sentido. Como consecuencia, la cultura se convierte en el gran generador de los procesos de integración y encuentro regional, la cohesión social desde las raíces profundas del diálogo y la competitividad desde la creatividad y la innovación de la dinámica recreación de las comunidades.
El mundo de hoy transita por sociedades diversas y multiculturales donde la mayoría de los ciudadanos son testimonio de los procesos migratorios históricos. El continente americano es la mezcla de las huellas indígenas, africanas y europeas, que deben ser reconocidas y valoradas equitativamente para reducir la brecha social que parte de la subvaloración histórica. El tema étnico ha sido una de las áreas de mayor interés y relevancia en el escenario internacional, cuya dinamización en las últimas décadas es equiparable a la agenda ambiental y de género. Lo anterior, es el reconocimiento del mundo a un tema que es determinante para procesos de desarrollo que garanticen el ejercicio pleno de los derechos y acceso a los mínimos vitales.
En muchos espacios se confunde la discusión étnica con la discusión racial, lo cual conlleva a subvalorar el interés general que tiene no solo para un grupo poblacional sino para todos los ciudadanos. La discusión hoy trasciende lo racial para reinvindicar históricamente lo étnico, la dimensión racial hace referencia a un tono de piel, la dimensión étnica hace referencia a las raíces y acervo cultural de una comunidad y una nación. Discutir temas étnicos no es definir clasificaciones según una piel más clara o más oscura. Los Estados modernos incluyentes con una creciente representatividad de la diversidad de sus ciudadanos, los movimientos sociales, las redes transnacionales y un sector privado que busca una fuerza laboral que refleje a sus consumidores... muestra la relevancia de un tema que no solo es fundamental para las comunidades que representa, sino para la sociedad en general.
Con este preámbulo, quisiera entrar a discutir el rol que la diáspora africana tiene hoy en el continente americano y los grandes desafíos que enfrentamos como nación .No es un tema de los negros para los negros, ni de cualquier comunidad étnica para sí misma. La diversidad cultural históricamente fue concebida en nuestros países como una debilidad, en realidad la apuesta era por sociedades homogéneas que subvaloraban y estigmatizaban lo diferente, negando la riqueza de lo propio y lo diverso. Hoy es fundamental discutir las dimensiones y los desafíos de esa diferencia.
La diáspora africana en las Américas representa el 30% de su población (150 millones de personas). En países de la región como Brasil, equivale al 53%. En Colombia, se ha definido que por autoreconocimiento representa el 10% según el Censo del 2005, pero se estima que equivale al 26% de la población. La divergencia existente en las cifras muestra un vacío en el reconocimiento de lo que significa ser afrodescendiente en nuestro país.
El principal referente de la construcción de nuestra identidad es la historia. Es desde allí que nuestros niños y jóvenes rememoran la migración forzada africana en nuestro territorio. Tristemente tenemos que reconocer que ese registro es básicamente relacionado con el proceso de esclavización, mostrando solo a los africanos esclavizados como víctimas y no como ese pueblo fuerte y recio que en medio de la violación de sus derechos fundamentales fue capaz de buscar y lograr su libertad. Estos millones de hombres y mujeres africanas que marcaron el movimiento migratorio más grande en la historia de la humanidad, son testimonio de la capacidad de superación de un pueblo que hoy esta en la templanza de nuestras naciones ante sus múltiples desafíos.
Contar una historia parcial que referencia la biografía de millones de personas tiene un gran impacto para la visión integral del país y la autoestima de sus ciudadanos. Se requiere una historia que cuente que entre los héroes nacionales hubo hombres y mujeres negros como el Almirante Padilla, el negro Robles, grandes poetas como Candelario Obeso, Jorge Artel y Helcías Martan Góngora, el gran juglar de la música vallenata "Alejo Durán", que incluso fueron algunos de los primeros comerciantes...que en diferentes momentos y desde roles diferentes dejaron huellas profundas en cada uno de nosotros. Cuantas mujeres negras formaron con su cariño y dedicación a tantos lideres de nuestra patria. Todos necesitamos ver plasmada en la historia de la nación de manera equitativa el aporte de indígenas, negros y blancos a la construcción de nuestra identidad. Pero no solo es el reconocimiento a los líderes...sino también a las obras, los procesos y las manifestaciones...como bien lo menciona la Alcaldesa de Cartagena, las murallas son fruto del sufrimiento y esfuerzo de miles de africanos esclavizados que aportaron su fuerza física y saber técnico para su diseño y construcción. La gran mayoría del patrimonio material e inmaterial de Colombia declarado a nivel mundial tiene una fuerte contribución africana; desde las murallas hasta Palenque y el Carnaval de Barranquilla.
Precisamente, el Gobierno colombiano teniendo en cuenta que existen unas barreras que impiden el avance de la población afrocolombiana creó desde el año pasado la Comisión Intersectorial que dentro de sus objetivos busca definir como construir una nación donde la diversidad tenga en igualdad de condiciones el suficiente espacio y oportunidad. En toda esta evaluación se evidencia que no se trata únicamente de recursos económicos, existen otros desafíos como la comprensión amplia de la diversidad desde el reconocimiento histórico, efectivo y multidimensional, y el reencuentro de la diáspora africana en el mundo como una oportunidad de crecimiento de lazos de solidaridad sustentados en una búsqueda por la libertad, una libertad que ayer y hoy esta íntimamente relacionada con las oportunidades y el reconocimiento.