Noviembre 20 de 2008

Las Farc al desnudo

Análisis del libro 'La paz en Colombia' de Fidel Castro, realizado por Ricardo Santamaría, ex embajador en Cuba.

Nadie como Fidel Castro, hasta ahora, había mostrado a las Farc de una manera tan cruda y contundente como en este libro titulado La paz en Colombia que, según referencia de su autor, fue terminado de escribir el 16 de septiembre de 2008 a las 3:15 p.m.

En el texto se combinan las opiniones de Castro con la transcripción de varios documentos confidenciales, escritos por funcionarios que enviaban reportes a su Presidente desde Colombia a lo largo de las últimas décadas. Es un texto de un enorme valor histórico.

A mi entender, Fidel Castro tiene una visión crítica de las Farc en dos temas fundamentales. Primero, en su abierto rechazo a las prácticas del secuestro y la humillación de combatientes practicada por las Farc y, segundo, la más importante, en su desacuerdo explícito a lo que denomina, dentro del proceso revolucionario, estrategia de "guerra excesivamente prolongada" liderada por Manuel Marulanda Vélez como jefe de esta organización.

Mi lectura de lo que Fidel está diciendo con esto último -sin que lo diga en el texto- es que si la lucha guerrillera se prolonga, se desnaturaliza. Que su eficacia radica en que sea breve, porque de otra manera no es viable. Nunca nadie de tanta jerarquía, en este caso el máximo exponente de la izquierda latinoamericana, había hecho una crítica tan severa y directa.

Severa y directa porque más allá de una discrepancia con la estrategia militar de Marulanda, que evidentemente la tiene, en esta argumentación de  Castro percibo una posición de fondo respecto de la lucha armada, no como una forma de vida, sino como instrumento transitorio para tomarse el poder e imponer otra visión de Estado.

Tres años duró la lucha guerrillera en Cuba. Diez en Nicaragua. Mientras que las Farc llevan 44  y lo peor: sin futuro alguno y en medio del absoluto desprestigio nacional o internacional. De la autodefensa campesina de mayo de 1964 ya no queda nada. Hoy es un enorme dinosaurio enfermo y solitario que apela al terrorismo y se financia con el narcotráfico y el secuestro.

En los dos capítulos del libro que se llaman "Diálogos con jefes guerrilleros colombianos", donde se transcriben conversaciones de Fidel con jefes de las Farc, en los que actúa más de periodista que de contertulio porque pregunta y repregunta sin cesar, uno se queda pasmado de la ausencia de ideas e ideales de los guerrilleros.

La crítica más dura que le hacen al ex presidente Gaviria es por la apertura económica; a los políticos regionales por la compra de votos y el clientelismo; a la democracia por la abstención. Y así, página tras página: que los latifundios de las zonas ganaderas y bananeras; que no se ha hecho una verdadera reforma agraria; que la corrupción de alcaldes y gobernadores...

Leí este capítulo y en cada párrafo me preguntaba: ¿Tanta violencia y tanto dolor del país entero, causados solo por esto? ¿Vale la pena matar a mil colombianos, a cien, a uno; secuestrar a miles; destruir pueblos, puentes, torres de energía por ideas y reivindicaciones que son bandera de la sociedad civil colombiana? Increíble.

Aquí está el fondo del asunto con las Farc. No es cierto, como ellos dicen, que las transformaciones sociales llegaron a las zonas rurales gracias a su lucha. Es al contrario. Históricamente la zona más rica en Colombia, desde hace décadas, es la cafetera donde impera el minifundo, el pequeño y mediano productor, donde hay escuelas y acueductos, servicios públicos, bancos. Es una zona donde nunca pudo entrar la guerrilla.

Donde están las Farc lo que hay es narcotráfico, secuestro, extorsión, pobreza. Igual que en las zonas de los paramilitares. En esto son primos hermanos: ambos se convirtieron en la peor plaga del campo. La expansión de las Farc en los últimos 20 años coincide, en su mayoría, con zonas de productos de exportación, legales e ilegales: coca, petróleo, oro, banano, carbón. ¿Y por qué están allí? Porque se financian de la extorsión y el secuestro.

Las Farc no son la vanguardia del desarrollo social, sino que se convirtieron en el peor enemigo de la población civil y el progreso de los colombianos. Triste y escueta realidad. ¿Cómo van a ser los abanderados del cambio social en un país que tiene que dedicar más del 15 por ciento de su presupuesto de inversión a gastos de defensa y seguridad precisamente para defenderse de sus crímenes? ¿Cuál es la lógica de su lucha?

Con todo, la perla del libro, la revelación máxima, está en la página 105. José Arbesú, director del Departamento América del Partido Comunista Cubano, en julio de 1998 le envía un mensaje cifrado a Castro en el que le dice, de acuerdo con una conversación que sostuvo con Marcos Calarcá, vocero internacional de las Farc, que Marulanda está convencido, ni más ni menos, que habrá una invasión de Estados Unidos y que entrarán a la negociación propuesta por Pastrana para ganar tiempo, mientras se preparan militarmente para enfrentar ese desafío.

La posición de Marulanda no puede ser más clara: "El objetivo de las Farc es realizar tres o cuatro rondas y salir de las negociaciones con buena imagen y ganando el tiempo necesario para prepararse frente a una eventual invasión".

Esto ya es política ficción. Política dentro de la dimensión desconocida. Vuelve uno y se pregunta: ¿Quiénes son los asesores políticos de las Farc? ¿En qué mundo viven? ¿Sobre qué realidad construyen sus estrategias? Mientras leía me acordé que en alguna entrevista Marulanda afirmó que hasta ese momento -hace unos diez años- la ciudad más grande que había visitado era Neiva veinte años atrás. Quizás ese era el país y el mundo que tenía en la cabeza: el de Neiva de hace 30 años.

Las Farc no solo engañaron al Gobierno, en unas negociaciones que nunca tomaron en serio, sino a Colombia y a la comunidad internacional que se comprometió con este proceso.

Todo lo anterior no obsta para que en el futuro, ojalá cercano, sea oportuno negociar la paz con las Farc. Pero será una negociación inédita. Con la muerte de Marulanda las Farc perdieron su unidad. Hoy ya no son el grupo homogéneo que todos conocimos. Esto, unido a la fuerte presión militar de los últimos años, hace que hoy se trate de grupos diseminados por diferentes regiones, cada uno con su propio jefe: Cano en el Tolima, Jojoy en los Llanos Orientales. Y así todos: Timoleón Jiménez, Márquez, etc. Me imagino una negociación en la que habrá que hablar con seis, ocho o quizás diez grupos con diferentes necesidades. El tema central: su desmovilización. Quizás no por deseo u orden de sus jefes. Seguramente en contra de ellos. Será la desmovilización de unas personas, muchos de ellos menores de edad, que quieren empezar una vida nueva, que buscan esperanza, alegría, un futuro mejor.

Las Farc perdieron su oportunidad histórica de negociar la paz con altura en el Caguán. ¿Será que hoy sus jefes permanecen ciegos y sordos a la realidad o serán capaces de rectificar en beneficio de ellos, los guerrilleros y el país entero?

Por Ricardo Santamaría,
ex embajador en Cuba. 

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