General (r) Rito Alejo del Río fue capturado

El general Rito Alejo del Río, en sus épocas de comandante de la Brigada XVII del Ejército, con sede en Carepa, población del Urabá antioqueño. Foto: AFP

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"No estoy de acuerdo con que a mí me digan 'el monstruo de Urabá' y al general Rito Alejo del Río lo llamen 'el Pacificador'", dijo Éver Veloza, el ex jefe paramilitar conocido como 'H.H.', en una de sus audiencias ante fiscales de Justicia y Paz, el 3 de junio de este año.

Su frase fue el preámbulo de la cruda descripción que el ex jefe de los bloques Bananero y Tolima de las Auc hizo sobre la criminal alianza entre sus escuadrones y la XVII Brigada del Ejército, entre 1995 y 1997, cuando la unidad militar estaba a cargo del general Del Río. Fueron los tiempos en que por los ríos Atrato y Cauca bajaban los cadáveres de las víctimas de una ofensiva sin antecedentes en las zonas de colonos en los límites de Antioquia y Chocó.

Pero además de las afirmaciones, 'H.H' -ad portas de ser extraditado a los Estados Unidos- lanzó una serie de preguntas:  "¿Dónde está ese 'pacificador' que nos permitía movernos libremente por su jurisdicción? ¿Dónde está el 'pacificador' que nos pasaba información a nosotros para que hiciéramos el trabajo sucio? ¿Dónde está el 'pacificador' que enviaba a sus tropas a patrullar con nosotros y que nos abría las puertas de sus cuarteles?". Un tenso silencio se apoderó de la sala donde las víctimas seguían la sesión, en el edificio José Félix Restrepo, principal sede judicial de Medellín.

Era el segundo testimonio contra el general Del Río. El primero lo había dado Salvatore Mancuso en mayo de 2007, cuando se refirió al General como uno de los 'jinetes' de un proyecto que, según él, convirtió el paramilitarismo en una política de Estado.

En las actas de las primeras audiencias, Mancuso se refirió a Del Río como un interlocutor directo de Carlos Castaño e incluso narró algunos de los encuentros periódicos que tenían con el propósito de hacerle seguimiento a la estrategia diseñada en forma conjunta para "limpiar" a Urabá de focos guerrilleros, y en desarrollo de la cual campesinos y colonos fueron asesinados o expulsados y sus tierras utilizadas para proyectos de palma africana.

Testigos de cargo

El epicentro de las reuniones era la finca La 21, en San Pedro de Urabá. En ellas, según Mancuso, Castaño siempre estuvo acompañado por él mismo y por Freddy Rendón, 'el Alemán'. Y en cuanto a Del Río, dijo que "llegaba en helicóptero civil, pero siempre se presentaba uniformado". También afirmó que los miembros del 'estado mayor' de Castaño visitaron varias veces las oficinas de comando del general Del Río en Carepa. Y agregó: "Yo era uno más dentro de esa brigada".

Mancuso y 'H.H' coincidieron en una versión según la cual Del Río, con mapas de campaña y órdenes de operaciones en mano, les indicaba las áreas donde los hombres de las Auc podían concentrar sin problemas a los reclutados y aquellas donde podían habilitar centros de entrenamiento o actuar a sus anchas.

Las versiones de los dos ex jefes paramilitares son piezas sustanciales de un expediente de más de 9.500 folios sobre por lo menos 1.700 crímenes perpetrados en Jiguamindó y Curvaradó, Vigía del Fuerte, Pavarandó, Cacarica, San José de Apartadó y Dabeiba, en la época aciaga en la que Del Río estuvo al frente de la Brigada XVII, y que hasta ahora han estado en la impunidad.

Un equipo especial de investigadores de la Fiscalía ha verificado más del 80 por ciento de los relatos. "La carga crítica de evidencias que hemos acumulado nos permite pensar razonablemente que Del Río muy pronto tendrá que darle la cara la Justicia", le dijo a CAMBIO uno de los fiscales. Según varias ONG defensoras de los Derechos Humanos sería una forma de enmendar un error histórico: el archivo del proceso que en 2001 llevó al General transitoriamente a la  cárcel.

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