Los wayúu de La Guajira: Entre la tradición y el turismo

Los wayúu quieren continuar controlando el negocio del turismo en el Cabo de la Vela, pero están siendo presionados para que dejen de habitar las playas. Foto: SNE

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Tradicionalmente los wayúu han hecho uso de las playas del Cabo de la Vela para pescar. Desde hace 20 años, notando el creciente interés de algunos turistas por visitar los exóticos parajes, han construido alojamientos y restaurantes para suplir estas demandas, aunque de forma artesanal y desordenada. Pero no han sido los únicos en ver el potencial de estas tierras para convertirse en polo turístico.

El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo también se interesó en el potencial turístico de la zona y creó un programa que se llama Destinos Mágicos, que pretende llevar más turistas a zonas paradisíacas, como la alta Guajira, pero también incluye otras, como Sapzurro, Nuquí y Bahía Solano, en el Chocó, Providencia y Leticia.

En el caso de la alta Guajira, el problema es que las playas no solo están en territorio sagrado, protegidas como resguardo indígena desde 1984, sino que aún no cuentan con infraestructura de agua potable y alcantarillado, ni energía eléctrica, lo que está generando que el uso de plantas eléctricas se esté convirtiendo en un grave problema ambiental.

El creciente interés en la zona está empezando a mostrar sus dientes. Uno de ellos, el más grave por lo pronto, es que una diligencia judicial quiere desalojar a los indígenas, alegando que están invadiendo el espacio público. Pero, según el derecho wayúu, estas tierras les pertenecen ancestralmente y no están dispuestos a ceder su dominio.

Sin embargo, tal como lo afirma Luis Guillermo Plata, ministro de Comercio, Industria y Turismo, "ni la reserva indígena, ni forma de propiedad alguna, se sobrepone al espacio público: las playas siguen siendo de uso público". Para él, contrario a lo que piensa la comunidad, si la playa se despeja, el beneficio para esta será mayor.

El caso de la comunidad wayúu es buen ejemplo de las implicaciones jurídicas que tienen los proyectos turísticos que se desarrollan en escenarios naturales protegidos o que tienen etnias involucradas. "No todos los efectos del turismo son benéficos -asegura Weilder Guerra, investigador del Observatorio del Caribe- y pueden ir desde la caricaturización de las manifestaciones culturales y modificaciones en el paisaje, hasta la mendicidad". Para él, es importante que la comunidad haga parte de los procesos etnoturísticos.

Pero la ausencia de diálogo generó que la idea del desalojo tomara forma, en el caso del Cabo de la Vela. No obstante, gracias a la mediación del abogado indigenista Hernando Muñoz, el cumplimiento de la orden judicial, que estaba planeado para el 12 de abril, fue detenido.  "Antes que un problema policivo y de orden público es un tema social", asegura Muñoz, quien explica que el tema empezó hace ocho años cuando la dirección marítima, Dimar, le planteó a la comunidad que las playas pertenecen a la Nación.

Pero el hecho de que no se hubiera cumplido la orden de desalojo no significa que la misma no llegue a cumplirse en un futuro, pues desde mayo de 2006 la Procuraduría Delegada para Asuntos Civiles de Uribia, municipio considerado la capital indígena de Colombia, ordenó a la administración municipal que las familias wayúu desalojaran la playa del Cabo, porque debía recuperarse el espacio público perdido. Y cuando la administración se disponía a darle cumplimiento a la orden, una acción de tutela interpuesta por la comunidad, que mostraba que había sido vulnerado el derecho a la consulta previa y al debido proceso, la obligó a suspender la decisión.

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