Mancuso comprometió a nueve oficiales en audiencia

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Este martes 18, en una sala de la Corte Federal de Washington, el ex jefe paramilitar Salvatore Mancuso  admitió que tenía miedo y rompió en llanto frente a las cámaras que transmitían vía satélite la primera de tres sesiones de confesión ante un fiscal colombiano de Justicia y Paz. Uno de los alguaciles que lo custodiaban lo cogió del brazo, lo llevó a un calabozo contiguo y esperó a que el otrora poderoso jefe paramilitar recuperara el control de sus emociones.

De regreso a la sala, Mancuso les dijo al fiscal Leonardo Cabana y a cerca de 500 víctimas que seguían la transmisión en auditorios habilitados en la sede de la Fiscalía en Bogotá, Ituango, Cúcuta, Montería y Sincelejo, que teme por la suerte de la familia que le queda en Colombia pero que aún así cumplirá su compromiso de confesar no menos de 43 crímenes en los que estuvo comprometido como miembro de la cúpula de las Auc.

Antes de la crisis nerviosa, Mancuso había relatado algunos hechos y mencionado con nombre y/o apellido a nueve oficiales de las Fuerzas Armadas que, según él, facilitaron, auspiciaron o participaron directamente en masacres cometidas en desarrollo de la "guerra antisubversiva". Harold Mosquera y Carlos Augusto Franco, del equipo de Policía Judicial que acompañó al fiscal Cabana, los anotaron: general Iván Ramírez, comandante de la I División del Ejército; coronel Barrero, comandante del Batallón Junín adscrito a la XI Brigada; mayor Sanabria, oficial de Inteligencia de esta unidad; coronel Enciso, comandante de la Policía de Sucre; mayor Parra, comandante de la Sijín en Sucre; coronel Díaz Granados; coronel Matamoros y capitán Chamorro, adscritos al Grupo Mecanizado Maza, y coronel Pedreros, comandante de la Policía en Santander.

La más dramática por la forma como operó la alianza entre paramilitares y miembros de la Fuerza Pública, fue la masacre de Pichilín, Sucre, el 4 de diciembre de 1996, en la que murieron 12 personas. Según Mancuso, fue  planeada con el coronel Enciso, comandante de la Policía del departamento, el paramilitar Salomón Feris Chadid, hermano del congresista Jorge Feris Chadid.

El ex jefe paramilitar sostuvo que las versiones de la masacre que se conocieron cuando empezó el proceso de Justicia y Paz estaban incompletas, porque en ese momento algunos de los implicados tenían influencia en los altos mandos. Hasta el martes, la historia que tenían los fiscales era la que había contado Edwin Manuel Tirado Morales, 'el Chuzo', quien solo reveló que las víctimas habían sido seleccionadas con base en una lista de posibles colaboradores de la guerrilla enviada a las Auc por un destacamento de la Infantería de Marina.

De acuerdo con lo previsto, este jueves Mancuso debería haber contado qué papel jugó en este y otros crímenes el almirante Rodrigo Quiñónez, ex comandante de la Infantería de Marina, ex subdirector de la Escuela Superior de Guerra y agregado militar de la Embajada de Colombia en Israel hasta 2000.

El DAS

Durante la audiencia, Mancuso confirmó que cuando Jorge Noguera fue director del DAS, el organismo se convirtió en la principal fuente de inteligencia para los paramilitares. "Voy a ser sincero -dijo-. Nosotros hacíamos el trabajo sucio que el DAS y la Fuerza Pública no podían hacer". Y aseguró que varios asesinatos de profesores y estudiantes de la Universidad de Córdoba fueron cometidos después de que el DAS definiera los blancos.

Admitió responsabilidad en un "falso positivo": un profesor de la Universidad de Córdoba de apellido Fuentes que fue vestido de guerrillero y presentado como muerto en combate. "El profesor Fuentes estaba amenazado de muerte y un escolta suyo nos lo entregó", explicó Mancuso.

Tras insistir en que está dispuesto a aportar a las autoridades toda la información necesaria para probar cada una de sus afirmaciones, Mancuso contó que hace poco le escribió una carta a Luis Moreno Ocampo, fiscal de la Corte Penal Internacional, para pedirle vigilancia especial de los procesos judiciales que se deriven de sus declaraciones.

Las Convivir

El relato que hizo Mancuso sobre cómo era el engranaje de las Convivir con la estructura paramilitar, dejó en la comisión judicial colombiana una sensación de vaguedad. No solo fue poco convincente y por momentos contradictoria, sino que cuando intentó explicar lo que llamó la génesis de las Convivir, fue notorio el esfuerzo de hacer recaer toda la responsabilidad en Pedro Juan Moreno, entonces secretario de Gobierno de la gobernación de Álvaro Uribe. 

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