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En Cocorná, las mujeres se unieron en asociaciones de víctimas, como Avvic y Provísame, para hacer memoria de cerca de 5.000 víctimas mediante jornadas de la luz, marchas de solidaridad y piedras de la memoria. "Es una iniciativa de las propias víctimas que está logrando espacios públicos -asegura Osman Castaño, personero del pueblo-. Ahora solo falta la aplicación efectiva de la ley de Justicia y Paz para que haya verdad, justicia y reparación".
Iniciativas como las de los municipios del oriente antioqueño han empezado a replicarse en poblaciones de la Costa Atlántica, en Norte de Santander en la región del Catatumbo y en pueblos del sur de Bolívar, como San Pablo, donde un árbol de la plaza está lleno de cuadritos de madera con los nombres de los muertos y desaparecidos.
Las víctimas que han sobrevivido y los familiares de las víctimas saben que no pueden desentenderse de los horrores cometidos, que la vida no puede seguir como si nada hubiera ocurrido, que recordar es una forma de hacer justicia porque la memoria rescata la mirada de las víctimas y hace recordar el lado oscuro de la realidad, sin el cual no puede haber verdad.
REPARACIÓN SIMBÓLICA
El artículo 8° de la Ley de Justicia y Paz prevé la construcción de monumentos como una forma de reparación simbólica para la preservación de la memoria histórica, la no repetición y la aceptación pública de los hechos, el perdón público y el restablecimiento de la dignidad de las víctimas.
Las medidas de reparación simbólica no son accesorias, hacen parte de la reparación integral y deben cumplir una finalidad de reconciliación. En este sentido la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación creó la Comisión de la Memoria Histórica, que realizará la primera jornada con ese propósito en septiembre.