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Hay varias hipótesis sobre la línea que pueden seguir las Farc bajo el mando de 'Alfonso Cano' para enfrentar su situación crítica. La primera es que se abra una negociación con el Gobierno.
El martes pasado, la senadora Piedad Córdoba recibió una carta desde las montañas de Colombia, en la que las Farc se muestran interesadas en "buscar una salida política al conflicto, al canje humanitario y a la paz, en un diálogo de cara al pueblo con amplitud y con franqueza". Alfredo Rangel opina que "la suerte de la guerrilla dependerá del tiempo que se tomen para decidir negociar en serio".
Sin embargo, en el corto plazo no existen condiciones para que se abra una mesa de diálogo. El martes, ante la Comisión Primera del Senado, el canciller Jaime Bermúdez dijo que el Gobierno está contemplando el levantamiento de la reserva que hizo sobre la aplicación del Estatuto de Roma. Esa decisión, de la administración de Andrés Pastrana, se había tomado con el objetivo de dejar una puerta abierta a buscar un pacto de paz con la guerrilla. La entrada en pleno vigor del tratado impediría hacer concesiones de impunidad a cambio de la desmovilización. La intervención de Bermúdez significa, en consecuencia, que en el Gobierno no hay intenciones de explorar un diálogo, que es una alternativa todavía desprestigiada por el fracaso del proceso en el Caguán.
Existen otras hipótesis: la fragmentación de las Farc, que ya no volverían a contar con un mando unificado; su conversión en un grupo pequeño y marginal, pero con capacidad de adelantar acciones terroristas; el diálogo con algunos frentes mientras se mantiene la presión militar sobre otros; o la urbanización de la estrategia guerrillera, en universidades y ciudades. Lo único claro es que las Farc que se tomaron Las Delicias y Patascoy hace diez años, y que después conmocionaron al país con secuestros de políticos para buscar un canje, se quedaron en el pasado. 'Alfonso Cano' no solo tiene graves problemas, sino complejos dilemas.