Nubarrones en el cielo

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La causa fue una entrevista que Correa le dio al periódico argentino Página 12, en la que reiteraba su indignación por la incursión del Ejército colombiano en su país. Araújo respondió que postergaría la reapertura de relaciones, y su colega Salvador fue más lejos al afirmar que no se normalizarían los vínculos y que su país, incluso, podría llegar a aplicar restricciones al comercio proveniente de Colombia. La situación, en síntesis, retrocedió al punto cero de la crisis: la ruptura. Pronóstico: reservado.

Tanto Correa como los voceros colombianos incumplieron el primer principio que propusieron la OEA y el Centro Carter: no hacer declaraciones ofensivas y altisonantes, y encauzar las molestias y reclamos por los canales formales. Pero la 'diplomacia del micrófono' volvió  y arrasó con los pocos avances, lo que demuestra que los daños estructurales son de vieja data y que las heridas abiertas están lejos de cicatrizar. 

Las nuevas tensiones con Nicaragua y Ecuador les ponen fin a los buenos vientos que soplaron a raíz de giros recientes de Chávez y Correa frente a las Farc, cuando condenaron la lucha armada y pidieron liberar a los secuestrados.

Uribe y Chávez, sin embargo, se reunirán entre el 10 y el 20 de julio y pondrán a marchar las comisiones encargadas de los temas más sensibles, desactivadas desde hace meses por las disputas entre Bogotá y Caracas. El pronóstico es de prudente esperanza.

El panorama diplomático de Colombia sigue nublado. Los presidentes de Ecuador y Nicaragua, ambos con graves problemas internos y con visiones políticas totalmente opuestas a las de Uribe, no han mostrado intenciones reales de superar la crisis. No hay muchos motivos para el optimismo.

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