La llegada del dirigente del Polo Democrático Tarsicio Mora a la presidencia de la CUT, en reemplazo del liberal Carlos Rodríguez, que estuvo seis años al frente de la principal central obrera del país, va a significar un revolcón en el sindicalismo. No en vano en la CUT, que agremia a 710 sindicatos y tiene 547.000 afiliados, existen dos corrientes políticas similares a las que se agitan en el seno del Polo: una de izquierda radical y otra llamada democrática. Y aunque Mora, tradicional y reconocido dirigente de Fecode, hace parte de la segunda, para llegar a la presidencia de la central obrera hizo alianzas con dirigentes del Partido Comunista y del Moir. Los mismos que tienen la sartén por el mango en el Polo.
La puja por los cargos directivos, incluido el de Mora, se convirtió en una especie de primarias del Polo, con miras a la consulta popular de octubre para escoger delegados al Congreso Nacional del año entrante. La puja la ganaron por estrecho margen los del ala dura, que puso 11 de los 21 miembros del Comité Ejecutivo, la máxima instancia de la CUT, entre ellos Gustavo Triana, segundo vicepresidente, del Moir; Alfonso Velásquez, tesorero, del PC, y Domingo Tovar Arrieta, secretario general, considerado radical entre los radicales. Los 10 restantes quedaron en manos del ala blanda.
"No me gusta opinar sobre los procesos internos de la CUT, pero lo importante es que todos sus directivos, lo mismo que los de Fecode, fueron elegidos en mayo por voto popular -le dijo a CAMBIO Angelino Garzón, ex ministro y fundador de la central obrera-. Más allá de su militancia política, todos sus dirigentes obedecen a la expresa voluntad de los trabajadores afiliados". Y el presidente saliente dice que espera que la nueva directiva "respete el mandato del V Congreso de la CUT". Al parecer uno y otro temen una posible radicalización que puede alejar a muchos afiliados.
Para salirle al paso a críticas y dudas, Mora asegura que por el hecho de ser del Polo no quiere decir que vaya a tomar las decisiones con criterio partidista. "La CUT es pluralista, refleja todas las tendencias políticas -dice el nuevo presidente-. Entre los afiliados hay liberales, conservadores, de Cambio Radical y de otros partidos uribistas". Pero anunció que en los cuatro años de su mandato intentará darle un giro al sindicalismo para abocar los principales problemas que aquejan a los colombianos, pobreza y desempleo, y prestarle atención a los movimientos campesinos y populares.
Y el futuro ¿qué?
¿Mora sacará al sindicalismo de la crisis? Para Álvaro Delgado, investigador del Cinep y estudioso del tema, no parece claro. "El sindicalismo no es un partido político sino una masa social y si esa masa social disminuye porque cada vez tiene menos afiliados, su poder se va perdiendo -explica-. No veo a la nueva directiva de la CUT cerca de los obreros que producen la riqueza nacional, no veo a Mora, que es del magisterio, organizando en las calles a la sociedad civil o, por ejemplo, trabajando por los desplazados". Delgado sostiene, además, que como el Polo quiere mostrarse radical fren-te a Uribe, eso le implica a Mora muchas amarras que le impiden tomar decisiones que respondan al querer popular.
En similar sentido se pronuncia un viejo directivo sindical que considera que las centrales obreras solo se muestran dos veces en el año: el 1° de mayo y en diciembre para negociar el salario mínimo. "No hacen nada por los demás problemas sociales del país", dice.
Razón no les falta a los críticos que consideran que los sindicatos no son ya los interlocutores de los más necesitados frente al Gobierno y los empresarios. Un ejemplo de esto es que dejaron solos a miles de trabajadores independientes que han encontrado múltiples inconvenientes o no saben cómo llenar la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes, y que han elevado sus voces de protesta en todo el país. "Esos son los temas de los que se ocupará la CUT durante mi gestión -asegura Mora-. El sindicalismo no puede quedarse encerrado entre cuatro paredes, tiene que abrirse al mundo, no puede ser ajeno a la dinámica del mundo globalizado".
Otro punto que seguramente generará controversia es el que anuncia Mora en el sentido de que luchará porque en Colombia solo haya una central obrera. "No se justifica que haya tres grandes agrupaciones si todos decimos trabajar por los mismos intereses -dice-, lo que queremos construir son sindicatos por rama de industria". Pero si dentro de la CUT hay una gran polarización, la idea de Mora de aglutinar en una sola central a la CGT y a la CTC, no parece muy viable. Entre otras cosas porque Julio Roberto Gómez, secretario general de la CGT, es muy cercano al ala moderada del Polo Democrático, que encabezan 'Lucho' Garzón, Gustavo Petro y Antonio Navarro.
La tarea para la CUT no es fácil. Mora y compañía deben demostrar que van a trabajar por los intereses de los trabajadores y no por los de un partido político. Y tienen el reto de recuperar para el sindicalismo la vocería de las necesidades sociales más sentidas, sobre todo ahora que la economía amenaza con frenar el crecimiento alcanzado en los últimos años.
CENTRALES Y SINDICATOS
En Colombia hay 3.000 sindicatos que suman 831.000 afiliados. El 15 por ciento de los sindicatos son independientes y no están afiliados a ninguna de las tres centrales:
CUT: agrupa 710 sindicatos y tiene 547.000 afiliados, que representan el 66 por ciento de los sindicalizados.
CGT: tiene 116.340 afiliados, el 14 por ciento.
CTC: 41.550 afiliados, el 5 por ciento.
Sindicalizados independientes: 127.000
Según la CUT, hay 17,5 millones de trabajadores: 10,5 informales y cinco con contrato laboral, de los cuales 1,5 millones tienen contrato indefinido.
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