José 'el Mono' Abello regresó a Santa Marta y ya fue objeto de un atentado que presagia otra guerra

Los dueños del hotel Tamacá, en Santa Marta, se encuentran bajo la lupa de las autoridades. José Rafael Abello Silva, 'el Mono' Abello (foto pequeña).

El regreso a sus antiguos dominios en Santa Marta de José Rafael Abello Silva, 'el Mono' Abello, amenaza con desatar una nueva guerra que tiene muy preocupadas a las autoridades.

Este hombre, que en los años ochenta fue uno de los más importantes capos del narcotráfico en la Costa Atlántica, fue detenido y extraditado en 1989, y un año más tarde condenado a 30 años de prisión, de los cuales pagó 18.

 El retorno de Abello a Santa Marta hace cinco meses ha removido fantasmas del pasado y todo indica que está enfrascado en una disputa con viejos narcotraficantes de la región que lo ven como una 'piedra en el zapato'. Al fin y al cabo el mundo del narcotráfico ha cambiado mucho desde su extradición y hoy no solo tiene nuevos capos sino que ha encontrado otros mercados en los que él parece estar dispuesto a incursionar otra vez.

 Así parece haber quedado demostrado el pasado fin de semana cuando dos hombres que se movilizaban en una moto acuática llegaron hasta la playa Inca Inca, a cinco minutos del corregimiento turístico de El Rodadero y dispararon contra Abello, quien salió levemente herido.

Los organismos de seguridad se dieron a la tarea de establecer los motivos del ataque y ya tienen una hipótesis al respecto, según la cual Abello regresó a Santa Marta y El Rodadero para retomar a la fuerza la propiedad de más de 121 bienes, valuados en 10 millones de dólares, 20.000 millones de pesos, que dejó en manos de testaferros cuando fue extraditado.

Para recuperar su fortuna el narcotraficante se ha valido, según las fuentes consultadas por CAMBIO, de sicarios al servicio de la llamada 'Oficina' de Envigado en Antioquia y de miembros de la banda emergente conocida como 'Los Nevados', que a través de visitas personales amenazan con asesinar a quienes tienen la propiedad o la tenencia de esos bienes.

Otras versiones indican que en Santa Marta existen decenas de testaferros de Abello que se habrían comprometido a administrar sus bienes hasta cuando saliera libre de la cárcel de Lousiana, Estados Unidos. "El que se opone a devolver los bienes recibe la visita de un paramilitar enviado por él", dijo a CAMBIO un oficial de la Policía que investiga el asunto.

Los Olarte

Inicialmente ninguna autoridad explicó los alcances del atentado que sufrió el narcotraficante mientras disfrutaba de un día de descanso en una playa local. Sin embargo, algunos medios de comunicación se preguntaron por el papel que habrían jugado en ese episodio los miembros de la familia Olarte.

CAMBIO encontró que los Olarte son una familia tradicional de la Costa, propietaria de empresas de palma africana y del hotel Tamacá, uno de los más reputados de la región.

La idea de que los Olarte pudieran estar detrás del atentado la tienen algunos investigadores de la Fiscalía que recibieron una denuncia de parte de Aristóteles Olarte en la que compromete a Abello en un caso de extorsión a su familia.

El 10 de junio pasado, Olarte, quien en 1992 pagó una condena por narcotráfico y tiene anotaciones de un juzgado por el presunto delito de homicidio culposo y lesiones personales, se presentó a las instalaciones del búnker de la Fiscalía en Bogotá donde aseguró que su familia era objeto de una reclamación por parte de Abello.

"Mi hermano Boris Olarte estuvo preso en Estados Unidos y decidió colaborar con las autoridades de ese país. Entonces habló, junto con 27 testigos, del señor Abello. Tengo entendido que a él (Abello) le hicieron extinción de dominio por 10 millones de dólares. Él regreso hace pocos días a Colombia y buscó a mi familia para que le entreguemos el 10 por ciento de lo que le quitaron", dijo Olarte a los investigadores.

En el mismo relato, Olarte aseguró que para hacer ese cobro Abello se ha valido de delincuentes cercanos a la 'Oficina' de Envigado, que supuestamente lo han visitado en su hotel en repetidas ocasiones. CAMBIO contactó a Olarte para escuchar su versión y confirmó lo dicho en su declaración a las autoridades. Sin embargo, desestimó que su familia o él pudieran estar detrás del atentado.

No obstante, las autoridades prendieron las alarmas y enfocaron sus esfuerzos para establecer hasta dónde esta familia, algunos de cuyos integrantes tienen anotaciones judiciales por vínculos con el narcotráfico, están detrás de la guerra que propició la presencia de Abello en la capital del Magdalena.

La alarma es general porque no solo se trata de la presencia de un viejo narcotraficante en la ciudad que alteró el orden público, sino que con él pudieron haber llegado nuevas estructuras delincuenciales, del mismo corte de los paramilitares, que por muchos años controlaron la región y desataron una ola de violencia que la mayoría ha querido olvidar.  

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