El hecho de que Bernardo Moreno nunca aparezca en público está lejos de significar que sea un hombre sin importancia. Es el encargado de aceitar la maquinaria uribista en el Congreso.
El secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno Villegas, es desconocido para la mayoría de los colombianos, entre otras razones porque hace su trabajo tras bambalinas. Pero el hecho de que sea desconocido y de que nunca aparezca en público está lejos de significar que se trata de un hombre sin importancia. Todo lo contrario. Es el hombre del computador, el hombre de las galletas, el de los puestos, el que tramita hojas de vida, el que está en el corazón de la administración y de las intrigas políticas que son pan de cada día en la Casa de Nariño.
Solo a raíz del escándalo de la 'Yidispolítica' su nombre cobró notoriedad por cuenta de que la ex congresista Yidis Medina lo mencionó entre los que "me hicieron promesas, me incumplieron y después me atropellaron", razón por la cual el 11 de septiembre, Moreno debió rendir indagatoria ante el vicefiscal general Guillermo Mendoza Diago para explicar sobre su participación en las supuestas prebendas ofrecidas a la ex representante a cambio de que votara la reelección del Presidente.
Y una vez más el nombre de Moreno volvió a los titulares hace pocos días, cuando la representante uribista Karime Motta, decisiva en la discusión del referendo en la Comisión Primera de la Cámara, dijo que se sentía presionada por él para sacar adelante la agenda del Gobierno. "De pronto está acostumbrado a manejar al parlamentario tradicional que camina de esa manera y yo pienso que a un congresista nuevo no se le trata de esa manera porque viene con ganas de hacer una política distinta", dijo Motta y agregó que si era una especie de coacción Moreno lo hacía de "manera equivocada".
Moreno ha negado todos los señalamientos pero no puede negar que él es el que tiene que lidiar con los congresistas, recibirlos, calentarles la oreja, alinearlos, satisfacer sus apetitos burocráticos.
Pero ni su aparición en el caso de la 'Yidispolítica' y ni su más reciente mención por supuestas presiones a una congresista le han hecho pasar tragos tan amargos como el escándalo que desató la reunión en la Casa de Nariño del secretario jurídico Edmundo del Castillo y el jefe de prensa César Mauricio Velásquez, con el abogado de 'don Berna', Diego Álvarez, y Antonio López Jiménez, 'Job', ex jefe del bloque Cacique Nutibara.
Según fuentes de Palacio, después de que el Presidente, molesto con lo sucedido, los instara a resolver los problemas internos que suscitó el encuentro, Moreno cuestionó a Del Castillo y lo increpó por no haber sabido defenderse ante los medios de comunicación y por haber hecho quedar mal al Gobierno.
Los voticos
Oriundo de Armenia y de familia acomodada, se graduó en 1985 en Administración de Empresas en la Universidad de La Salle y luego hizo especializaciones en Holanda y Japón. Fue director liquidador del Corpes de Occidente (1995-2000), vicepresidente de operaciones de Ferrovías (1992-1994), miembro de la Junta Directiva de la Central Hidroeléctrica de Caldas, del Fondo Nacional Ambiental y de Termosur.
En 2000 hizo su primera incursión en la política. Lanzó su candidatura para la Gobernación de su departamento por el Partido Liberal, pero un incidente que ocurrió durante una reunión de la campaña -que por más señas refleja su carácter- lo llevó a renunciar al apoyo liberal: Emilio Valencia, jefe liberal del Quindío, y el representante Ignacio Gallego -apoyado por los empresarios del chance-le hicieron saber que, en caso de que ganara la Gobernación, ellos pondrían el gerente de la Lotería.
La arrogante notificación, más el acoso de concejales que le pedían dinero para aceitar la maquinaria, lo sacaron de quicio. Moreno estrelló su celular contra la pared y se largó. Poco después anunció su candidatura como independiente pero perdió la elección por 5.000 votos frente a Luis Fernando Velásquez, que recibió el apoyo liberal.
En su paso por el Corpes conoció a Álvaro Uribe, entonces gobernador de Antioquia, y se hicieron amigos. Cuando este terminó su mandato y viajó a Oxford mantuvieron una fluida comunicación. De regresó en el país para montar la campaña con miras a suceder a Andrés Pastrana, Uribe reclutó a Moreno para que fuera su director en el Quindío, y ya en la Presidencia, lo llamó en agosto de 2002 para que se pusiera al frente de Findeter.
Dos años después, en julio de 2004, lo nombró secretario general de la Presidencia ante el asombro del círculo íntimo de Palacio que no entendía por qué el Jefe le había entregado semejante responsabilidad a un hombre que no hacía parte de su entorno más cercano. Se les olvidó, tal vez, que como director de la primera campaña en el Quindío logró, en una operación que hizo énfasis en el puerta a puerta, que 126.633 quindianos votaran por Uribe. Y el Presidente es muy agradecido con los voticos.
Opiniones divididas
Casado y con dos hijos, Moreno no tiene horario porque Uribe no tiene horario, pero de vez en cuando logra escaparse para visitar a sus padres en Armenia y entonces aprovecha para subir hasta El Roble, un estadero sobre la vía Circasia- Pereira, para comer chuletas de cerdo, las más famosas de la región.
Se mantiene en forma mediante una rutina de trote matinal de 10 kilómetros y siempre lleva a mano una libreta de apuntes donde anota quejas y peticiones. "Se arma de paciencia para enfrentar el reto de ser uno de los hombres más cercanos a Uribe", dice un amigo que conoce bien al hijo de Josué Moreno Jaramillo, ex presidente de la Cámara de Comercio de Armenia y miembro del Comité Municipal de Cafeteros.
Moreno le sigue el ritmo al Presidente y su actividad es febril como la del Primer Mandatario: recibe congresistas, capotea 'lagartos', resuelve problemas, coordina a los ministros, firma decretos y resoluciones, vigila para que se cumplan las decisiones presidenciales... "Es un hombre de toda la confianza de Uribe que tiene que luchar con todos los 'chicharrones' de los congresistas", dice Samuel Arrieta, presidente de Convergencia Ciudadana. Y el senador de Cambio Radical Rodrigo Lara agrega: "Dentro del Gobierno, Moreno le hace contrapeso al círculo que maneja José Obdulio Gaviria, con sus oscuros amigos e intereses".
Pero, como es obvio, no todos lo que lo conocen piensan lo mismo y a pesar de su fama de poderoso hay quienes sostienen que es solo fama y que no tiene la ascendencia sobre el Presidente que algunos le atribuyen. "Es pueblerino, se esfuerza por atender bien a la gente, toma tinto y habla de mujeres pero de ahí no pasa -dice un funcionario de Palacio-. No tiene influencia sobre el Presidente". No obstante, el senador liberal Héctor Elí Rojas asegura: "Es el hombre de las galletas y los caramelos en el Gobierno, la casa a donde van todas las Yidis y todos los Teodolindos para la aprobación de la segunda reelección de Uribe".
Todo indica, sin embargo, que Moreno quedó curado en salud, y fuentes de Palacio aseguran que ha dicho que no quiere enredarse con el ofrecimiento de puestos y que no va a comprometer su nombre en la entrega de dádivas, razón por la cual hoy no les pasa al teléfono a algunos congresistas.
Por su parte, el senador Armando Benedetti, uno de los políticos más cercanos a Palacio, asegura que Moreno es el responsable de que el Gobierno no haya tenido un solo proyecto que despertara la atención de los colombianos o el interés de los medios. "No sabe manejar el poder -dice-. En el Congreso no le creen y de él se burlan en el Legislativo". Se trata de una opinión que comparten otros congresistas de la coalición de Gobierno que prefirieron mantener el anonimato: "No tiene credibilidad ni liderazgo", sostiene uno de ellos. "No es un tipo preparado intelectualmente, ni estructurado", asegura un alto funcionario de la Casa de Nariño, quien interrogado sobre quién es Bernardo Moreno, respondió: "Ojalá yo supiera quién es".
Y esa es, precisamente, la pregunta que hacen los colombianos y muchos congresistas, que consideran que Moreno está lejos de ser como otros secretarios generales. Como Germán Montoya, por ejemplo, que fue el verdadero poder detrás del trono en el gobierno de Virgilio Barco, o Fabio Villegas en el de César Gaviria. No solo tenían gran influencia sobre los presidentes, sino el control del Congreso y el manejo de la agenda legislativa. No parece ser el caso de Bernardo Moreno, que más que un hombre de confianza del Presidente es un funcionario operativo y funcional.