Nueva liberación de seis secuestrados despierta un optimismo relativo

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Se trata de una zona selvática en el municipio de El Retorno, Guaviare, donde las Farc han mantenido por años un centro de operaciones y un fuerte control territorial.

El éxito de este proceso de liberación sería muy importante para que más secuestrados puedan regresar a sus hogares pronto. Las Farc han hecho saber al grupo de intelectuales que si este nuevo esfuerzo llega a buen puerto, a mediados de año sería liberado un importante grupo de militares.

Aún no hay nada definitivo, pero aunque se trate de un nuevo experimento condicionado por las variables de ensayo y error, la gran pregunta que se abre es hasta dónde se podría recuperar, en el mediano plazo, la confianza en la posibilidad de una salida política negociada.

En principio, es poco probable que la agenda del Gobierno y amplios sectores de la opinión pública se aparten del apoyo y apego a la política de seguridad democrática. Las recientes declaraciones del presidente Uribe en el sentido de que "la culebra está viva", son una reiteración de que no dará su brazo a torcer y de que está decidido a mantener la ofensiva y la presión militar sobre las Farc.

Sin embargo, las liberaciones podrían volver a poner sobre el tapete la idea de que ni la guerrilla ni las Farc van a ganar la guerra y de que el diálogo produce resultados. Las cartas enviadas por 'Cano' a la senadora Córdoba corroboran la tesis, planteada tras la muerte de 'Manuel Marulanda', de que la nueva dirigencia adoptaría una posición más política. Y desde hace varios meses las encuestas vienen registrando que más colombianos -el 60 por ciento, según la encuesta Invamer-Gallup de diciembre- apoyan la idea de "insistir en los diálogos hasta lograr un acuerdo de paz", que los que creen en la posibilidad de la derrota militar: 36 por ciento.

Desde el comienzo de su primer gobierno, el propio presidente Uribe y el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo manifestaron que la política de seguridad democrática no descartaba los diálogos. Por ejemplo, en la clausura del congreso Paz y País en mayo de 2002, Restrepo, quien luego fue designado alto comisionado de Paz, dijo que Uribe estaba comprometido con una salida negociada al conflicto, pero que el paso inicial era un cese de hostilidades seguido de una negociación en la que "nos podemos tomar el tiempo que sea necesario, incluso durante varios gobiernos".

El objetivo era debilitar a la guerrilla militarmente antes de abrirle cualquier espacio político, para evitar una repetición de la dolorosa experiencia del Caguán. ¿Ha llegado ese momento? Es una de las grandes preguntas que se abren en el año que comienza.

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