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Según Amparo Mejía, otra líder de las Madres de la Candelaria, esos encuentros sirven para aliviar en parte el duelo. "Al mirar a los ojos al paramilitar le decimos: 'Usted me arruinó la vida', y él pide perdón pero no sé si es sincero -afirma-. Pero lo cierto es que aunque uno quisiera hacerles lo mismo que ellos hicieron con nuestros familiares, es inútil seguir alimentando el rencor y tenemos que dar un paso a la reconciliación".
Luis González, director de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, señala que los cara a cara que se han dado son excepcionales y que se han hecho a petición de las víctimas que expresan la necesidad de mirar a los ojos a los verdugos. "Creo que de esa manera pueden darse un poco de paz y disipar al menos parte de sus dudas -sostiene González-. Pero aún el país no está listo para hablar de perdón y será un proceso lento que podrá abrir nuevas heridas si no hay una preparación adecuada". Cree, sin embargo, que tarde o temprano el escenario del perdón va a ampliarse.
Y es que lo primero que hay que entender es que solo las víctimas están en capacidad de perdonar y no están obligadas a hacerlo. Es un proceso largo, interno y complejo que va más allá de la voluntad de perdonar, y de la confesión de la verdad por parte de los victimarios. Según una investigación realizada por la Fundación Ideas para la Paz sobre lo que está pasando en las versiones libres con víctimas y victimarios, los paramilitares están convencidos de que tienen derecho a ser perdonados por el solo hecho de haberse desmovilizado. "Consideran que hicieron suficiente con haber dejado las armas, lo ven como un acto de contrición", explica María Victoria Llorente, directora de la Fundación.
Pero las cosas no son tan sencillas. "Perdonar no es obligación y los victimarios se equivocan si sienten que tienen que ser perdonados -asegura Llorente-. Es una posición muy cómoda, parecería que están entendiendo el perdón como olvido y eso no es así".
Mientras Jaime Jaramillo Panesso, miembro de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, sostiene que el tema del perdón debe empezar a trabajarse desde ya. "Si el objetivo es avanzar en un proceso sólido de reconciliación que evite la impunidad, debe fortalecerse la idea de que los paramilitares y ahora los guerrilleros que están en Justicia y Paz deben ganarse el perdón", afirma el comisionado.
Jaramillo recuerda su propia experiencia: su hijo Fidel fue asesinado en 2002 por orden de la guerrillera Nelly Ávila, 'Karina', que ahora busca acogerse a la Ley de Justicia y Paz. "No le concederá el perdón mientras no lo merezca -sostiene-. He observado a 'Karina' desde la sala de víctimas en tres sesiones de versión libre y hasta ahora no ha reconocido ese crimen. El perdón no se regala, no se pone en feria porque de lo contrario el asesino no hará esfuerzo".
Y añade que no le interesa tener un cara a cara con la ex guerrillera de las Farc.
Desmond Tutu, Premio Nobel de Paz en 1984, fue clave en el proceso para ponerle fin al régimen del apartheid en Sudáfrica y como cabeza de la Comisión de Verdad y Reconciliación -creada por Nelson Mandela recién elegido presidente- ha dicho en varias oportunidades: "El perdón es una absoluta necesidad para la continuación de la existencia humana, sin perdón y sin reconciliación no tiene futuro la humanidad".
Sin embargo, cabe repetir que solo las víctimas pueden perdonar y que nadie puede forzarlas a ello. Que para perdonar la víctima tiene que estar en condición de otorgarlo o de rehusarse, exigiendo verdad y justicia, y que solo puede concederlo cuando el que causó el daño explica por qué lo hizo, muestra un genuino arrepentimiento y pide perdón a quien hizo daño. Sólo así es posible la reconciliación. Pero eso no significa olvidar, pues la memoria es lo que impide que el pasado se repita. ¿Qué tan lejos están los colombianos de un proceso como este?
En Sudáfrica
En febrero de 1990, el presidente De Klerk anunció en el Parlamento: "El tiempo de la violencia ha terminado, la hora de la reconstrucción y la reconciliación ha llegado". Días después, Nelson Mandela salió de prisión y se legalizaron los movimientos de oposición. Se impuso una transición pactada que dio lugar a un proceso de negociación.