Junio 25 de 2008

General (r) Rosso José Serrano encabeza la lista de elegibles para el Viceministerio de Justicia

La cercanía con las cortes y el conocimiento de la política anti-drogas pondrían en el cargo al ex director de la Policía y actual Embajador en Austria.

UN NOMBRAMIENTO MUY particular se cocina por estos días en el alto Gobierno: el del general (r) Rosso José Serrano, ex director de la Policía y actual embajador en Austria, como viceministro de Justicia. Desde cuando empezó a darse por descontado que el tiempo de Carlos Holguín estaba llegando a su fin y que Fabio Valencia Cossio sería su sucesor, este empezó a pensar en nombres para el Viceministerio de Justicia y muy pronto llegó a la conclusión de que si las cosas se daban como se rumoraba en la Casa de Nariño, el general Serrano sería el hombre ideal para el cargo. 

Valencia y Serrano se conocen desde hace más de 20 años y están unidos por una larga amistad que se fortaleció aún más en Europa, cuando encabezaban las misiones diplomáticas en Italia (Valencia)  y Austria (Serrano). Se mantenían en contacto permanente y aprovechaban cualquier oportunidad para encontrarse en eventos oficiales o con sus familias.

El regreso de Valencia para ponerse al frente de la Consejería para la Competitividad de la Presidencia, no interrumpió los contactos. Más aún, dada su amistad y la cercanía del general Serrano con algunos magistrados de las Cortes, Valencia le pidió en abril que propiciara una reunión con el actual presidente de la Corte Suprema, Francisco Ricaurte. La intención era limar asperezas y estudiar la posibilidad de poner fin al enfrentamiento que desde octubre de 2007 tienen el Gobierno y la Corte, y que se dio a raíz del llamado a indagatoria que le hizo el alto tribunal a Mario Uribe, primo del Presidente. El entonces presidente de la Corte Suprema, César Julio Valencia, dijo en una entrevista en El Espectador, que el Primer Mandatario lo había llamado para preguntarle por la situación del senador Uribe. El Presidente negó la versión y denunció a Valencia por injuria y calumnia ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes.

Serrano, que conoce de tiempo atrás al magistrado Ricaurte, aprovechó un viaje que este hizo a Viena entre el 14 y el 18 de abril para convencerlo sobre la necesidad de explorar el camino de la reconciliación. Poco después, de regreso en Bogotá, Ricaurte se reunió con el consejero presidencial pero sin resultados, porque la propuesta del Gobierno era que  el magistrado Valencia se retractara de lo que había dicho sobre la llamada del presidente Uribe.

No obstante, el Gobierno agradeció la gestión de Serrano, cercano a  magistrados de la Corte Suprema con los cuales la Casa de Nariño tiene diferencias de fondo por el proceso de la parapolítica.

Puntos a favor

Es precisamente la cercanía de Serrano con magistrados de las Cortes, uno de los factores que juegan a favor de su nombramiento en el Viceministerio de Justicia. Y si la Justicia es una de las prioridades de Valencia Cossio, como lo hizo saber en la primera declaración que dio desde la Casa de Nariño el pasado viernes, Serrano serviría muy bien a la causa. No en vano, el nuevo Ministro dijo que quería entablar o continuar una relación armónica con los demás poderes del Estado "pero muy especialmente con la rama de la Justicia".

Aunque parezca insólito y muchos se pregunten qué puede hacer un general de la Policía retirado en el Viceministerio de Justicia,  la verdad es que pocos saben que es abogado de la Universidad La Gran Colombia, que conoce como pocos el funcionamiento de las entidades adscritas a la cartera de Justicia que han estado involucradas en escándalos de corrupción y que, además, es un conciliador nato. Por otra parte, la actual coyuntura del país y las necesidades del cargo favorecerían su nombramiento en el Ministerio, donde desempeñaría funciones técnicas, no políticas. 

Del Viceministerio dependen la Dirección Nacional de Estupefacientes, entidad que vive una crisis de credibilidad porque su director y varios  altos funcionarios tienen investigaciones en la Procuraduría, algunas por enriquecimiento ilícito; y el Inpec, cuyo director, el general (r) Eduardo Morales, quedó en entredicho a raíz de la extradición de los jefes paramilitares, pues dejó al descubierto la laxitud de los controles en las cárceles y los múltiples beneficios que recibían y que les permitían manejar sus negocios ilícitos desde la prisión. Situación que, según denuncias, se repite en los sitios de reclusión de congresistas detenidos por la parapolítica, que siguen controlando desde allí sus feudos electorales.

El Viceministerio, además, tiene en sus manos la aprobación de las extradiciones y las políticas contra el tráfico de drogas, materia en la que al general Serrano le sobra conocimiento.

Otro punto a favor de Serrano que el ministro Valencia ha tenido en cuenta es su excelente relación con las autoridades de los Estados Unidos, y sus conexiones con congresistas de los dos partidos que conocen de cerca su trayectoria.

No obstante, el General no las tiene todas consigo, pues en el círculo más cercano al presidente Uribe tiene algunas resistencias. En la Casa de Nariño hay personas que tuvieron una estrecha amistad con Pedro Juan Moreno -murió en un accidente aéreo en febrero de 2006-, quien decía que había sido víctima de la persecución de Serrano. Además, el círculo más cercano al Presidente cree que al Viceministerio debe llegar un ex magistrado que se ocupe de la tarea de limar definitivamente las asperezas con las cortes. Y que les haga saber que, contrario a lo que han pedido desde hace un par de años, el Gobierno no revivirá el Ministerio de Justicia.

Así, el nombre de Serrano está sobre el tapete y Valencia Cossio no oculta en privado su interés de convertirlo en su coequipero en el Ministerio. 

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