Tiene raíces ideológicas, dimensiones históricas, y afecta la relación entre Gobierno y oposición.
Quienes conocen el temperamento frío y calculador del jefe único del Partido Liberal, César Gaviria, no dejaron de sorprenderse este miércoles cuando, aún convaleciente de una neumonía, se fue lanza en ristre contra el presidente Álvaro Uribe. Lo hizo en La W Radio en una entrevista en la que soltó frases de alto calibre. "No entiendo por qué en la Casa de Nariño siguen llorando la muerte de Pablo Escobar"; "el Presidente no se cansa con sus bellaquerías y con sus infamias, y se pone a buscar cosas en la historia que no pasan de ser rumores perversos"; "¿que nos apoyamos en unos delincuentes para apoyar a Escobar? Pues sí. Hicimos lo que hace el presidente Uribe para combatir a las Farc, pero alianzas nunca", fueron algunas de las frases que pronunció indignado.
El martes, los congresistas liberales que asistían a la habitual Junta de Parlamentarios notaron la molestia de Gaviria por los cada vez más frecuentes ataques de Uribe para descalificar su gestión e insinuar vínculos de miembros de su gobierno con organizaciones criminales. "A esto hay que ponerle un tatequieto -les dijo el ex Presidente a los congresista, minutos antes de iniciar la reunión en la sede del Partido-. Uribe no nos puede ofender impunemente".
Los ánimos venían caldeándose de tiempo atrás. Ni siquiera el llamado del vicepresidente Francisco Santos a desarmar los espíritus y sacar la bandera blanca sirvió para que Uribe les bajara la temperatura a las controversias que mantiene con la Corte Suprema, el Partido Liberal y el Polo Democrático. Estaba furioso por los cuestionamientos hechos al Gobierno por haber recibido en la Casa de Nariño a dos emisarios de 'Don Berna': el abogado Diego Álvarez, y un desmovilizado conocido como 'Job', ex miembro de la tenebrosa 'Oficina' de Envigado, asesinado el 28 de julio en Medellín.
Y aunque reconoció públicamente las visitas, mostró registros e imágenes y explicó las razones de ella, quedó cargado de tigre y le dijo a su círculo más cercano que no aceptaba que pusieran en tela de juicio su autoridad moral para enfrentar a los delincuentes y que no dejaría que el episodio fuera utilizado por la oposición para afectar la integridad de su mandato. Por eso su respuesta a la invitación del Vicepresidente en el sentido de que le "daba mucha lidia" quedarse callado y rehuir los debates o "disfrazarlos con palabras bonitas". Y por eso mismo la carga de artillería pesada contra Gaviria. Así, habilidosamente, logró cambiar el foco del debate y convirtió al ex Presidente liberal en blanco de tiro y lo acusó de haberse aliado con 'Los Pepes' para perseguir a Pablo Escobar.
La munición fue suficiente para desbordar la paciencia de Gaviria, que decidió salirle al quite. Así quedó en evidencia cuando él mismo llamó a La W para defenderse de los señalamientos presidenciales y para refutar en directo las afirmaciones del abogado Gustavo Salazar, defensor de miembros del cartel de Medellín y de 'Los Pepes', que acababa de afirmar que el ex Presidente había montado un tinglado jurídico para proteger a 'Los Pepes' y que se valió del Decreto 264 de 1993 para que la Fiscalía indultara a los miembros de esa organización como pago por su apoyo a la guerra contra Escobar.
Terreno minado
Gaviria rechazó la versión, explicó que la norma fue expedida para reglamentar el funcionamiento de la naciente Fiscalía General, y dijo que el organismo extralimitó las atribuciones que le confería la norma y terminó concediendo un indulto extralegal a un grupo conocido como 'Los 12 del patíbulo', la plana mayor de 'Los Pepes'. Además, aseguró que la información que aportaron 'Los Pepes' en la guerra contra Escobar fue manejada por los organismos de seguridad y agentes con facultades de Policía Judicial, para marcar un contraste con el episodio de los emisarios de 'Don Berna': "Hasta donde yo sé, el secretario jurídico de la Casa de Nariño o el jefe de Prensa no tienen facultades de Policía Judicial".
Insistió también en que los destacados éxitos del Gobierno de Uribe contra las Farc, como la Operación Jaque, fueron posibles gracias a información obtenida con gente del grupo armado. "La información no la obtuvieron precisamente de angelitos", dijo.
Pero las cosas no pararon ahí. El ex Presidente sembró una mina más. Dijo que los nexos del Gobierno actual con quienes hicieron parte de 'Los Pepes' son muy estrechos Hizo referencia a nombres concretos y mencionó a Luis Enrique Ramírez, 'Micky' Ramírez, a quien Finagro le prestó 29.000 millones de pesos. Pidió seguir la huella de 'Los Pepes' en el sector de las telecomunicaciones, donde ex miembros del grupo tendrían millonarias inversiones, y se refirió al caso del senador Juan Fernando Cristo, señalado por el Presidente de tener vínculos con el controvertido empresario César Villegas, quien estuvo preso por el Proceso 8.000: "Si alguien conoció muy bien al señor Villegas fue el hoy presidente Uribe, que lo nombró subdirector de Planeación de la Aeronáutica", afirmó.
Al Congreso
Fiel a su estilo de defenderse atacando, Uribe logró, al menos de manera transitoria, desviar la atención del debate sobre la visita de los emisarios de la mafia a la Casa de Nariño y provocó una controversia de carácter histórico, que se remonta a 15 años atrás y que nada tiene que ver con los escándalos que salpican a su gobierno.
El tono que ha alcanzado la controversia, así como el peso específico de los protagonistas, permite pensar que la pelea apenas comienza, y todo parece indicar que el enfrentamiento pasará de los micrófonos a los recintos del Congreso, donde los alfiles del Gobierno, encabezados por el movimiento Convergencia Ciudadana, tienen lista una carpeta de documentos con los que pretenden probar la supuesta alianza de la administración Gaviria con miembros de la mafia en tiempos de Escobar. La carpeta la lleva bajo el brazo el senador Samuel Arrieta, presidente de Convergencia Ciudadana, quien según las malas lenguas ha sido instruido directamente por Palacio.
CAMBIO estableció que del dossier hacen parte el famoso Decreto 264, así como la resolución de la Fiscalía del 26 de julio de 1993 que concedió a miembros de 'Los Pepes', el grupo criminal del que hacían parte los llamados 'Los 12 del patíbulo': 'Micky' Ramírez, Armando Muñoz, Gustavo Tapias, Eugenio García, Benito Mainieri, Guillermo de Jesús Blandón, Frank Cárdenas, Luis Guillermo Ángel, 'Guillo', Giovanny Caicedo, Pablo Enrique Agredo, Hernán Emilio Sepúlveda y Gabriel Puerta Parra, extraditado a Estados Unidos a finales de 2006.
La bancada liberal prepara la defensa. Argumentará que el decreto fue expedido al amparo de la conmoción interior con el propósito de otorgar, por una sola vez, atribuciones especiales a la Fiscalía que en ese momento carecía de un estatuto orgánico. Es decir, que la tal estrategia que mencionan para atacar al Gobierno de Gaviria no existió y que las decisiones de la Fiscalía que favorecieron a miembros de 'Los Pepes' fue expedida bajo la responsabilidad del entonces vicefiscal general, Francisco José Sintura, quien entonces estaba encargado.
Pero más allá de lo que pueda salir del debate, la realidad es que el enfrentamiento Uribe-Gaviria tiene profundas connotaciones políticas. Son las dos figuras más influyentes de la política contemporánea y sus gobiernos han sido los más populares y reformistas de las últimas dos décadas, aunque desde orillas ideológicas opuestas. La Constitución del 91 y su filosofía garantista, que lidera Gaviria, y la de la seguridad que privilegia el uso de la fuerza legítima para la solución del conflicto armado, que encarna Uribe. Lo que hay en el fondo es una confrontación de proporciones históricas.
Efectos
Independientemente de las posibles consecuencias de largo plazo, Uribe y Gaviria son las cabezas visibles del Gobierno y del principal partido de oposición, y dado el grado de polarización a que han llegado parece casi imposible la colaboración en temas de la agenda legislativa y en asuntos vitales del Estado.
Desde el punto de vista individual, Uribe tiene, en principio, las de ganar. La última encuesta Invamer-Gallup, divulgada este miércoles, indica que aunque su imagen bajó siete puntos, el favorable sigue siendo inusitadamente alto ¿78 por ciento¿ para alguien que lleva seis años en el Gobierno. Gaviria, en cambio, tiene una imagen negativa del 50 por ciento, ocho puntos por encima desde la encuesta anterior, que podría atribuirse a la percepción de que en los últimos tiempos el ex Presidente había moderado su posición y se había acercado a Uribe ¿por ejemplo durante la crisis diplomática con Ecuador y Venezuela de comienzos de año¿. Pero cuando Gaviria ataca al Presidente pierde puntos y por eso es casi seguro que en este caso, en términos de popularidad, el ex Presidente liberal lleve las de perder.
El presidente Uribe gana también porque sus ataques a la oposición hacen parte de una estrategia para defenderse de los cuestionamientos, y la receta le ha funcionado. Y esta semana la enfiló contra el gobierno de Gaviria y sus supuestas relaciones con 'Los Pepes', para desviar la atención de las revelaciones sobre el ingreso a la Casa de Nariño de emisarios de 'Don Berna', y de los cuestionamientos por la permanencia en el Gabinete del ministro del Interior Fabio Valencia, cuyo hermano, el ex fiscal de Medellín, Guillermo Valencia Cossio, está en serios problemas por supuestos nexos con la mafia.
Al aceptar la pelea, Gaviria picó el anzuelo que le lanzó Uribe y el resultado neto es que el Gobierno del revolcón quedó en el banquillo de los acusados, puesto a la defensiva, a pesar de que cada día hay más miembros del círculo íntimo del Presidente, y de mayor nivel, bajo investigación de la Justicia. La Procuraduría inició indagaciones contra el Secretario Jurídico de la Presidencia y contra el jefe de Prensa por las reuniones con los controvertidos personajes de Antioquia; el secretario general, Bernardo Moreno, tiene un proceso por la 'Yidispolítica', lo mismo que su antecesor Alberto Velásquez, el ministro de Protección Social Diego Palacios, y el embajador en Italia Sabas Pretelt. No obstante, la pugnaz controversia entre Uribe y su antecesor acabó centrada en 'Los Pepes'.
La estrategia de Uribe implica riesgos altos. La ha repetido tantas veces que puede terminar desgastándose. La agresividad presidencial contra la oposición ya empieza a molestar hasta al propio vicepresidente Santos, un indicador de que en las entrañas del uribismo podría estar debilitándose la admiración por el estilo de gallo de pelea del Jefe del Estado.
La caída de siete puntos en su imagen en el último mes podría ser un reflejo de esa realidad. Uribe está acumulando demasiadas peleas y con rivales de mucho peso, y eso puede afectar la paz política. También puede convertirse en serio argumento contra la segunda reelección. El debae puede devolvérsele al Gobierno. A una administración que se ha presentado con credibilidad ante la opinión pública, como un proyecto de cambio para superar un pasado de connivencia con la delincuencia, le hace mucho daño que la cuestionen por ser complaciente con personajes de la mafia.
Más aún si, como afirma el ex presidente Gaviria, resulta que algunos de 'Los Pepes' que el propio Uribe sacó a la luz pública, tienen cercanía con Palacio. Si el corolario de la gresca es que los dos gobiernos, el de Uribe y el de Gaviria, tienen 'rabo de paja' en relación con su combate a las organizaciones ilegales, el gobierno de Uribe perderá la credencial con la que se presenta: como una administración que está rompiendo con el pasado. La arremetida de Gaviria denota por su tono y consistencia la intención evidente de llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. El Gobierno agotó la paciencia de un retador persistente y estratégico.
El paralelo entre la política de sometimiento del gobierno de Gaviria y el proceso de desmovilización de las Auc es una auténtica caja de Pandora. Ambos gobiernos hicieron concesiones a delincuentes que han cometido crímenes de lesa humanidad, pero a cambio de desarticular organizaciones mafiosas de escala mundial que le han hecho un enorme daño al país. La controversia está altamente politizada y constituye es una pelea de titanes que parecen dispuestos a todo, pero un debate con perspectiva y cabeza fría podría dejar valiosas conclusiones sobre si las concesiones fueron excesivas y valieron la pena, y los parámetros que serían aceptables en un futuro para tratar con las organizaciones criminales.