Los wayúu de La Guajira: Entre la tradición y el turismo

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Así las cosas, entre ires y venires, acciones populares y manifestaciones, los wayúu se han negado a aceptar la decisión judicial del desalojo, que volvió a coger vuelo en marzo de este año, pues simplemente no se sienten invasores. El proceso está detenido mientras se resuelve qué va a suceder allí.

No obstante, los últimos acontecimientos han llevado a que la comunidad empiece a reconsiderar su postura inicial, pues no quieren quedar fuera del negocio. "A pesar de las muchas diferencias internas de la comunidad, los cuatro clanes de la zona están de acuerdo en que deben trabajar el turismo pero sin grandes empresas en donde pasen a ser sirvientes y botones, ya que quieren ser pequeños empresarios de sus proyectos turísticos", concluye Muñoz.  

De cualquier manera es evidente que el tema sigue sin resolver y para que ello ocurra es necesario que quienes decidan ejecutar proyectos turísticos en zonas protegidas deben tener en cuenta a las comunidades si no quieren tener tropiezos jurídicos, sociales y culturales en la materialización de los mismos.

1.000 personas se ven afectadas por la medida de desalojo, que representan unas 33 familias extensas. 

UNA COMUNIDAD DIVIDIDA

Los wayúu son la comunidad indígena más grande del país con 500.000 personas. Son férreos defensores de su territorio que consideran sagrado y por eso les resulta tan fundamental la previa consulta a la comunidad sobre cualquier proyecto en la región. Con ellos coexisten dos figuras jurídicas, una de origen occidental y otra de origen wayúu. Esta última maneja los recursos del Sistema General de Participaciones, aspecto que ha generado muchos conflictos al interior de la comunidad. Para la líder Rosa Iguarán, la aparición de las transferencias está transformando el sentido de la autoridad en la comunidad, que si antes era evidente que se debía a los mayores, hoy día han perdido peso frente a quienes controlan los dineros.  Esto, entre otras cosas, ha generado división en la comunidad y cambios en las costumbres. Algo tan tradicional como la institución del palabrero, que es  quien dirime los conflictos de la comunidad, está modificándose porque algunos reclaman carnetización, armas y  salario, algo que ha venido presentándose en la frontera venezolana.

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