EL INGENIERO mexicano Héctor Valle llegó al aeropuerto El Dorado de Bogotá en la tarde del 29 de junio de 2000 y de inmediato se trasladó a la sede del laboratorio farmacéutico suizo Novartis, donde lo esperaba el gerente Andrei Brassai.
La regional mexicana de Novartis había enviado a Valle a elaborar un proyecto para la ampliación de la compañía en la región Andina y se proponía permanecer en la capital durante una semana.
Diligente, Brassai invitó a su colega a cenar esa noche en un restaurante del parque de la 93, hacia donde se dirigieron por la avenida Circunvalar en un vehículo blindado. Cuando los hombres transitaban por la calle 46 se encontraron con un retén de la Policía que los obligó a detener la marcha.
Un uniformado se acercó, le pidió al conductor, Brassai, que bajara el vidrio y le dijo que debía hacer una inspección a fondo del vehículo porque aparecía reportado como robado. Sin sospechar nada, los dos extranjeros descendieron y en ese momento fueron introducidos a una camioneta por varios de los falsos policías.
Brassai y Valle desaparecieron. Hasta que, a finales de ese mes, Novartis recibió una llamada en la que un hombre se identificó como miembro de las Farc y exigió cerca de 20 millones de dólares por la libertad de los ciudadanos belga y mexicano que estaban en su poder.
Con el paso de las semanas los contactos se hicieron más intensos, hasta que los directivos del laboratorio multinacional, cuya casa matriz está en Basilea, Suiza, confirmaron que sus dos ejecutivos estaban en poder de las Farc en algún lugar de la zona de distensión del Caguán, donde por aquellos días se adelantaban los diálogos de paz entre ese grupo rebelde y el gobierno de Andrés Pastrana.
Entonces, Novartis envió desde Miami a Colombia al director de seguridad de la empresa para América Latina, quien entró en contacto con el suizo Jean-Pierre Gontard, quien desde 1999 visitaba con frecuencia la zona desmilitarizada en su calidad de consejero externo del gobierno de ese país europeo. Gontard era invitado especial de las Farc y por su carácter afable se ganó muy rápido la confianza de algunos de sus comandantes, entre ellos 'Manuel Marulanda', 'Raúl Reyes', 'Simón Trinidad' y 'Alfonso Cano'.
Las gestiones del negociador de Novartis y de Gontard produjeron la liberación de Brassai y de Valle, un año después de su secuestro. Regresaron de su cautiverio el 1º de julio de 2001 y por su rescate Novartis pagó ocho millones de dólares.
Esta historia, conocida por CAMBIO en fuentes diplomáticas y confirmada con los organismos de seguridad, coincide en su totalidad con un comunicado expedido el pasado domingo 6 de julio por el embajador de Suiza en Colombia, Thomas Kupfer, a propósito de una entrevista que ese día publicó El Tiempo en la que el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, reveló que Gontard debía explicar por qué aparecía mencionado en los computadores de 'Raúl Reyes'.
La sede diplomática dijo que Gontard no era funcionario de ese país, aclaró que ejercía funciones como asesor externo y con respecto al secuestro de los ejecutivos de Novartis explicó que "la empresa contactó al gobierno suizo para facilitar la liberación. El señor Gontard, quien ya trabajaba como consejero externo, realizó diferentes gestiones ante las Farc en la zona desmilitarizada". El comunicado agregó que Gontard logró convencer a las Farc para que liberaran a Brassai y a Valle, y no descartó que la multinacional y los secuestradores hubieran acordado el pago de un rescate.
Tras la revelación de los correos por el Ministro de Defensa, Gontard y el francés Noél Sáez quedaron envueltos en una polémica por su papel en la zona de despeje en tiempos de Pastrana, y más recientemente como facilitadores de Francia y Suiza en el eventual intercambio de secuestrados.
En efecto, en los computadores de 'Reyes' aparecieron por lo menos 37 mensajes cruzados entre Gontard, 'Raúl Reyes', Rodrigo Granda y 'Simón Trinidad', entre septiembre y diciembre de 2001, relacionados con el traslado a Costa Rica de 500.000 dólares, al parecer de los entregados por Novartis.
En uno de los correos, fechado el 4 de septiembre de 2001, 'Reyes' le dice a Gontard que 'el Mono Jojoy' le manda "la propuesta de entregar en Panamá el encargo". Tres días después, el suizo respondió que "he recibido sus mensajes... nos parece muy buena su propuesta, avísenos para concretarla, ojalá para la última semana de septiembre".
A partir de ese día, el suizo y los guerrilleros se cruzaron numerosos mensajes, hasta que el 21 de diciembre Granda le reportó a 'Reyes' que "lo de Gontard se recibió sin mayores contratiempos. Se contó y estaba completo. En total son 500".
El Gobierno, que conocía los correos desde finales de marzo pasado, guardó silencio mientras Francia, Suiza y España avanzaban en la posibilidad de lograr la liberación de los secuestrados en poder de las Farc, principalmente Íngrid Betancourt, tres militares estadounidenses y 39 miembros del Ejército y la Policía.
Pero las cosas cambiaron radicalmente la semana pasada, con la operación de rescate que culminó con la liberación de Betancourt, Keith Stancell, Marc Gonçalves y Thomas Howes y otros 11 miembros de la Fuerza Pública colombianos.
El regreso, sanos y salvos, de los prisioneros más preciados de las Farc explica que el Ministro de Defensa se haya referido al tema de Gontard 96 horas después de la operación militar.
Ese descontento fue planteado por el presidente Uribe en la mañana del 28 de junio en una reunión que sostuvo con Sáez y Gontard, a quienes les dijo en forma serena pero resuelta que el Gobierno había perdido la confianza en ellos porque en los computadores decomisados a 'Raúl Reyes' habían aparecido numerosos correos electrónicos en los que quedaba en entredicho su tarea como mediadores. "Nuestra confianza en ustedes está resquebrajada", resumió el Presidente, al tiempo que les aclaró que Colombia aceptaría que continuaran como facilitadores hasta tanto los secuestrados fueran liberados.
Esa liberación se produjo 72 horas después de la reunión de Uribe con los delegados extranjeros. Desde ese día, Sáez y Gontard desaparecieron de la escena.