Las Farc al desnudo

En 2001 el presidente Andrés Pastrana y 'Manuel Marulanda' se entrevistaron en Los Pozos. Foto: Juan Herrera / Cambio

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Nadie como Fidel Castro, hasta ahora, había mostrado a las Farc de una manera tan cruda y contundente como en este libro titulado La paz en Colombia que, según referencia de su autor, fue terminado de escribir el 16 de septiembre de 2008 a las 3:15 p.m.

En el texto se combinan las opiniones de Castro con la transcripción de varios documentos confidenciales, escritos por funcionarios que enviaban reportes a su Presidente desde Colombia a lo largo de las últimas décadas. Es un texto de un enorme valor histórico.

A mi entender, Fidel Castro tiene una visión crítica de las Farc en dos temas fundamentales. Primero, en su abierto rechazo a las prácticas del secuestro y la humillación de combatientes practicada por las Farc y, segundo, la más importante, en su desacuerdo explícito a lo que denomina, dentro del proceso revolucionario, estrategia de "guerra excesivamente prolongada" liderada por Manuel Marulanda Vélez como jefe de esta organización.

Mi lectura de lo que Fidel está diciendo con esto último -sin que lo diga en el texto- es que si la lucha guerrillera se prolonga, se desnaturaliza. Que su eficacia radica en que sea breve, porque de otra manera no es viable. Nunca nadie de tanta jerarquía, en este caso el máximo exponente de la izquierda latinoamericana, había hecho una crítica tan severa y directa.

Severa y directa porque más allá de una discrepancia con la estrategia militar de Marulanda, que evidentemente la tiene, en esta argumentación de  Castro percibo una posición de fondo respecto de la lucha armada, no como una forma de vida, sino como instrumento transitorio para tomarse el poder e imponer otra visión de Estado.

Tres años duró la lucha guerrillera en Cuba. Diez en Nicaragua. Mientras que las Farc llevan 44  y lo peor: sin futuro alguno y en medio del absoluto desprestigio nacional o internacional. De la autodefensa campesina de mayo de 1964 ya no queda nada. Hoy es un enorme dinosaurio enfermo y solitario que apela al terrorismo y se financia con el narcotráfico y el secuestro.

En los dos capítulos del libro que se llaman "Diálogos con jefes guerrilleros colombianos", donde se transcriben conversaciones de Fidel con jefes de las Farc, en los que actúa más de periodista que de contertulio porque pregunta y repregunta sin cesar, uno se queda pasmado de la ausencia de ideas e ideales de los guerrilleros.

La crítica más dura que le hacen al ex presidente Gaviria es por la apertura económica; a los políticos regionales por la compra de votos y el clientelismo; a la democracia por la abstención. Y así, página tras página: que los latifundios de las zonas ganaderas y bananeras; que no se ha hecho una verdadera reforma agraria; que la corrupción de alcaldes y gobernadores...

Leí este capítulo y en cada párrafo me preguntaba: ¿Tanta violencia y tanto dolor del país entero, causados solo por esto? ¿Vale la pena matar a mil colombianos, a cien, a uno; secuestrar a miles; destruir pueblos, puentes, torres de energía por ideas y reivindicaciones que son bandera de la sociedad civil colombiana? Increíble.

Aquí está el fondo del asunto con las Farc. No es cierto, como ellos dicen, que las transformaciones sociales llegaron a las zonas rurales gracias a su lucha. Es al contrario. Históricamente la zona más rica en Colombia, desde hace décadas, es la cafetera donde impera el minifundo, el pequeño y mediano productor, donde hay escuelas y acueductos, servicios públicos, bancos. Es una zona donde nunca pudo entrar la guerrilla.

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