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EL ENCUENTRO entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez en Coro, Estado Falcón, Venezuela, es el primero en mucho tiempo en el que los dos mandatarios se concentran a tratar los temas de intercambio humanitario y de mediación para la liberación de secuestrados en poder de las Farc. Las prioridades son otras: reactivación de las comisiones de Integración y Asuntos Fronterizos (Copiaf), la Presidencial Negociadora (Coneg) y la de Alto Nivel (Coban), las cuales se encuentran inactivas por cuenta de la crisis diplomática que se originó con la separación del Presidente venezolano como mediador y que alcanzó su punto más crítico con la muerte de 'Raúl Reyes' en territorio ecuatoriano. "Les garantizo que nadie va a hablar de las Farc", le dijo a CAMBIO una alta fuente de la Casa de Nariño, quien sostuvo que en esta oportunidad la "agenda será muy distinta".
Tanto Uribe como Chávez han dicho que la reunión servirá para pasar la página de la crisis diplomática y para enfocarse en asuntos fundamentales para la suerte de las dos naciones: el comercio binacional, los asuntos energéticos, proyectos de infraestructura y temas culturales.
En los tiempos de crisis ambos gobernantes dejaron de lado temas vitales como el intercambio comercial, que el año pasado movió cerca de 5.000 millones de dólares, que en 2008 puede superar los 7.000. El saldo es favorable a las exportaciones colombianas, especialmente las de manufactura y confección, que en lo que va del año ascienden a 2.275 millones de dólares. "Entre Colombia y Venezuela hay muchos asuntos importantes que tratar y la cumbre de Coro servirá para tender puentes entre dos naciones hermanas con estrechos vínculos históricos y culturales", sostiene el embajador de Colombia en Caracas Fernando Marín.
Según el embajador, entre los puntos importantes que deberán ser tratados se encuentra, entre otros, el que tiene que ver con el cupo de importación de vehículos de Venezuela y el de autopartes, que se vieron afectados por las medidas adoptadas por el vecino cuando se desató la crisis diplomática; la cooperación aduanera, el del transporte de mercancías por carreteras, la construcción del proyecto agroindustrial en la región limítrofe entre Vichada y Apure y los acuerdos para la promoción y protección de inversiones y el que busca evitar la doble tributación. "La relación binacional es dinámica y no podemos seguir pedaleando la bicicleta estática de la crisis diplomática", afirma.
Realidades diferentes
Uribe y Chávez llegan a Coro en circunstancias distintas. Mientras el primero sigue recibiendo múltiples elogios por cuenta del rescate de Íngrid Betancourt, los tres contratistas estadounidenses y 11 miembros de la Fuerza Pública, que lo tienen en la cumbre de la popularidad, el segundo busca afanosamente recuperar el espacio político perdido de cara a las elecciones regionales del próximo 23 de noviembre y en las que pretende, por lo menos, conservar las alcaldías y gobernaciones de su movimiento político.
Los más recientes sondeos de opinión le dan a Chávez una imagen favorable cercana al 50 por ciento y una intención de votos del 30 por ciento, cifras muy distintas a las que el mandatario tenía antes de perder el referendo del 2 de diciembre del año pasado en el que fue derrotado en su intención de establecer la reelección indefinida. En necesidad de fortalecerse ante la opinión, Chávez le apuesta a que el encuentro con Uribe, así como el cambio radical de su discurso en las últimas semanas, donde es evidente su deseo de desmarcarse de las Farc e incluso acercarse a los Estados Unidos, les sirvan para recuperar la favorabilidad.
Miembros de la oposición venezolana, entre ellos el ex ministro Teodoro Petkoff, no ahorran munición gruesa a la hora de cuestionar el cambio de actitud de Chávez, así como su distanciamiento de las Farc y su interés en tender puentes con quien hasta hace poco tiempo no dudaba en llamar "cachorro del imperio". A propósito del encuentro Uribe-Chávez, Petkoff en un reciente editorial del periódico Tal Cual sostuvo que "la minicumbre, que había sido acordada antes de la Operación Jaque, viene al pelo después del clamoroso éxito del Gobierno colombiano en el rescate de Íngrid y de los demás secuestrados, y después de la distancia que tomó Chávez de las Farc".
"¿Qué podría esperar Uribe de esa conversa? -se pregunta el editorialista-. Lo mínimo: que Chávez haga obras de sus amores y rompa todo contacto non sancto con la guerrilla".
Por su parte, otros analistas, como Ana María Sanjuán, politóloga de la Universidad Central de Caracas, sostienen que la cumbre de Coro "será la del pragmatismo y la sinceridad, puesto que Uribe y Chávez ya se conocen y saben hasta dónde puede llegar cada uno. Por primera vez no van a actuar sobre presunciones, sino sobre certezas, porque cada uno sabe quién es y cómo es el otro".
Después de la cumbre de Coro, y de la crisis de los últimos meses, es poco probable que las relaciones vuelvan a puntos tan altos como el de agosto pasado, cuando Chávez estuvo en Bogotá y encantó a todo el mundo, ni tan bajos como al que cayeron a comienzos del presente año, cuando llegó a contemplarse un enfrentamiento bélico. Se abriría paso un esquema intermedio: menos tensión y sin incidentes, pero una agenda limitada de trabajo conjunto. La fórmula que no estará basada en la supuesta química entre los dos mandatarios -de la que tanto se habló el año pasado- sino en la mutua convicción de que conviene contar con mecanismos de entendimiento y cooperación: ambos aprendieron de los meses de tensión. La nueva era se basa en un acuerdo tácito: Colombia no volverá a hablar del computador de 'Reyes' y Chávez entiende que se quedó sin un papel protagónico en la búsqueda de un acuerdo humanitario. Sobre esa base se despejará la posibilidad de enfrentar nuevos asuntos y de entrar en una etapa menos conflictiva.