Ocho de los más importantes representantes de las Farc en el exterior ya no podrán moverse a sus anchas en el mundo entero porque las autoridades de Estados Unidos decidieron incluirlos en la denominada lista Clinton.
El primero de esos embajadores subversivos en ser señalado es Francisco Cadena Collazos, 'Oliverio Medina' o 'el Cura Camilo', un sacerdote que ingresó a las Farc en 1983 y en poco tiempo logró hacer parte del secretariado. En agosto de 2005 fue capturado en Brasil, pero gracias a sus contactos en ese país las autoridades negaron su extradición a Colombia y le reconocieron el estatus de refugiado político.
Otro diplomático de las Farc incluido en la lista negra del Departamento del Tesoro estadounidense es Nubia Calderón de Trujillo, 'Esperanza', quien desarrolló sus actividades por más de 10 años en Ecuador, Bolivia y Perú. Hace tres meses el gobierno de Nicaragua le otorgó asilo político después de salir con vida del campamento donde murió 'Raúl Reyes' el 1° de marzo pasado.
Tampoco se salvó Liliana López Palacios, 'Olga Marín', quien montó su centro de operaciones en Venezuela y México al lado de 'Marco León Calarcá', el denominado canciller de las Farc en la década de los 90. En Panamá, muy cerca de 'Marín', se movía otro de los señalados por Estados Unidos: Ovidio Salinas Pérez, quien estableció negocios de tráfico de armas con grupos delincuenciales de Centroamérica.
Al lado de estos cacaos también aparecen Jorge Dávalos Torres, Orlay Jurado Palomino, Jairo Alfonso Lesmes Bulla y Efraín Trejo Freire, quienes hacían parte de la comisión internacional de las Farc en Venezuela, Perú, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay.
Adam Szubin, vocero del Departamento del Tesoro, explicó que "por medio de su servicio a las Farc como representantes y negociadores internacionales, estas personas suministran apoyo material a una organización narcoterrorista. Estos individuos trabajan en el exterior para obtener reclutas, apoyo y protección para los actos de terrorismo de las Farc".
Para algunos analistas este es uno de los golpes más importantes contra la estructura guerrillera durante este año, pues se trata de personas que tuvieron la sensible misión de llevar por el continente el mensaje insurgente. Todos aparecen mencionados en los computadores de Raúl Reyes decomisados por el Ejército colombiano tras el bombardeo del campamento donde murió el número dos de las Farc.
Pero más allá de su significado legal, la inclusión de representantes de las Farc en la lista Clinton tiene implicaciones políticas porque fortalece la percepción de que la guerrilla ha perdido su significado político y que en los últimos años se ha involucrado en el narcotráfico.
Esto, sin duda, le cierra espacios en el campo internacional, y en especial en Estados Unidos, donde el narcotráfico es tratado con una sensibilidad especial. El INRI de narcos, para estos miembros de las Farc es, seguramente, un elemento adicional que dificulta la interlocución política con otros gobiernos. Y que, en consecuencia, contribuye a su aislamiento.