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Donde están las Farc lo que hay es narcotráfico, secuestro, extorsión, pobreza. Igual que en las zonas de los paramilitares. En esto son primos hermanos: ambos se convirtieron en la peor plaga del campo. La expansión de las Farc en los últimos 20 años coincide, en su mayoría, con zonas de productos de exportación, legales e ilegales: coca, petróleo, oro, banano, carbón. ¿Y por qué están allí? Porque se financian de la extorsión y el secuestro.
Las Farc no son la vanguardia del desarrollo social, sino que se convirtieron en el peor enemigo de la población civil y el progreso de los colombianos. Triste y escueta realidad. ¿Cómo van a ser los abanderados del cambio social en un país que tiene que dedicar más del 15 por ciento de su presupuesto de inversión a gastos de defensa y seguridad precisamente para defenderse de sus crímenes? ¿Cuál es la lógica de su lucha?
Con todo, la perla del libro, la revelación máxima, está en la página 105. José Arbesú, director del Departamento América del Partido Comunista Cubano, en julio de 1998 le envía un mensaje cifrado a Castro en el que le dice, de acuerdo con una conversación que sostuvo con Marcos Calarcá, vocero internacional de las Farc, que Marulanda está convencido, ni más ni menos, que habrá una invasión de Estados Unidos y que entrarán a la negociación propuesta por Pastrana para ganar tiempo, mientras se preparan militarmente para enfrentar ese desafío.
La posición de Marulanda no puede ser más clara: "El objetivo de las Farc es realizar tres o cuatro rondas y salir de las negociaciones con buena imagen y ganando el tiempo necesario para prepararse frente a una eventual invasión".
Esto ya es política ficción. Política dentro de la dimensión desconocida. Vuelve uno y se pregunta: ¿Quiénes son los asesores políticos de las Farc? ¿En qué mundo viven? ¿Sobre qué realidad construyen sus estrategias? Mientras leía me acordé que en alguna entrevista Marulanda afirmó que hasta ese momento -hace unos diez años- la ciudad más grande que había visitado era Neiva veinte años atrás. Quizás ese era el país y el mundo que tenía en la cabeza: el de Neiva de hace 30 años.
Las Farc no solo engañaron al Gobierno, en unas negociaciones que nunca tomaron en serio, sino a Colombia y a la comunidad internacional que se comprometió con este proceso.
Todo lo anterior no obsta para que en el futuro, ojalá cercano, sea oportuno negociar la paz con las Farc. Pero será una negociación inédita. Con la muerte de Marulanda las Farc perdieron su unidad. Hoy ya no son el grupo homogéneo que todos conocimos. Esto, unido a la fuerte presión militar de los últimos años, hace que hoy se trate de grupos diseminados por diferentes regiones, cada uno con su propio jefe: Cano en el Tolima, Jojoy en los Llanos Orientales. Y así todos: Timoleón Jiménez, Márquez, etc. Me imagino una negociación en la que habrá que hablar con seis, ocho o quizás diez grupos con diferentes necesidades. El tema central: su desmovilización. Quizás no por deseo u orden de sus jefes. Seguramente en contra de ellos. Será la desmovilización de unas personas, muchos de ellos menores de edad, que quieren empezar una vida nueva, que buscan esperanza, alegría, un futuro mejor.
Las Farc perdieron su oportunidad histórica de negociar la paz con altura en el Caguán. ¿Será que hoy sus jefes permanecen ciegos y sordos a la realidad o serán capaces de rectificar en beneficio de ellos, los guerrilleros y el país entero?
Por Ricardo Santamaría,
ex embajador en Cuba.
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