Julio 16 de 2008

Metida de pata

Polvareda internacional por el reconocimiento del Gobierno de haber utilizado los símbolos de la Cruz Roja Internacional en la Operación Jaque.

AL FILO DE LA MEDIANOCHE del miércoles 2 de julio se produjo un acontecimiento sin igual en la Casa de Nariño. Millones de televidentes observaron en directo las imágenes en las que aparecían el presidente Álvaro Uribe, la cúpula de las Fuerzas Armadas y 12 de los 15 rehenes liberados ese día en una espectacular operación del Ejército en las selvas del Guaviare.

En el salón de crisis de la sede de Gobierno todo era felicidad. El jefe del Estado desempeñó el papel de maestro de ceremonias y les dio la palabra uno a uno a los recién liberados, entre ellos Íngrid Betancourt. Luego −como se ha vuelto costumbre en sus apariciones públicas−  les hizo preguntas puntuales a varios de los asistentes sobre sus experiencias en la selva a manos de las Farc.

Al general Mario Montoya Uribe, comandante del Ejército, el Presidente le preguntó: "Mi general, para repetirle al mundo ¿en nuestros helicópteros no llevaron insignias?". El oficial, radiante, respondió categóricamente: "Ninguna insignia, señor Presidente, ninguna insignia, ni de Cruz Roja, ni de nada parecido".

No obstante, con el paso de los días el tema planteado de manera casual por el Jefe del Estado empezó a intrigar a algunos medios de comunicación y a expertos en asuntos humanitarios, que sospecharon de las palabras confiadas del general Montoya.

El asunto adquirió visos de escándalo en la tarde del viernes 11 de julio, después de que dos funcionarios del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, al parecer de nacionalidad suiza, visitaron en la cárcel La Picota a Gerardo Aguilar, 'César', el carcelero de los secuestrados, y le preguntaron por una versión según la cual en la Operación Jaque fueron utilizados los emblemas de ese organismo para dar la impresión de que se trataba de una misión humanitaria.

Sin dudar un segundo, el guerrillero dijo que eso era cierto y reveló que algunos de los miembros del cuerpo especial que ejecutó el rescate de los liberados portaban chalecos con fondo blanco y una cruz roja, es decir, la identificación oficial del organismo de socorro. Según 'César', esos distintivos, los dos helicópteros pintados de blanco y rojo y la apariencia extranjera de quienes participaban en la operación, le hicieron sentir confianza y por eso facilitó el ingreso de los rehenes a las aeronaves.

Las respuestas de 'César' les confirmaron a los directivos del CICR que en efecto las autoridades colombianas habían violado varias normas contenidas en el Derecho Internacional Humanitario. Por esa razón, el CICR de manera oficial le pidió una explicación al Gobierno y a las Fuerzas Armadas. "Se trata de un tema complicado porque se habría constituido una perfidia, es decir, el uso de manera engañosa de los emblemas de la Cruz Roja Internacional", dijo a CAMBIO un delegado de la Cruz Roja.

Mientras el alto Gobierno estudiaba una respuesta, el asunto adquirió otra dimensión el lunes 14 de julio cuando 'César' relató en una diligencia de indagatoria en el búnker de la Fiscalía, que "en esa operación llevaban logos de la Cruz Roja Internacional, la emisora Telesur, canal de televisión, y los helicópteros también iban con esos logos de la Cruz Roja Internacional y personal extranjero".

Luego se refirió a los golpes que recibió y le dejaron un ojo morado: "Lo de los golpes obedece a ofrecer resistencia durante el operativo dentro del helicóptero. Nosotros cargábamos pistola pero la llevaba dentro de un bolso, pero cuando entramos al helicóptero nos quitaron los bolsos".

En la misma diligencia reveló detalles de la Operación Jaque. "A nosotros nos entregaron a los prisioneros para hacerlos llegar a otra unidad. Las comunicaciones fueron rotas y fuimos engañados, siempre pensamos que eran los organismos de dirección superior quienes nos ordenaban. Recibimos órdenes vía mensajes escritos, cifrados y de acuerdo con ellos íbamos procediendo. A través de radio HF y códigos fue rota la comunicación por los servicios de inteligencia militar. Por eso acudimos al sitio para entregar a los prisioneros. No fuimos comprados, no hubo dinero de por medio".

La gestión de los delegados del CICR en La Picota y la explicación de 'César' en la Fiscalía permanecieron en reserva, pero el tema explotó de una manera inesperada el miércoles 16 de julio cuando el canal de noticias estadounidense CNN publicó en su portal de internet que un militar colombiano le ofreció en venta un video que probaría el uso de los emblemas del CICR en la Operación Jaque.

La prestigiosa cadena de noticias aclaró en su texto que la transacción no se dio por el elevado costo de la grabación y para ilustrar el artículo divulgó una fotografía en la que se aparece una persona con una insignia del CICR, pero no se ve claramente que sea en el lugar de la liberación de los secuestrados.

Tras la publicación de la noticia en CNN, el Gobierno por medio del vicepresidente Francisco Santos intentó atajar la bola de nieve. Desde el otro lado del mundo dijo que Colombia era respetuosa de los convenios internacionales e invitó a los medios de comunicación a pasar la página de un escándalo inexistente.

Sin embargo, ante la posible reacción del CICR desde Ginebra, Suiza, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, se reunió con la cúpula militar y con un delegado de ese organismo humanitario y le explicaron lo ocurrido. Por esa razón el presidente Uribe salió apresuradamente a reconocer la falta y a explicar lo sucedido. Y lo hizo en la celebración del día de Cundinamarca, donde explicó que en efecto en la Operación Jaque fue usado un emblema del CICR, pero atribuyó el episodio a un error de uno de los oficiales que participó en la operación.

"Este oficial -dijo Uribe-, al confesarle ese error a los altos mandos, ha dicho que cuando el helicóptero se aprestaba a aterrizar vio tal cantidad de guerrilleros que se puso en una situación de mucho nerviosismo, que temió por su vida y que sacó el pedazo de tela con los símbolos del Comité Internacional de la Cruz Roja, que llevaba en su bolsillo, y lo puso sobre su chaleco".

Lío político

El episodio del uso de los emblemas de la Cruz Roja por parte de un oficial es el típico fenómeno que tiene visiones totalmente opuestas adentro y afuera del país. En Colombia, la euforia que desató el rescate de Íngrid Betancourt y de los otros catorce secuestrados tiende a opacar el rechazo a la violación de una norma del DIH. Incluso el ex viceministro de Justicia del gobierno Uribe, Rafael Nieto, en declaraciones a Caracol Noticias se sumó a esa tendencia.

Pero la lectura en el exterior es diferente, y mucho más negativa. Después del debate que suscitaron los operativos para capturar a Rodrigo Granda en Venezuela y para dar de baja a 'Raúl Reyes' en Ecuador, el impasse con el escudo de la Cruz Roja será utilizado por los enemigos del gobierno Uribe para corroborar su falta de compromiso con el Derecho Internacional. La metida de pata será utilizada para macartizar a Colombia como un país que acude a cualquier medio con tal de obtener sus fines. El mejor discípulo del criticado George W. Bush.

La magnitud de las consecuencias políticas dependerá en parte de qué tan convincente sea la explicación del gobierno Uribe. En principio, el argumento reedita la fórmula utilizada sin mucho éxito con Ecuador, después del operativo contra 'Reyes': se basa en el reconocimiento del error y el ofrecimiento de excusas, y en esta ocasión se agrega la aclaración de que la falla fue cometida por un soldado a título personal, en contra de las órdenes recibidas, y sin el beneplácito del Estado. La polémica se convierte en el primer 'chicharrón' que deberá enfrentar el nuevo canciller, Jaime Bermúdez.

El daño mayor, sin embargo, ocurrirá en las relaciones entre Colombia y el CICR. Las dos partes cuentan con mecanismos de cooperación acordados como desarrollo de los protocolos a los Convenios de Ginebra. Con base en ellos, la Cruz Roja ha operado durante más de una década en actos humanitarios, con neutralidad y discreción, gracias a la posibilidad de sostener contactos con todas las partes. El trabajo ha sido mucho más provechoso de lo que se conoce, porque la prudencia es una de las características fundamentales del CICR.

La utilización de símbolos de la Cruz Roja es considerada un irrespeto grave, porque mancha su imagen de neutralidad y, por consiguiente, debilita su confianza. ¿Qué pasará la próxima vez que un vehículo del CICR se aproxime a un terreno de batalla para aliviar al personal civil? ¿Lo acatarán el Ejército o la guerrilla? ¿Dudarán de su carácter fidedigno? Estas son las duras preguntas que se están formulando en la sede central del CICR en Ginebra, Suiza, y en su oficina de Bogotá. Y que, sin duda, afectarán durante mucho tiempo sus relaciones con el Estado colombiano.

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