Octubre 15 de 2008

Ocho de cada 10 créditos aprobados son informales

Los más afectados son microempresas y hogares de estratos 1, 2 y 3, con tasas superiores al 275 por ciento anual.

Carlos, un vendedor de frutas, repite la misma rutina todos los días: pedir prestado para comprar la mercancía. Su jornada empieza a las 4:00 a.m. en el mercado de abastos del sur de Bogotá, a donde regresa cinco horas después con la plata que le prestaron más el 20 por ciento de interés. "Me cobran por hora -dice-. Es la única forma que tengo de sobrevivir y me toca endeudarme para que mi familia coma".

En el barrio Quiroga de la capital, Flor Alba, de 55 años, vive de vender tamales y les paga a los prestamistas 40.000 pesos semanales por un crédito de 200.000. "Trabajo para pagar la deuda -afirma-. Nadie me presta la plata y me toca pagar esos intereses porque no tengo otra opción".

En Buenaventura, Juan Carlos ha sido sentenciado a muerte dos veces por los prestamistas, cuando se atrasa en el pago del crédito. "Eso de las deudas es sagrado y si uno no responde paga con la vida -sostiene-. Muchos han dudado de las amenazas y hoy están bajo tierra".

Los casos de Carlos, Flor Alba y Juan Carlos son apenas una pequeña muestra de un fenómeno generalizado conocido como crédito 'gota a gota', una siniestra modalidad de préstamo informal que se ha extendido por todo el país y que según conocedores del tema representa ocho de cada 10 créditos aprobados, que son ajenos a las regulaciones del sistema financiero. "Es un cáncer que nos está consumiendo y no le hemos encontrado remedio

-dice el analista económico Jorge Martínez-. Lo grave es que, como toda enfermedad mortal, cuando se le ponga el 'tatequieto' será demasiado tarde".

Según un informe sobre la realidad del crédito informal en Colombia, preparado por el Programa Midas de la Agencia para el Desarrollo de Estados Unidos, Usaid, los colombianos están acudiendo más a este tipo de préstamos que a los bancarios porque son ágiles, no exigen tanto papeleo, requisitos y garantías, y son adjudicados con la sola presentación de la cédula y una recomendación.

Según el informe, más de 2,5 millones de hogares, sobre todo de los estratos 1, 2 y 3, y más de 400.000 microempresas acuden a este sistema extrabancario para endeudarse, y las deudas superan los 2,4 billones de pesos.  "Los bancos podrían atender a esta población pero no lo hacen porque hay límites a las tasas de interés y los costos de operación de estos créditos son muy altos -explica Mariana Paredes, asesora de Midas Usaid-. Si eliminaran esos límites habría más posibilidades de que los bancos prestaran dinero en condiciones más flexibles".

Expertos estiman que el crédito 'gota a gota' es utilizado hoy por cuatro de cada cinco colombianos que se ven obligados a endeudarse a tasas de interés promedio superiores al 275 por ciento anual. Es decir, casi nueve veces por encima de la tasa de usura de los bancos que es de 31,53 por ciento para créditos de consumo. "El 'gota a gota' tiene arruinados a los más pobres pero es la única opción que tienen para salir adelante porque los bancos no les prestan -señala Paredes-. Y el problema es que con la crisis actual el fenómeno seguirá en alza".

Trampa mortal

El crédito 'gota a gota' presenta un problema adicional que preocupa a las autoridades, y es que muchos asumen estos préstamos para poner el dinero en manos de empresas captadoras ilegales que les prometen multiplicarlo en corto tiempo. Se calcula que existen 240 empresas ilegales de esta naturaleza en todo el país y que uno de cada 40 colombianos tiene metida plata en este negocio, que es conocido como el de las pirámides. "La quimera de las pirámides está llevando a que muchos se endeuden con el fin de hacer rendir mejor su platica -explica Alfonso Garzón, presidente de Asocambiaria-. Lo grave es que están jugando con candela y pueden quemarse y terminar peor de lo que estaban, porque es una actividad ilegal sin garantías".

Por otra parte, y contrario a lo que sucede con un crédito bancario, el cobro de los préstamos ilegales se hace a las buenas o a las malas. "Si no pagan, los acreedores saben que su vida y la de su familia es la que está en juego -asegura el analista Jorge Daniel Rodríguez-. Y aunque no hay una investigación que lo sustente, no cabe duda de que muchas muertes en las regiones están relacionadas con esta grave situación".

Para las autoridades es claro que detrás de muchos de los prestamistas ilegales están las oficinas de cobro de la mafia que estarían lavando dinero y apropiándose de negocios legales mediante créditos a pequeños comerciantes que operan en la legalidad pero que, ahorcados por las tasas de interés, acaban entregando sus activos. El problema se agrava aún más porque la gente por miedo y por amenazas no se atreve a denunciar. "Tuve que irme de Ibagué porque me amenazaron -dice Ferney Garzón, ex asesor del Banco Agrario-.

Llegué a promocionar los servicios del banco y se me acercaron unas personas y me dijeron que esa zona era de ellos, que me debía ir de allí y si seguía molestando tenía que atenerme a las consecuencias".

El fenómeno crece ante la impotencia de las autoridades para detenerlo y de los acreedores que, aun a sabiendas de los altos intereses y los graves riesgos que implica un crédito 'gota a gota', siguen acudiendo a este tipo de endeudamiento. Como dice Carlos, un pequeño comerciante de Cali, la disyuntiva es "o morir de hambre sin el 'gota a gota' o morir de un tiro por él, pues al fin y al cabo es la misma muerte".

2,4 billones de pesos tendrían en deudas los colombianos que acuden al 'gota a gota'.  

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