Agosto 27 de 2008

Universidad del Magdalena vive una encrucijada por disputas entre paramilitares y guerrilleros

El hecho de que en noviembre la Universidad elija su nuevo rector es el gran aliciente para los promotores de esta guerra que buscan hacerse a un gran fortín.

El 1º de agosto, a Juan Carlos Dib Diazgranados, quien desde abril de 2007 se desempeña como rector encargado de la Universidad del Magdalena, hombres fuertemente armados lo interceptaron cuando llegaba a su casa y le dijeron que si no renunciaba, lo asesinaban. "Un señor bajó de una moto, me puso una pistola en la frente y me dijo que debía renunciar -explicó-. Él me indicó que cumplía una orden y que si no me mataba, a él lo mataban". 

El caso de Dib Diazgranados, quien le confirmó a CAMBIO que pese a las amenazas se mantendrá en el cargo hasta noviembre cuando el Consejo Superior elija nuevo rector, evidencia las graves dificultades que está teniendo la Universidad del Magdalena, objeto de una disputa de grupos armados que, a sangre y fuego, quieren a toda costa tomar su control administrativo. La historia de esta violenta situación, que tiene en alerta a la comunidad académica, arrancó a finales de 1999 cuando, en la administración de Carlos Caicedo (1997-2006), directivos, profesores y estudiantes empezaron a recibir fuertes amenazas de grupos armados que les exigían abandonar la universidad, y si no lo hacían serían asesinados.

En el año 2000, esas intimidaciones empezaron a cobrar víctimas. Primero fue el líder estudiantil Hugo Maduro, luego, un año después, el vicerrector de Investigación, Julio Otero Muñoz,  y en septiembre de 2002, Roque Morelli, decano de Educación. Los crímenes, reconocidos por los paramilitares en las audiencias de Justicia y Paz, marcaron una huella de terror en el claustro que se llevó por delante a decenas de estudiantes y profesores, a los que les tocó desplazarse o exiliarse para sobrevivir.

A los crímenes e intimidaciones se sumó la disputa que vivieron el ex rector Carlos Caicedo y el ex gobernador Trino Luna, quien, según denuncian representantes académicos, se encargó de atizar la hoguera a través de una cruenta persecución política. "Para nadie es un secreto que lo que buscaba Luna era afianzar sus dominios en la Universidad -dice un directivo de esa institución-. Era obvio que a él no le importaba la autonomía académica sino el millonario presupuesto que manejaba la institución y la nómina burocrática que podía explotar entre sus amigos". Hoy el ex rector Caicedo está preso por peculado y el ex gobernador Luna sigue detenido por el escándalo de la parapolítica. 

  Lo cierto es que, según denuncian miembros de la comunidad académica, reductos guerrilleros y paramilitares, patrocinados desde las cárceles, están hoy enfrascados en esta nueva disputa. El hecho de que en noviembre la Universidad elija su nuevo rector es el gran aliciente para los promotores de esta guerra que buscan hacerse a un gran fortín: un aparato financiero de 50.000 millones de pesos -más que el presupuesto de la Alcaldía de Santa Marta y la Gobernación de Magdalena-, más de 900 cargos, 10.000 estudiantes y los proyectos de desarrollo más importantes de la región. 

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