Los victimarios deben ganárselo y solo las víctimas pueden concederlo.
El 5 de junio, en el Palacio de Justicia de Medellín, por quinta vez en desarrollo del proceso de Justicia y Paz, víctimas y victimario estuvieron cara a cara. El ex jefe paramilitar Éver Veloza, 'H.H.', tuvo que enfrentar por primera vez la mirada de las madres de Álvaro de Jesús Gómez, Juan Bautista Durango, Alexis Urrego y Víctor Duarte, y de la hija de Alberto Guisao, desaparecidos por orden suya, en Medellín, al término de un partido de fútbol el 28 de marzo de 2000.
La tensión se sentía en la sala adecuada para evitar el contacto físico entre víctimas y victimario. Las mujeres esperaban a Veloza desde las 11:00 a.m. Querían mirarlo a los ojos, exigirle la verdad. El encuentro ocurrió a las 5:00 p.m. "En el ambiente se percibía mucha rabia y desazón por parte de las víctimas y cierta frialdad de 'H.H.' ", relata la fiscal.
El paramilitar rompió el silencio y confesó que sus hombres habían desaparecido a las víctimas en San Jacinto, un corregimiento del Bajo Cauca antioqueño y que sus cuerpos habían sido arrojados al río y, lastimosamente, no podían ser recuperados. Las mujeres le rogaron que al menos les dijera la fecha de la muerte para poder hacerles un entierro simbólico con una lápida en la que estuvieran escritas las fechas de nacimiento y muerte. "No recuerdo", dijo 'H.H.' "¿Por qué los mató?" le preguntaron con el dolor reflejado en sus caras. "Porque lamentablemente estábamos en una guerra y los muchachos fueron víctimas de esa guerra", les respondió 'H.H.'.
Éver Veloza las miró una a una y les pidió perdón. "Necesito reconciliarme con Dios, con la sociedad, conmigo mismo", les dijo. La hija de Alberto Guisao, le respondió furiosa: "No lo perdono porque usted me quitó a mi papá, que era lo que más quería, y el derecho a crecer a su lado". Irene, madre de Alexis, aseguró: "No puedo ser hipócrita, el corazón no me permite perdonarlo".
'H.H.' guardaba silencio. Entonces, la madre de Juan Bautista lo miró y afirmó: "Lo perdono de corazón". Por su parte, Lilia Alzate, madre de Álvaro, solo atinó a decir: "Le pido perdón a Dios porque en este momento no tengo corazón para perdonarlo". Y la madre de Víctor, Elizabeth, pidió tiempo para pensarlo. "Estoy confundida", dijo.
Irene sostiene que fue una desfachatez la forma en que 'H.H.' les pidió perdón. "Solo de recordar esa cara siento rabia -afirma-. Yo misma le insistí a la fiscal que me dejara mirarlo a la cara porque hace días quería decirle muchas cosas, pero cuando lo vi se me olvidó todo".
Camino al perdón
El cara a cara de 'H.H.' con cinco familiares de sus miles de víctimas se suma al que sostuvo el 29 de abril de este año la madre de un agente del DAS desaparecido por hombres de Ramiro Vanoy, y al que hubo entre Raúl Hasbún y unos campesinos a quienes les quitó su tierra en Urabá. Por fuera de las versiones libres, el 28 de septiembre de 2006, en la cárcel de Itagüí, Diego Murillo, 'don Berna', se reunió con 15 mujeres de la organización Madres de la Candelaria. El impacto del encuentro fue tan fuerte, que una de ellas, Teresita Gaviria, se desmayó. No pudo soportar ver de frente al hombre que hace 10 años ordenó la desaparición de un hermano, un sobrino y su hijo Christian.
Teresita recuerda hoy la primera cita con un victimario y cuenta que aunque el encuentro era para exigirle la verdad sobre los desaparecidos, terminaron hablando de perdón luego de que 'don Berna' le explicó que la orden de desaparecerlos la dio Ramón Isaza. Considera que es posible conceder el perdón pero que no puede haber impunidad. "Perdonar es un proceso muy largo, uno no olvida -dice-. Ya pasé la ira y ahora lo que necesito es fortaleza para poder hallar a mi Cristian".
Según Amparo Mejía, otra líder de las Madres de la Candelaria, esos encuentros sirven para aliviar en parte el duelo. "Al mirar a los ojos al paramilitar le decimos: 'Usted me arruinó la vida', y él pide perdón pero no sé si es sincero -afirma-. Pero lo cierto es que aunque uno quisiera hacerles lo mismo que ellos hicieron con nuestros familiares, es inútil seguir alimentando el rencor y tenemos que dar un paso a la reconciliación".
Luis González, director de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, señala que los cara a cara que se han dado son excepcionales y que se han hecho a petición de las víctimas que expresan la necesidad de mirar a los ojos a los verdugos. "Creo que de esa manera pueden darse un poco de paz y disipar al menos parte de sus dudas -sostiene González-. Pero aún el país no está listo para hablar de perdón y será un proceso lento que podrá abrir nuevas heridas si no hay una preparación adecuada". Cree, sin embargo, que tarde o temprano el escenario del perdón va a ampliarse.
Y es que lo primero que hay que entender es que solo las víctimas están en capacidad de perdonar y no están obligadas a hacerlo. Es un proceso largo, interno y complejo que va más allá de la voluntad de perdonar, y de la confesión de la verdad por parte de los victimarios. Según una investigación realizada por la Fundación Ideas para la Paz sobre lo que está pasando en las versiones libres con víctimas y victimarios, los paramilitares están convencidos de que tienen derecho a ser perdonados por el solo hecho de haberse desmovilizado. "Consideran que hicieron suficiente con haber dejado las armas, lo ven como un acto de contrición", explica María Victoria Llorente, directora de la Fundación.
Pero las cosas no son tan sencillas. "Perdonar no es obligación y los victimarios se equivocan si sienten que tienen que ser perdonados -asegura Llorente-. Es una posición muy cómoda, parecería que están entendiendo el perdón como olvido y eso no es así".
Mientras Jaime Jaramillo Panesso, miembro de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, sostiene que el tema del perdón debe empezar a trabajarse desde ya. "Si el objetivo es avanzar en un proceso sólido de reconciliación que evite la impunidad, debe fortalecerse la idea de que los paramilitares y ahora los guerrilleros que están en Justicia y Paz deben ganarse el perdón", afirma el comisionado.
Jaramillo recuerda su propia experiencia: su hijo Fidel fue asesinado en 2002 por orden de la guerrillera Nelly Ávila, 'Karina', que ahora busca acogerse a la Ley de Justicia y Paz. "No le concederá el perdón mientras no lo merezca -sostiene-. He observado a 'Karina' desde la sala de víctimas en tres sesiones de versión libre y hasta ahora no ha reconocido ese crimen. El perdón no se regala, no se pone en feria porque de lo contrario el asesino no hará esfuerzo".
Y añade que no le interesa tener un cara a cara con la ex guerrillera de las Farc.
Desmond Tutu, Premio Nobel de Paz en 1984, fue clave en el proceso para ponerle fin al régimen del apartheid en Sudáfrica y como cabeza de la Comisión de Verdad y Reconciliación -creada por Nelson Mandela recién elegido presidente- ha dicho en varias oportunidades: "El perdón es una absoluta necesidad para la continuación de la existencia humana, sin perdón y sin reconciliación no tiene futuro la humanidad".
Sin embargo, cabe repetir que solo las víctimas pueden perdonar y que nadie puede forzarlas a ello. Que para perdonar la víctima tiene que estar en condición de otorgarlo o de rehusarse, exigiendo verdad y justicia, y que solo puede concederlo cuando el que causó el daño explica por qué lo hizo, muestra un genuino arrepentimiento y pide perdón a quien hizo daño. Sólo así es posible la reconciliación. Pero eso no significa olvidar, pues la memoria es lo que impide que el pasado se repita. ¿Qué tan lejos están los colombianos de un proceso como este?
En Sudáfrica
En febrero de 1990, el presidente De Klerk anunció en el Parlamento: "El tiempo de la violencia ha terminado, la hora de la reconstrucción y la reconciliación ha llegado". Días después, Nelson Mandela salió de prisión y se legalizaron los movimientos de oposición. Se impuso una transición pactada que dio lugar a un proceso de negociación.
En diciembre de 1993, la Convención para la Sudáfrica Democrática aprobó la Constitución interina con una cláusula sobre amnistía en función de la reconciliación y la reconstrucción del país, e hizo explícita la necesidad y voluntad de reconciliación de los pueblos sudafricanos. En ese marco nació la idea de la Comisión de Verdad y Reparación que encabezó el obispo anglicano Desmond Tutu, Premio Nobel de Paz 1984, y quien entendía el valor que la comunidad daba al ubuntu, un concepto que alude a la dignidad e integridad humanas y que se resume en: "Soy persona a través de otras personas".
La CVR vio pasar más de 20.000 víctimas y de 7.000 victimarios, 10 por ciento de los cuales fueron amnistiados. Tenía dos incentivos para atraer a la gente a dar testimonio: amnistía para los responsables y reparación para las víctimas. Y los objetivos eran: describir qué pasó y confrontar a los victimarios, y hacerlos reflexionar sobre si eran monstruos o seres humanos, y dejarlos decidir entre el castigo y la reconciliación.
Para los africanos reconciliación es sinónimo de salvación y no es solo una cuestión de perdón, sino de reparación de las partes destruidas y para lograrlo cada uno tiene que aportar para curar las heridas. La exposición pública de las ofensas fue la principal condena y permitió situaciones de catarsis colectiva con momentos de extraordinaria emoción en las audiencias, que fueron transmitidas por TV.
A diferencia del caso colombiano, en Sudáfrica se antepuso la reconciliación a la justicia y tuvo como rasgo distintivo la invocación del perdón por encima de la reparación.