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El viernes pasado, la paciencia del alcalde Samuel Moreno llegó al límite y por eso le dio un ultimátum al secretario de Movilidad Luis Bernardo Villegas para que solucionara, de una vez por todas, el problema de los semáforos que tiene a la ciudad sumida en el caos. Villegas prefirió tirar la toalla y renunciar.
No obstante, dos días antes y por petición del Alcalde, había puesto en manos de la Empresa de Telecomunicaciones, ETB, la recuperación del sistema. Una decisión tardía, pues desde junio los semáforos estaban al garete porque Villegas había decidido terminar el convenio con la misma ETB, que hacía el mantenimiento de la red. "La Secretaría no midió las consecuencias de terminar el convenio y por eso la ciudad tiene fuera de servicio más del 50 por ciento de los semáforos, es decir, más de 7.000 de los 15.000 que hay", asegura Fernando López, concejal de Cambio Radical.
Y es precisamente la recuperación de los semáforos el primer reto que tendrá que superar el nuevo secretario de Movilidad, Fernando Álvarez, quien venía desempeñándose como gerente de Transmilenio. Y aunque no será tarea fácil, la ETB, que sabe cómo son las cosas porque lo había hecho durante 20 años, está de nuevo al frente con cuatro cuadrillas en carros especializados para el cambio de bombillos y la atención del sistema eléctrico.
Tras recorrer los puntos que, a juicio de la Secretaría, son los más críticos, los resultados ya se notan: hasta la fecha han sido inspeccionadas 52 intersecciones, donde fueron reparados cables eléctricos y cambiados 240 bombillos de 158 semáforos.
El objetivo de la ETB es tener en funcionamiento el 70 por ciento de los semáforos dañados antes de que termine el año y si la totalidad del plan se cumple, en enero de 2009 toda la red estaría operando. El costo estimado del plan es de 2.500 millones de pesos.
Movilidad
El de los semáforos no es ni el único lío ni el más complejo que debe solucionar el nuevo secretario. El más serio es de la movilidad, el que más afecta a los bogotanos y por el cual ha sido duramente cuestionada la administración.
Álvarez deberá centrar su gestión en cinco puntos. Primero, la puesta en marcha del Sistema Integrado de Transporte Público, SITP, cuyo objetivo es permitir a los usuarios pasar de un sistema a otro con un solo tiquete, para lo cual es necesario unificar el recaudo de buses, colectivos y Transmilenio.
La apuesta es ambiciosa y el panorama no está despejado. "Lo único que hemos oído son anuncios contradictorios que sugieren que la administración está improvisando ¿afirma el representante David Luna-. Primero dijeron que lo tendrían listo a finales de 2008 y ahora hablan de 2011".
El segundo punto es definir si el Pico y Placa se amplía a los sábados y si se prolonga el contraflujo por la 7ª hasta la calle 127. El anuncio fue hecho por Villegas pero, según expertos, es apenas un pañito de agua tibia. "La restricción es buena pero no suficiente -sostiene Juan Fernando Petersson, director del programa Ojo con Bogotá de la Cámara de Comercio- Hay que hace énfasis en la educación de los conductores para crear conciencia sobre los índices de ocupación de los vehículos: que varias personas se movilicen en un solo carro".
El tercer punto tiene que ver con chatarrización. Hasta el momento han pasado por el proceso 870 vehículos de transporte público, que es un poco menos del 10 por ciento de la sobreoferta de 8.000. Y además debe buscar la forma de que los transportadores paguen 34.000 millones de pesos que le deben al Distrito.
El cuarto punto es decidir el futuro de la carrera 7ª, una de las vías más congestionadas, y sobre la cual vecinos y usuarios se han pronunciado a favor de construir una troncal de Transmilenio. También tendrá que darle el último empujón a la fase III de Transmilenio por la calle 26 y la carrera 10ª, que empezará en enero.
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