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La estrategia de Uribe implica riesgos altos. La ha repetido tantas veces que puede terminar desgastándose. La agresividad presidencial contra la oposición ya empieza a molestar hasta al propio vicepresidente Santos, un indicador de que en las entrañas del uribismo podría estar debilitándose la admiración por el estilo de gallo de pelea del Jefe del Estado.
La caída de siete puntos en su imagen en el último mes podría ser un reflejo de esa realidad. Uribe está acumulando demasiadas peleas y con rivales de mucho peso, y eso puede afectar la paz política. También puede convertirse en serio argumento contra la segunda reelección. El debae puede devolvérsele al Gobierno. A una administración que se ha presentado con credibilidad ante la opinión pública, como un proyecto de cambio para superar un pasado de connivencia con la delincuencia, le hace mucho daño que la cuestionen por ser complaciente con personajes de la mafia.
Más aún si, como afirma el ex presidente Gaviria, resulta que algunos de 'Los Pepes' que el propio Uribe sacó a la luz pública, tienen cercanía con Palacio. Si el corolario de la gresca es que los dos gobiernos, el de Uribe y el de Gaviria, tienen 'rabo de paja' en relación con su combate a las organizaciones ilegales, el gobierno de Uribe perderá la credencial con la que se presenta: como una administración que está rompiendo con el pasado. La arremetida de Gaviria denota por su tono y consistencia la intención evidente de llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. El Gobierno agotó la paciencia de un retador persistente y estratégico.
El paralelo entre la política de sometimiento del gobierno de Gaviria y el proceso de desmovilización de las Auc es una auténtica caja de Pandora. Ambos gobiernos hicieron concesiones a delincuentes que han cometido crímenes de lesa humanidad, pero a cambio de desarticular organizaciones mafiosas de escala mundial que le han hecho un enorme daño al país. La controversia está altamente politizada y constituye es una pelea de titanes que parecen dispuestos a todo, pero un debate con perspectiva y cabeza fría podría dejar valiosas conclusiones sobre si las concesiones fueron excesivas y valieron la pena, y los parámetros que serían aceptables en un futuro para tratar con las organizaciones criminales.
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